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sábado, 18 de diciembre de 2010

Eat My Ass


Hace unos cuántos años, explorando las infinitas posibilidades sexuales que ofrece Internet, entré a una sala de chat para Amos y Esclavos. Era un chat norteamericano y, por lo tanto, estaba lleno de yanquis, uno más gordo que el otro. Si algún zurdo o algún amante de los vegetales quisiera hacer una buena propaganda contra McDonald’s, le recomendaría mostrar un par de fotos de aquellos tipos. Eran el efecto de la comida chatarra expresado en carne y grasa viva.


Pero bueno, como me interesaba descubrir de qué se trataba aquello de la disciplina y los esclavos sexuales, me puse a chatear.


Por supuesto, me hice un perfil falso, diciendo que vivía en Detroit o algo así y hasta puse la foto de algún modelo, para recibir más privados. También con la idea de que me hablaran muchos, decidí poner que mi rol era el de “amo” porque sospechaba que éso atraería más que declararme “esclavo”. Y no me equivoqué, casi toda la sala me mandó un privado con las típicas frases de “what’s up” o “hot”. Para iniciar una conversación, las locas de allá son igual de originales que las de acá.


La cuestión es que la mayoría de los esclavos que me hablaban querían saber todo lo que yo les haría para saber si elegirme o no como amo. Aquello me pareció bastante ridículo ya que, siguiendo cualquier criterio medianamente lógico, es el amo el que debería elegir al esclavo ¡Cómo se reirían los mercaderes de esclavos del imperio romano si supieran que ahora hay un mercado de amos! Aunque quién sabe, quizás los esclavos de aquella época también elegían a su modo. Hoy en día la moda en Historia es desmitificarlo todo y seguramente hay o habrá algún estudio del poderoso y decisivo habitus de los esclavos en la antigüedad (aunque dudo que un galo capturado por Julio César tuviera muchas opciones).


De todas formas, las cosas eran así en este chat. Los esclavos eran los que exigían a los amos demostrar su capacidad de amos. Es decir que, a fin de cuentas, estaba en una sala llena de pasivas calentonas buscando un activo masculino, como son todas las salas de chat gay, sólo que pintadas con el colorcito pseudo-sadomasoquista de amo/esclavo.


Y por fin, entre todas las gordas y viejas, me habló un pibe medianamente lindo. Quizás era otro con perfil falso como yo, pero no importaba. Ya que estamos mintiendo, mintamos con alguien que mienta lindo. Después de contarme varias cosas que le gustaban (de las cuales, una de las más light sería oler medias sucias) me preguntó qué le haría. Y ahí dejé volar mi imaginación, convirtiéndome en un proyecto de nazi durante unos minutos. Sí, lo iba a encerrar en una jaula diminuta, lo iba a tener sin comida durante días, le iba a pegar con un látigo en la cola, etc.


El tipo estaba entusiasmado con lo que le decía y me preguntó si tendría sexo con él y qué haría exactamente.


Yo, en mi papel, comencé a decirle todas las cosas que, típicamente hace un activo. Y guiado también por la lógica (mi lógica) supuse que un activo “amo” tenía que ser el colmo de la masculinidad y lo viril. Por eso, una de las cosas que le haría sería chuparle la cola. Ahí, de golpe, me paró la charla y me dijo “rimming?”, Y yo, iluso, le contesté, “yes, of course”. “I’m sorry”- me contestó – “but I think that rimming is not a master’s practice”. Y acto seguido, me cerró la ventana.


Por supuesto, durante unos segundos, me enojé y lo puteé mentalmente. “Pero ¿quién se cree esta loca para cerrarme a una ventana de chat???” pensé, embroncado. Y después me consolé pensando “Qué cerrado de la cabeza, pobre tipo. Así no va a disfrutar nunca de nada”. Luego le deseé una muerte lenta por leucemia y, ya más contento y tranquilo, seguí con mi vida.


Pero más allá de mi bronca espontánea, así fué como supe algo que después comprobé más fehacientemente: chupar la cola no tiene el mismo significado en la tradición nórdica que en la tradición latina. Si bien estoy seguro que tanto en Islandia como en Italia hay locas que chupan o se dejan chupar la cola sin ningún problema, la idea de sumisión que existe en la práctica del sexo oral se extiende, a veces, al rimming.


Es decir, cuando se trata de chupar una pija, está bastante claro en casi todas las culturas (por no decir todas) quién es el sumiso y quién es el sometedor. Un hombre que le chupa la pija a otro hombre, se está sometiendo. Habrá quizás algún fetichista que le guste atar a otro para chupársela, pero lo que sería la práctica “normal” del sexo oral, dentro de una sociedad patriarcal, implicaría un dominador y un dominado. En la misma Roma estaba penalizado practicar sexo oral a un esclavo o a un ciudadano de menor jerarquía aunque no había ningún problema si un esclavo realizaba sexo oral a un amo. Y esta legislación depende de una lógica mental que aún hoy está presente en la cultura occidental (y quizás también en la oriental): el hombre (o mujer) que la chupa, se inferioriza, se somete, es decir, se esclaviza.


Por éso es que acá en Argentina decimos “chupámela” o “chupáme un huevo”. Esos términos no sólo implican desprecio hacia el otro que, supuestamente, nos la va a chupar, sino que exaltan la propia masculinidad o virilidad que, en este caso (como en muchos otros) significa superioridad. Significa ser amo.


Pero, curiosamente, acá nadie dice “chupáme el culo”. En cambio, en Estados Unidos existe el “eat my ass” que tiene prácticamente la misma significación del “chupáme la pija” argentino. Es decir, allá chupar el culo es inferiorizarse, es someterse. Es una práctica propia de un esclavo y no de un amo. En cambio, acá en Argentina, la mayoría de los pasivos prefieren cien veces a un activo que chupe la cola a uno que no. Y creo que no es sólo porque éso supone una mejor lubricación sino porque no existe acá esa idea de que chupar el culo sea una práctica propia de un ser inferior. Más bien, al contrario, uno tiene la idea de que si a un tipo le gusta chupar la cola, es porque es activo. Y ser activo supone, también, ser superior, porque supone ser hombre o cumplir con el rol de hombre.


Por supuesto que en la práctica las cosas son diferentes y seguro hay gente que hace de todo. Pero si hablamos de las ideas que operan o dan sentido a las prácticas sexuales, es interesante ver cómo dependen más de la cultura que de lo físico. Y éso que son prácticas estrictamente físicas.


Recuerdo una vez que un chico me dijo “me gusta que me chupen la cola pero, si me lo hacen, después no me gusta que me besen”. Y claro, éso es un poco más lógico y más comprensible desde el punto de vista físico. De hecho, la posición inversa también sería perfectamente lógica: si a alguien le gustara sentir el mal aliento del otro en la boca, entonces con todo gusto esperaría un beso en la boca después del “beso negro”. Y ahí no hay ninguna idea social de superior o inferior, sólo hay un imperativo físico-gustativo.


Pero más allá de las conclusiones lógicas (que no hacen más que repetir las típicas premisas de “el mundo es diverso”, “cada persona es un mundo”, “en gustos se rompen géneros”, etc) yo me pregunto de dónde vienen estas ideas sobre qué es una práctica sexual propia de un amo y qué es una propia de un esclavo. ¿A quién se le ocurrió por primera vez que chupar una pija es degradante y chupar una cola no (o sí)? Es decir, ¿de dónde sale la idea de que chupar una pija o una cola te convierte en un ser inferior?


La respuesta más tentadora es el machismo, pero aunque seguro tiene mucho que ver, no lo explica todo.

Ignoro cómo cogían los sumerios y los egipcios, pero parece que los griegos no tenían tantos reparos ni preconceptos sobre el sexo oral ni sobre ninguna otra práctica sexual. Aunque hubieran, en cierta forma, dominadores y dominados dentro de la famosa relación de los erastes y erómenos, el poder tenía más que ver con la edad y el rango social que con lo que pasara en la intimidad de la pareja. Es decir, no importaba mucho quién se la chupaba a quién ni quién se lo cogía a quién. Al menos, no ha quedado ningún dato que probara que eso importara, lo cual es diferente en Roma, donde sí habían leyes punitivas contra los que la chupaban y practicar sexo oral era claramente una práctica degradante.


Y tanto los griegos como los romanos eran tan o más machistas que nosotros, así que o esperamos que aparezca alguna fuente griega reveladora de que el griego que la chupaba era inferior o buscamos otra respuesta que supere al machismo.


El marxismo invitaría a pensar al sexo como una relación de poder. Es decir, del sexo oral ¿quién se beneficia? Pero esta pregunta no tiene respuesta. Teóricamente, el mayor beneficiado es el que recibe el sexo oral porque es el que siente placer. Pero el que realiza el sexo oral también puede experimentar placer.

Uno pensaría que el que recibe sexo oral experimenta placer psicológico al sentir que está sometiendo a otro y placer físico al ser estimuladas sus partes erógenas. Pero el que realiza sexo oral también puede experimentar placer psicológico sintiéndose sometido y puede llegar al orgasmo hasta quizás sin necesidad de tocarse. Es decir, que ambos obtienen un beneficio: a uno le gusta que se la chupen y al otro chuparla. El marxismo queda, entonces, descartado.


Encima, si vamos a la vida real, lo que impera no es la relación de poder sino la versatilidad. Por mucho que le podría pesar a Marx -si se hubiera dedicado a estudiar a la homosexualidad- es raro encontrar a un gay puramente activo o puramente pasivo. Sí, es muy fácil encontrarlos de la boca para afuera (sobre todo en un chat). Pero en la cama, la mayoría hace de todo. De hecho (y espero que Karlitos no se esté revolcando en su tumba) la mayoría de los gays prefieren la versatilidad. Pueden tener mayor inclinación hacia un rol que hacia el otro, pero la mayoría son pura barbarie comunista que adora el 69.


Es decir, en lo que respecta a las relaciones sexuales, parece que estamos en el primer estadio marxista: uno coge lo que puede, no lo que quiere. Si te toca un pasivo, serás activo. Si te toca un activo, serás pasivo. Si te toca un amplio, serás amplio. Y así.


Hasta que se inventó la agricultura, el hombre no tenía tanta necesidad de esclavos y comía lo que podía cazar y recoger en su ambiente natural (y no estoy intentando ningún mensaje subliminal con estas palabras). Hasta que se invente algo parecido a la revolución agrícola-ganadera en el plano sexual ¿los homosexuales seguiremos levantando y cogiendo lo que se pueda en el ambiente (léase chats, boliches, saunas, parques, etc.) sin preocuparnos mucho por quién se inferioriza y quién no?


Por supuesto que éste no es un tema preocupante ni urgente. Aunque el Papa y los testigos de Jehová no estén de acuerdo, nadie se va a morir por chuparla o no chuparla. Pero quizás sí es un tema importante a nivel personal, es decir, quizás es importante saber porqué, de golpe, te gusta chupar una pija o tenés ese deseo. O chupar una cola. O que te la chupen. ¿Te da placer? ¿Te sentís inferior? ¿Te sentís superior? ¿Tenés ganas de sentirte superior o inferior? ¿Te da lo mismo? ¿Te gusta el sabor? ¿No te gusta? ¿Lo hacés porque todos lo hacen? ¿Lo hacés para retener al otro? ¿Creés que te vas a ir al infierno por hacerlo? etc.


Yo creo que uno casi nunca se hace esas preguntas. Más bien, uno va inconscientemente realizando todo tipo de prácticas sexuales (hasta donde se atreve) sin pensar mucho en su significado real o en si realmente obedecen a un deseo propio. Pero, sobre todo, lo que casi nunca nos preguntamos es de dónde viene ese deseo (quizás porque la respuesta está más en el inconsciente, pero de psicología sé poco, aunque la ansiedad oral también debe tener que ver con el tema).


Y, repito, no es un problema tan urgente como el hambre o la enfermedad o la última cirugía de Madonna (¡Por Dior, qué mal quedó! Espero que sea sólo hinchazón). Pero si uno conoce esas respuestas, si uno es consciente de lo que le gusta y porqué le gusta, es probable que el sexo se disfrute mucho más que cuando es una mera práctica inerte, repetitiva y calcada de alguna porno.


A fin de cuentas, el “esclavo” que me cerró la ventana cuando supo que yo le iba a chupar la cola, tenía razón. Quizás se esté limitando pero, al menos, es consciente de ello. El quiere un amo de verdad, y un amo de verdad no chupa la cola, al menos en los países nórdicos. Está bueno saber lo que te gusta y ser coherente con ello.


Ojalá que no le de leucemia.

domingo, 22 de marzo de 2009

¿Porqué no le gusté?


Para Agus

Facundo llegó a la esquina acordada bastante esperanzado. Había chateado durante casi una semana con aquel chico que decía llamarse Julián, quien había pasado todas las pruebas cibernéticas que Facu gustaba de imponer a sus candidatos.


En primer lugar, Julián se había mostrado por webcam sin ni siquiera ver una foto de Facu. También había sabido reír cuando hacía falta distensión y hablar en serio cuando era necesario. No había dejado de concordar con Facu en que el ambiente gay era una mierda, que las locas afeminadas eran un asco y que la mejor gente era la que se mantenía alejada de todo eso. Había, además, aguantado chatear más de dos horas sin concretar cita y durante al menos 5 días.


Por todo esto, y porque la cámara había mostrado a un lindo rubio de ojos celestes, Facu decidió, por fin, enviar por msn la irreversible frase: “

“¿Y cuándo nos vamos a juntar, Juli?”.


Y habían acordado ese mismo miércoles a esa misma hora en aquella esquina. Facu había pasado más de una hora preparándose en su casa para la cita. Mientras se secaba frente al espejo tras una larga ducha, Facu pensaba maravillado en lo arriesgado y casi inconsciente que era aquel chico al juntarse con él sin haberlo visto nunca.

“Bueno”-se dijo contemplando en el espejo sus abdminales perfectamente marcadas-“se va a llevar una linda sorpresa”.


Como queriendo compensar su “cobardía” de no mostrarse nunca por webcam, Facu llegó a la cita luciendo una camiseta de Los Pumas con un enorme 7 en la espalda, una bermuda carísima que cubría sus rodillas y unas zapatillas deportivas que eran el “no va más” en indumentaria masculina. Para darle un toque metrosexual al cuadro se había colgado un sweater en sus hombros y bañado en Carolina Herrera.

Así esperaba Facu a su rubio en la puerta de un Farma City, atrayendo varias miradas sobre él en el cuarto de hora que esperó y sintiéndose un matador.


Finalmente apareció Julián, vistiendo un poco menos llamativamente y con el cabello algo despeinado. Sin embargo, el flechazo fue instantáneo. Fueron a tomar la cerveza acordada previamente en el carísimo y también acordado bar y allí se comentaron algunos detalles de sus vidas. Facu irradió masculinidad y “cancherismo” durante toda la charla contando su pasado de rugbier y su actual ocupación en un gimnasio; Julián se limitó a ser educadamente divertido y serio a la vez contando sus incursiones en el mundo del modelaje y los idiomas. Así, sólo consiguieron cautivarse más.


Mientras hablaban en la mesa, amparados por las luces bajas y la aturdidora música, Facu contemplaba casi sin pudor a Julián. Veía sus codiciables rasgos nórdicos, oía su voz de pendejo, cálida y masculina y se dejaba llevar por la imaginación. Se veía ya montado en su Audi con Julián a su lado, yendo a pasar los fines de semana a Carlos Paz o algún otro lugar de las sierras; imaginaba complacido la cara de envidia que pondrían sus dos únicos amigos gays al verlo de novio con aquel gringo hermoso; calculaba lo sexys que se verían ambos de traje en el inminente casamiento de su mejor amiga y hasta fantaseaba viendo una sonrisa bondadosa en el rostro de su madre a quien sería más fácil decirle “soy gay” de la mano de un chico tan lindo y correcto.


Tras pagar a medias la cuenta, fueron a buscar el auto de Facu, que estaba estacionado en una calle muy poco concurrida. Apenas subieron, Julián le dijo algo así como “Hey…”, lo tomó por la barbilla muy suavemente y acercó sus labios a los de Facu. El beso fue rapido y muy húmedo. Y más que un beso fue una forma de decir “lleváme a tu casa y hacéme el amor”.


Facu invitó un café en su depto y su propuesta fue aceptada sin más. Apenas dentro del lugar y cerrada la puerta vino la secuela del beso en el auto y la cafetera no llegó ni a ser enchufada. En pocos minutos estaban tirados en el sofá con la mitad de las prendas tiradas alrededor.


Julián se dio el gusto de quitar aquella sexy camiseta y descubrir el torso perfecto de Facu primero con los ojos y luego con las manos y la boca. Así llegó finalmente hasta su presa más deseada y, tras jugar un rato mordisqueando el slip, ejecutó su faena preferida provocando excitantes suspiros y jadeos.


Después de disfrutar un buen rato, Facu detuvo a su compañero y comenzó a imitarlo. El cuerpo de Julián era también muy hermoso aunque algo más aniñado, pero Facu descubrió que aquello le encantaba. Pronto estuvo de rodillas quitando el cinto de Julián a pesar de que éste le apretaba las muñecas como impidiéndolo. Facu se lo tomó como un juego y bajó con furia el boxer que tenía ante sus ojos provocando que el pene erecto de Julián golpeara contra su cara. Casi embobado, Facu se lo tragó y comenzó a succionarlo abrazando la cintura de Julián. Al cabo de unos minutos, la erección se había perdido y Julián tironeaba por soltarse. Facu se detuvo y vió como Julián se tiraba en el sofá boca abajo arqueando su columna lumbar y ofreciéndose como gata en celo.


Facu buscó crema y preservativos y lo que siguió fue una sencilla copulación sin cambio de posiciones. En un momento, Julián quiso incorporarse y colocarse “en cuatro” pero el movimiento quedó a la mitad: Facu había deslizado su mano y había comenzado a jugar con el pene nuevamente erecto de Julián, pero éste se echó rápidamente sobre la cama aplastando el brazo de su compañero, que tuvo que retirarlo.


Finalmente acabó todo y Facu, embelesado, ofreció más de la infaltable ducha o el necesario vaso de agua, invitando a Julián a quedarse a dormir. Julián agradeció pero prefirió volverse a su casa porque tenía que madrugar. Facu se ofreció a acercarlo pero Julián dijo que vivía cerca y no hacía falta.


Al día siguiente, Facu se levantó temprano, cantó en la ducha y desayunó riéndose con un viejo capítulo de Friends que estaban pasando en algún canal. Fue a su trabajo y sin poder contenerse envió un mensaje a su recién conocido amigo. No hubo respuesta. Pero durante el almuerzo interrumpió el relato de Nancy sobre los arreglos de su boda y le contó que había conocido al chico más lindo del mundo. Nancy, que necesitaba distraerse de sus idas y venidas con los del salón y las luces, brindó por su amigo con vasos de plástico y le dijo risueña que le tiraría el ramo en la fiesta. Facu río la broma pero se sintió realmente feliz con la perspectiva.


Horas después, desde su casa, Facu intentó llamar a Julián pero sólo conseguía comunicarse con el contestador automático. Entonces pensó que Julián estaría ocupado y le envió un mail para decirle que lo había llamado y que cuando pudiera se comunicara con él que tenía muchas ganas de volver a verlo. No hubo más respuesta ese día.


Al día siguiente hubieron nuevas llamadas y mensajes por parte de Facu, pero un silencio total del lado de Julián.


Pasados unos días, Facu comenzó a pensar que Julián no quería verlo de nuevo, pero no podía creerlo. Para convencerse, creó una nueva cuenta de msn y agregó a Julián que apareció conectado allí mientras que en el msn oficial de Facu integraba la lista de no conectados.


Fue un golpe fuerte para Facu, quien se sentía un premio mayor en un mundo de locas afeminadas y desagradables. Lo primero que pensó fue: “¿Porqué no le gusté?”. Pero incapaz de responder aquello pensó diferentes posibilidades que no contestaban esa terrible pregunta sino que simplemente endulzaban la píldora: “Capaz que está cansado y no quiera hablar con nadie” “Capaz que está enfermo” “Capaz que sólo buscaba una noche de sexo” “Capaz que conoció a otro” “Capaz que volvió con su ex” “Capaz que está secuestrado o muerto y se dejó el msn conectado”.


Pero, por supuesto, nada de eso aplacaría el ego de Facu, ni aunque fueran hechos reales.


De repente, pensó amargamente: “Capaz que es por la nariz” y recordó aquel horrible jueves en la secundaria cuando la profesora de francés, por ahorrarse el esfuerzo de dar clase, les hizo ver Cyrano de Bergerac y todos sus compañeros, que ya se reían y burlaban bastante de la nariz de Facu, lo bautizaron Cyrano para el resto de sus días de estudio.


Apartando rápidamente ese recuerdo, que aún era toda una pesadilla, Facu se arrepintió de haber llamado tanto a Julián y de enviar los mensajes para que le contestara. “Bueno”-pensó consolándose- “lo más natural era que quisiera hablar con él de nuevo. Además, él no sabe porqué lo llamaba. Podría ser”-comenzó a imaginar esperanzado- “que lo llamaba porque faltó algo en mi depto o porque encontré unas llaves en el suelo que no son mías o porque…”. Pero entonces se acordó del mail que le había enviado confesando que quería volver a verlo y volvió a sentir rabia.


Incapaz de entender la actitud de Julián, Facu procuró seguir con su vida. Llamó a sus amigos y salieron a tomar algo casi todas las noches de la semana siguiente. El fin de semana comió un asado con sus padres y a la noche visitó a un viejo amante con el que se veía muy de vez en cuando porque, si bien tenían muy buen sexo, después Facu tenía que soportar abrazos y cucharitas demasiado demandantes.


Pasaron uno o dos meses y todo había vuelto a la normalidad en la vida de Facu, sólo que de golpe estaba saliendo mucho más que antes. Y una noche, sentado entre sus amigos en el Resto de una disco gay, su atención estaba concentrada en cualquier cosa cuando, de repente, lo vió. Ahí estaba Julián, con sus ojitos azules y sus mechas rubias, sentado en una mesa cercana y de la mano de un tipo que quizás le doblara la edad y el volumen del cuerpo. Ambos reían y charlaban con un grupo de chicos a los que Facu se apresuró en catalogar mentalmente de “locas”. Desde su mesa, Facu contemplaba aquel grupo conteniendo su ira e intentando cruzar su mirada con la de Julián. Pero era imposible, por la posición en que éste se encontraba.


Facu, que rara vez bebía, pidió una cerveza. Luego pidió otra y más grande. Sus amigos se extrañaron de aquello y que de pronto se encontrara tan callado pero, como estaban en una disco y de cacería, los sentimientos de un amigo importaban mucho menos y siguieron dedicando su atención a las mesas que los rodeaban.


Facu vió cómo Julián se levantaba y se dirigía al baño y, casi sin darse cuenta, se levantó y lo siguió. Allí en el pequeño baño y sin preocuparse por lo que oyera la loca que silbaba en el vigitorio, Facu le dijo “Hola” a Julián, que terminaba de lavarse las manos. Julián lo miró por un par de segundos, casi sin reconocerlo y contestó “Hola, cómo andás?”. Y sin esperar respuesta salió del baño y volvió a su mesa.


Facu pidió más cervezas y no quiso irse del Resto a pesar de que sus amigos querían ir a la pista. Pero de golpe, se levantó y dijo “vamos” y la noche siguió. Su estómago poco acostumbrado al alcohol tuvo que digerir en dos horas una fuerte cantidad de vodka, fernet, coca cola, agua helada y un artificiosamente repugnante jugo de frutilla.


Cerca de las 5 de la mañana, Facu no aguantó más y se acercó a Julián que no paraba de bailar entre sus amigos. En aquel momento, el ex rugbier que se burlaba de las locas afeminadas parecía una actriz de novela mexicana dispuesta a gritar “¿¡Porqué no me amas, Luis Alberto??!!”, pero el alcohol era suficiente para que no pudiera darse cuenta del papelón que estaba haciendo.


Conmovido por las palabras incoherentes y la mirada de niño triste de Facu, Julián lo acompañó al patio para poder hablar mejor.


Facu quiso decirle que él era mejor que nadie, que nunca iba a encontrar a nadie como él, que lo quería y estaba dispuesto a cuidarlo y quererlo y a compartir lo mejor de su vida con él, pero sólo le salió un triste y patético “¿Porqué no me llamaste más?”.


Julián pidió disculpas vagamente, habló más vagamente de estar saliendo con alguien y tomó una actitud relajada y conciliadora, diciendo que todo estaba bien y que no pasaba nada y que algún día podían verse para “tomar unos mates” o “charlar”. Pero entonces, Facu dijo “¿Qué hacés con ese gordo?” y Julián se puso igual de tenso que la vez en que Facu le había intentado hacer sexo oral.


“No es asunto tuyo” contestó Julián, muy severo. Y con el enojo y el alcohol dirigiendo sus pisadas, dio media vuelta y volvió a la pista.


Facu agradeció las luces bajas y la falta de interés de la gente que hicieron que nadie viera sus lágrimas. Pero al menos, eran lágrimas de alivio. Finalmente comprendía porqué “no le gustaba”. Y la nariz no tenía nada que ver.

domingo, 6 de julio de 2008

Chuparla o no chuparla, thatisthequestion


En el mundo existen y han existido siempre dos clases de personas: las que les gusta (o gustaría) chupar una p*ja y las que les gusta (o les gustaría) que se la chupen.
Y en esta categorización dual no hago distinciones de edad, raza, religión, nacionalidad, etc. Y mucho menos, de sexo.
Cualquiera pensaría que a todo hombre le gusta (o gustaría) que se la chupen, sin embargo, existen hombres -no sé cuántos habrá-(pero en eso soy tan ignaro como cualquiera porque nadie lo sabe) que prefieren (o preferirían) chupársela a otro.
En cuanto a las mujeres, las que no tienen el deseo de chuparla están condenadas a padecer esa frustración de desear algo y no tener el instrumento con el cual lograrlo. Algunos lo llamarían "envidia del pene", pero creo que en realidad eso es otra cosa. Las mujeres que no la chupan suelen ser inconformistas, rebeldes, contestatarias e, invariablemente, cornudas. Hasta podría decir que, si sos mujer y al leer ésto sentís indignación, desprecio, absoluto desacuerdo y, sobre todo, el deseo de calzarme una piña en la cara, quiere decir que no te gusta chuparla. Esto no significa que seas lesbiana, pero sí que hacer feliz a un hombre y complacerlo no está entre los principales objetivos de tu vida.
Y si sos lesbiana, probablemente estés pensando que no necesitás tener pene porque igual te pueden chupar la vagina. Quizás el placer físico sea comparable pero, en nuestra occidental y falócrata cultura, el significado de chupar una p*ja es absolutamente diferente al de chupar una vagina. (hasta existen nombres diferentes para cada práctica).
Difícilmente podría compararse la sensación de poder/placer que experimenta un hombre al que le chupan la p*ja con la que experimenta una mujer a la que le chupan el clítoris. Si bien el clítoris es una especie de pene truncado, no tiene ni el tamaño ni la visibilidad que hacen del pene todo un símbolo de poder. El clítoris es casi un punto, sutil y escondido, al que hay que buscar, descubrir y tratar con delicadeza mientras que el pene es un órgano de considerable tamaño que sobresale del cuerpo en un brutal intento de llamar la atención. Y la erección no sólo aumenta ese impulso peneano de decir "¡Acá estoy!" sino que le confiere esa cualidad casi mágica de aumentar su tamaño en pocos segundos.
Para algunos hombres, su pene no es tan importante, y por ello no desean en absoluto que les hagan sexo oral. ¿Cómo se explica ésto? Ningún hombre, ni el más gay que exista, podría decir que no es lindo que te chupen la p*ja. Por lo tanto, ¿cómo es posible que existan tipos que sólo les gusta chuparla y no que se la chupen? Hay casos y casos, no voy a referirme a los que tengan alguna anormalidad física o algún problema que haga que no se les pare. Me voy a referir a los hombres que pueden lograr una erección normal y así y todo prefieren chuparla. Obviamente tiene que haber una razón psicológica para explicar ésto y estoy seguro que se trata de una necesidad de someterse. Es decir, que al decir que existen dos clases de personas, los que la chupan y los que quieren que se la chupen, estoy diciendo que existen, por elección consciente o no, dominadores y dominados.
Al que le gusta chuparla, varón o mujer, le gusta someterse, le gusta reconocer la superioridad de otro hombre o, quizás, reconocer su inferioridad frente a otro hombre. Pero lo de otro hombre, tampoco me gusta, creo que sería más clara la expresión "reconocer la superioridad del pene".
Y el sexo oral me parece tan claro para ilustrar toda esta tesis porque es la única práctica sexual que requiere consentimiento para ser disfrutable. Un tipo puede violar a una mujer o a un hombre y disfrutarlo mientras su víctima difícilmente lo disfrute, pero no puede obligar a alguien a que se la chupe bien. Es decir, puede hacerlo, pero jamás será lo mismo que se la chupe alguien por obligación a que lo haga por gusto y deseo.
Chuparla por deseo es reconocer que a uno le gusta la p*ja, es reconocer al pene como algo superior, es darle poder a lo masculino/activo y humillar a lo femenino/pasivo. Los romanos lo entendían muy bien, por algo tenían leyes contra los ciudadanos que le practicaban sexo oral a los esclavos pero no existían leyes contra los que obligaban a sus esclavos a practicarles sexo oral. Los argentinos decimos con asco o desprecio "ése se la come", sin embargo, no existe la expresión "a ése se la comen".
En definitiva, para nosotros, los judeo-cristianos occidentales ¿Qué importa si a un tipo se la comen? Lo importante es que el tipo no la coma. Comérsela implicaría reducirse, inferiorizarse, someterse...la idea de la sodomía en su más puro estado.
Es por ello que siempre me dan gracia esas frases típicas en el chat (o fuera de él también):"Soy machito, busco otro machito", "Soy machito, busco chuparla", "Soy machito, busco un 69".
Podés ser muy masculino, caminar con las piernas como si fueran paréntesis, tener barba, jugar al fútbol y tener panza de cerveza, pero si te comés una p*ja, sos tan puto como una mariquita con pantalones elastizados y gafas de sol que baila Britney en la tarima de un boliche. Todo es cuestión de chuparla o no chuparla, chicos.
Por lo tanto, señores gays masculinos que chupan la p*ja, les aconsejo que dejen de invertir tantas energías en "masculinizarse", la simbología de nuestra cultura es demasiado pesada para cambiarla con la brutal, vacía y simplista paradoja "macho por macho".
Macho es el que no se la come, por lo tanto, o dejan de chuparla o empiezan a depilarse y probarse tanguitas en lugar de mirar fútbol por TV (o más bien, futbolistas).
Me fuí, en realidad este pequeño y tarado ensayo no es para atacar a los putos reprimidos o a los maricones que sienten terror por ponerse una peluca, sino para reivindicar a la femineidad, la pasividad y el auto-sometimiento. Mi conclusión es que no hay nada de malo en que te guste comerte una p*ja. Está buenísimo, hay que desarrollar el puto interior que tenemos, si es nuestro deseo. No se trata de ponerse una peluca para chuparla, se trata de aceptar que uno tiene ese costado femenino/pasivo/sometido y le gusta sentirlo. Sería una forma sana y positiva de empezar a modificar la homofobia y el machismo que nos envenenan la existencia.
Pero claro, más fácil es dejarse arrastrar por la masa o por los miedos y seguir diciendo "soy macho y quiero comerte la p*ja". Otro caso peor es "soy macho, me dan asco los putos y quiero comerte la p*ja". Pero ese es otro tema...