Mostrando entradas con la etiqueta Mi amigo gay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi amigo gay. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de mayo de 2017

La Monogamia es Contagiosa




Cuando sos el único soltero entre tus amigos enfrentás ciertos problemas que son fáciles de prever. Por ejemplo, los viernes y sábados a la tarde/noche, abrís tu whatsapp y, entre las fotos de culos y pijas que te mandan los contactos que te levantaste esa semana (y los contactos de toda la vida que aún no borraste y todavía no han encontrado alguien que se los coja mejor) se cuelan unos simpáticos mensajes que te invocan unas tétricas y correspondientes imágenes:


*"¿Querés venirte esta noche? 
El Fran va a hacerse una carne al horno. 
Traéte un par de birras o un vinito"















*"Me peleé con el Gon de nuevo.
 Necesito salir! Vamos a tomar algo a la Cañada y te cuento? 
Un ratito nomás, mañana madrugo"













*"Nos falta uno pa´l poker, veníte. 
Traé un fernet entero, que al Burro lo dejó salir la esposa"



*"Rubio, mañana al mediodia asado en la casa del Coco en Tanti. 
Traé la malla y alcohol. MUCHO. 
Van todos con sus crías y yo lo llevo al Facu pero igual quiero chuparme"








Y claro, uno estando soltero preferiría que los amigos manden unos mensajitos un poco más power con la posibilidad de ilustrarlos un poco mejor:



*"¿Querés venir a comer carne al horno hecha por Fran? 
Después lo dejo viendo Netflix y nos vamos de joda solos 
a donde nos lleve el viento. 
¡Hasta te acompaño a algún lugar gay bien bizarro!"











*"Me peleé con el Gon de nuevo. Necesito salir! 
Vámonos a tomar algo al Beep y te cuento. 
De ahí nos piramos a Zen y me levanto 5 pijas 
que me hagan un gangbang, 
me transmitís en vivo en el face y nos pasamos 
la mañana usando la tarjeta del Gon en Falabella"

















*"Nos falta uno pa'l poker, veníte. 
Después nos chupás la pija a todos 
y el Burro te hace la cola"















*"Rubio, mañana al mediodía nos piramos

 a la casa de un levante de chat que tengo 
en Rio De Janeiro. 
Traé la sunga de leopardo y dólares. MUCHOS. 
El facu se queda con mi vieja...quizás para siempre"








Pero bueno, uno vive la triste realidad de sus 36 años de soltería, que encima le tocan en la Argentina macrista y se tiene que ajustar a lo que hay. No queda otra.
El tema es que ser el único soltero en un grupo de casados/emparejados/con o sin hijos (con es mucho peor, por supuesto) no sólo implica problemas si no también PELIGROS.
Y no me refiero a que sin querer aprietes mal y mandes una foto de tu culo abierto a tu papá en vez de al activo que te está invitando a su casa esa noche o que le mandes un "Te chupo la cola hasta donde me llegue la lengua" a tu cuñada en vez de mandársela al pasivito lampiño que conociste en natación.
Me refiero al peligro de que te contagien esa horrible enfermedad que contrajeron en algún momento de su veintena llamada MONOGAMIA.



Sí, me refiero a ese horrendo mal que afecta a la humanidad occidental desde la antigüedad clásica, que se vio reforzado en el medievo por la moral judeocristiana, que se solidificó como nunca en la modernidad con la aparición de la propiedad privada capitalista y que resiste tenaz y fuertemente los tristes y esporádicos embates de los diversos y vacíos neo-ismos en la posmodernidad.



La monogamia, ese terrible mandato social que obliga a hombres, mujeres y hermafroditas de todos los géneros, orientaciones e identidades a decir públicamente y con orgullo que se acuestan siempre con la misma persona y que son felices así a pesar de que la amargura y la frustración les chorrea desde sus calvicies y  arrugas hasta sus prominentes panzas tapadoras de genitales que sólo se usan de vez en cuando y con prostitutas/os.


La monogamia, esa condenable patología compulsiva que incluso ha permeado al arte y a la literatura obligando a escritores, guionistas, libretistas, directores, pintores y estafadores de toda cepa a crear mundos fantasiosos donde la gente enferma de monogamia termina viviendo feliz para siempre, con la terrible consecuencia de que miles y millones de pelotudos/as creen que esas absolutamente inverosímiles fantasías pueden llegar a realizarse en sus propias, carnales y básicas vidas.


La monogamia, esa...no, mejor paro porque si no este sería el post de nunca acabar.

La cuestión que realmente quiero abordar es que, entre las millones y millones de horribles cualidades que le puedo encontrar a la monogamia, hay una que supera a todas: su contagiabilidad.
Porque nadie está a salvo de contraerla. Nadie.
Ni yo mismo, lo confieso.
Una vez, me contagiaron monogamia.
Yo siempre pensé que estaba bastante a salvo por ser un gay en una sociedad de heteros que, aunque ahora permita el matrimonio homosexual, sigue siendo lo bastante homofóbica como para que muchos gays NO tengan como único y mayor horizonte en sus vidas formar una pareja.
Siempre pensé que ver la disfuncional, triste, frustrante e infeliz relación de mis padres, mis hermanos/as, mis vecinos/as, mis amigos/as, mis conocidos/as, mis desconocidos/as y demás heteros/as con sus esposos/as había sido una buena campaña de prevención contra esa morbosa compulsión a compartir tu tiempo, tu espacio, tu hogar, tu auto y tu sueldo con UNA SOLA Y ÚNICA PERSONA PARA SIEMPRE Y POR EL RESTO DE TU VIDA (brr, sólo escribirlo me da escalofríos).


Y éso sin contar mis propios intentos de formar una pareja entre mis 20 y 30 años (por pura inercia social de hacer lo que hacen los demás y, también, por vivir una aventura diferente a coger siempre con tipos nuevos) los cuales creí que habían funcionado como una infalible vacuna para sentirme inmune ante ese alienígena deseo de tener a alguien con quien hacer cucharita.
Pero no, ni así estás a salvo de que, de repente, quieras tener a alguien especial en tu vida. Alguien a quien amar y que te ame. Alguien a quien contarle tus secretos y tus ideas más locas. Alguien con quien compartir salidas, libros, películas, comidas, viajes, experiencias, etc.
¿Porqué de repente un día me dieron ganas de tener a alguien así en mi vida?
Mejor dicho ¿porqué de repente sentí la necesidad de hacer éso con UNA SOLA persona?
Si lo pienso, todas esas cosas las hice siempre con muchas personas. Siempre tuve gente a la que amar y que me amó, con la que hablar y compartir cosas y vivir experiencias etc.
Claro que no es lo mismo hacerlo con tus amigos o amantes que hacerlo con una persona a la que considerás especial.
Pero nunca fuí una persona necesitada de afecto ni de contención, siempre tuve bastante de éso.
Tampoco soy de preocuparme por el futuro, de pensar que un día voy a estar solo y no voy a tener alguien que me levante cuando me resbale con el bastón o alguien que me busque la dentadura postiza cuando no me acuerde dónde la dejé.
Tampoco deseo tener hijos, ni formar una familia de ningún tipo ni juntar dos sueldos para comprar una casa mejor o cosas así.
Y siempre me chupó mucho un huevo y un ovario imaginario lo que pensaran o esperaran de mí mis padres, tíos, abuelos, hermanos, vecinos, amigos, compañeros de laburo, conocidos, etc.
Y, para finalizar, jamás entendí cómo hace la gente para ser fiel en un mundo con 7 billones de personas de los que casi 3 billones y medio son hombres y de esos 3 billones y medio habrá al menos un billón de gays/bi/heteroflexibles con, al menos, medio millón de gays cogibles...no te alcanza la vida para coger con todos ni aunque lo intentaras.


Así que, realmente, desde hace muchos años que no tengo ninguna razón para desear una pareja monogámica. Y así y todo, caí.
¿Porqué?
Supongo que por la misma razón por la cual alguna vez jugué al fútbol, fumé tabaco, tomé alcohol, miré Tinelli, fuí a Piaf e hice cualquier otra cosa que no me gustaba ni me llamaba y hasta quizás me repelía:simplemente  porque todos lo hacían.
Creo que la primera vez que sentí un leve aunque real deseo de estar en pareja con alguien fue una noche de viernes o sábado en la que me quedé a dormir en la casa de una amiga en las sierras.
Ella y su esposo son una de las pocas parejas con las que me da gusto estar ya que, a pesar de que discuten todo, jamás se pelean ni se levantan la voz (al menos delante mío) además de que siempre tienen asado, alcohol y pileta para ofrecerme.
La cuestión es que después de charlar, comer, reir y disfrutar nuestras compañías, se fueron a dormir a su pieza y yo me fui a la pieza de huéspedes. Y ahí se me ocurrió que si tuviera un novio la pasariamos incluso mejor, no sólo por que tendría con quién coger en esos lugares remotos donde no creo que funcione mucho el grinder sino por que incorporaríamos una persona más con sus historias, sus ideas, sus opiniones, sus anécdotas, etc.
Y, por supuesto, también me haría un poco más "humano" o "normal" delante de mis amigos que llevan más de 10 años de pareja.
Luego pensé que también sería útil para todas esas odiosas ocasiones familiares en que hay que "ir con alguien" como la cena de navidad o el cumple de un tío o un sobrino, donde está lleno de gente que no hace más que preguntarte "¿Y vos en qué andás? ¿Solo o en pareja?".
La verdad, nunca tuve problemas con el hecho de ser "solterón". Para mí, el gran momento con mi familia fue decirles que era gay y supuse que nunca más habría algún otro tema incómodo para hablar con ellos.  Pero ni siquiera siendo gay te salvás de que te ametrallen a preguntas sobre tu vida amorosa (¡Si supieran la verdad!!) y, aunque no me importe tanto lo que piensen, algo importa.
Y además, el hecho de haber visto las idas y venidas de mis amigas y amigos en su desesperada búsqueda de una pareja, me hizo reflexionar sobre lo que yo haría si hubiera estado en las situaciones que pasaron ellos y a elaborar todo tipo de teorías y estrategias sobre cómo conquistar a alguien.
Así que, finalmente, llevado por la mayoría, decidí formatear mi cerebro y convertirme en un buscador de novio.
Y así me fue.
Terminé con el corazón roto, llorando, decepcionado, frustrado, amargado y con la autoestima por el suelo.
¿Valió la pena?
La verdad todavía no lo sé.
Sí me sirvió para darme cuenta que no soy tan fuerte o insensible como creía y, sobre todo, para reafirmar mi convicción de que -incluso estando enamorado- detesto estar en pareja monogámica.
Pero también me hizo pensar en que, para poder enamorarte, tenes que volverte vulnerable.
Si el objetivo de tu vida es enamorarte, bueno, hay que correr el riesgo. Los amores cobardes, como dijo Silvio, no llegan a amores, ni a historias, ni a nada. Son pura mentira.
Pero si el objetivo de tu vida no es enamorarte, la verdad que no tiene sentido correr ese riesgo terrible.
Por lo pronto, sigo enamorado de mí mismo y más convencido que nunca de que, si no te metés con Cupido, Cupido te deja en paz.



viernes, 10 de febrero de 2017

The Deeper I Go, The More That I Know


Cuando era adolescente, odiaba profundamente ir a bailar.
Claro, estaba obligado a ir a boliches heteros con mis amigos heteros, que buscaban, coqueteaban, histeriqueaban, chapaban (así se decía en los 90) y, con muuuucha suerte, cogían con mujeres heteros.
¿Puede haber una plan más aburrido para un gay? (no, no me calentaban mis amigos heteros: eran o feos o gordos o jugadores compulsivos del street fighter-cosa que yo, como Chun Li, también era- o, simplemente, aburridos)
No sabía que ya existían boliches gays en Córdoba. Y aunque lo hubiera sabido tampoco me hubiera atrevido a ir, tema del que ya hablé bastante acá.
Pero bueno, ahora que tengo 36 añitos, que conozco lugares gays que tengo dinero propio, auto, depto limpio y (digamos) medianamente ordenado para traerme un levante ¿Estoy saliendo todos los findes a reventar la noche? ¡No! Porque no tengo amigos con los que salir.
Resulta que están todos casados o en pareja así que cuando los agito para ir aunque sea media horita a mirotear locas, me contestan con un rotundo y certero:"¿para qué voy a salir si no puedo levantar a nadie?".
Es un argumento incontestable, pero sé que no es cierto. Tanto a mí como a ellos nos gustaría poder decir que son sus parejas los que los tienen castrados y atados a la casa mediante escrupulosas manipulaciones o escandalosas escenas producidas por los celos. Pero no, son ellos los que están con la panza mirando el techo mientras dejan que Netflix los lobotomice como antes los lobotomizaba el face, el youtube, el msn, Tinelli y, por supuesto, el Street Fighter.
La vida  actual está terrible y cruelmente diseñada para que los gays tengamos que tener problemas a cualquier edad a la hora de salir a divertirnos. O bueno, también podría pensar que a los 36 años ya debería estar casado o en pareja y pasar mis noches de viernes y sábados mirando series en la cama.



Lamentablemente -o afortunadamente, ya la verdad no sé- a esta altura de mi vida ADORO salir a bailar. Después de pasarme años yendo obligadamente a lugares heteros llenos de heteros, no hay nada que me ponga más contento que poder ir a un lugar gay que esté lleno de gays. Incluso hoy, que ya pasó tanto tiempo y tanta agua bajo el puente (y tanta leche por...).
Y, como la mayoría de la gente, no me sale ir a bailar solo. 
¿De dónde viene esa estructura tan fuerte que tenemos todos -tanto heteros como gays- de pensar que salir solos es de locos? ¿Será por que recordamos a esos viejos con cara de depravados que nos miraban desde la barra mientras agitábamos nuestros encantos en la pista? ¿Será por que ir a bailar es un momento donde tenés que demostrar que tu vida es un éxito y tener amigos divertidos, lindos y bien vestidos es parte de ser exitoso? ¿Será por que tenemos que pagar el alcohol solos en vez de ir a medias o aprovecharnos de la generosidad semi inconsciente de algún amigo borracho que no para de comprar tragos?
Buen tema para hablarlo con un terapeuta (si tuviera) con un antropólogo (si conociera alguno que no viva fumado) o para armar algún futuro post.


La cuestión es que, el viernes pasado, me harté de las eternas negativas de mis amigos para acompañarme al boliche (que encima vienen acompañadas de fabulosas y tentadorísimas contra-invitaciones a sus casas para comer, ver películas y/o jugar a las cartas) y decidí salir solo.
Como siempre me pasa en esos momentos críticos de enfrentar situaciones nuevas, recurro a mi diosa -que por suerte ya vivió todo y tiene una respuesta para todo- y recordé el aburridísimo aunque inquietante video de una de sus mejores canciones: Deeper And Deeper.
Si Madonna salía sola en 1993 ¿Por qué no puedo hacerlo yo en 2017? 
Encarándolo así, era más fácil, así que me bañé, me peiné los rulos, me corté las uñas, me llené el bolsillo de forros y tic tacs, agarré las llaves de mi fiel peugeotito y enfilé para la peligrosa, insegura y casi intransitada avenida Julio Roca, donde se encuentra Zen.


Mientras manejaba, pensaba que estaba haciendo historia en mi vida. ¡Era la primera vez que salía solo a bailar! Bueno, en realidad no lo era, lo había hecho a los 21 o 22 años, pero en otro contexto y por otros motivos.
Ahora sí existía peligro.
Podía ser que esa noche me transformara en uno de esos viejos que se la pasan toda la noche apoyados en una pared mirando a los demás bailar y divertirse. O podía ser que me transformara en uno de esos viejos que se pasan toda la noche bailando solos y borrachos en medio de la gente causando risas, asco y/o pena. 
Ambas opciones eran terribles, pero igual entré a Zen, decidido a empezar una nueva etapa de mi vida donde no necesitara agarrar en público el brazo de alguna amiga para que no me juzguen.
Ok, estaba temblando por dentro, lo admito. Con cada loca que me miraba más de un segundo, mi mente gritaba irremediablemente: "Está pensando que sos un solterón fracasado, sin amigos, insoportable, degenerado, sinvergüenza y hasta quizás asesino serial, zombi y/o extraterrestre".
Pero pronto me dí cuenta que era mi cabeza, que nadie me prestaba mucha atención y que, aunque no lo pueda creer, no soy el centro del mundo de los demás.
Aún no sé cuál sentimiento es peor, pero sigo con mi aventura. A poco de entrar pedí una cerveza para darme ánimos y me apoyé inevitablemente en la barra para tomarla. Y ahí estaban. Otros tipos solos, apoyados también en la barra, bebiendo y mirando gente.
Estaba a punto de empezar a clasificarlos según edad, ropa, apariencia, bebida que consumen, postura corporal, etc (para así poder encontrar algo en lo que los viera inferiores a mí y asi poder pensar que los perdedores eran ellos y no yo) pero mis prejuiciosos intentos se vieron interrumpidos por un suave toqueteo en mi brazo (las locas no nos golpeamos) y un altísonante "¡Rubio! ¿Sos vos? ¡Tanto tiempo!".
Era una loca con la que había cogido quizás en 2004 (o quizás 2006, qué se yo) y que después había cruzado en fiestas, boliches y redes sociales a lo largo de los años. Me dijo un par de pelotudeces sin sentido y casi inmediatamente me preguntó así, sin vaselina "¿Estás solo?".
Y ahí mi indomable y orgulloso espíritu aventurero se arrugó igual que pito frente a culo sucio y dije, fingiendo despreocupación: "No, estoy con unos amigos, pero no sé dónde andan".
"Ah, sí, los míos tampoco sé donde andan..." siguió él.
Y siguió hablando boludeces mientras yo lo odiaba internamente por obligarme a ser cobarde. ¿Porqué no le pude decir "Sí, vine solo"? ¿Quién es esta loca que ni recuerdo cómo se llama -ni cómo cogía hace 10 años o más- para que me importe lo que piense de mí? ¿Cuando Madonna se encuentra con el clon de Axl Rose le dice "Sí, vine sola" o "Estoy con la Cindy y la Tina y la Annie, que andan por ahí?"



Bueno, el moco estaba echado y no había nada que hacerle, así que toleré un rato de charla pelotuda típica de boliche y me despedí para ir al piso de arriba, mientras pensaba que "Es la primera vez. La próxima ya me voy a atrever a decir que salí solo".
Y entonces, de nuevo intervino la maldita justicia poética y en la punta de la escalera casi me choqué con otras dos locas que conozco por ser amigas de un amigo. Ahí nomás me atacarton con un "¡Hola Rubio! ¿Qué hacés? ¿Viniste con el Gonzalo?".
Mi respuesta fue un confuso "No...emm...estoy con...con otra gente".
Lo dije bajito, esperando que la música tapara mi cobarde respuesta. Pero me escucharon y contestaron "Ah, bueno, ya me parecía, por que a la Gon ya no la dejan salir más ¿viste? jaja, el novio es re mala onda...etc etc etc".
Estuve un rato con ellos y de nuevo me alejé. Había fracasado por segunda vez en enorgullecerme de mi independencia. Y lo peor de todo es que empezaba a notar un patrón: había salido solo pero el boliche estaba lleno de locas conocidas y ex amantes. Y todos me iban a preguntar "¿Con quién viniste?" o "¿Estás solo?".
¿Cómo no lo pensé antes? Si llevo saliendo como 17 años sin parar dentro de un ambiente bastante reducido como es el ambiente gay, es inevitable que pase.
Empecé a pensar en irme, pero no. No me iba a dejar ganar. Me iba a quedar y a disfrutar mi salida solo aunque todo el boliche hiciera fila para preguntarme "¿Viniste solo?".


Pero ¿cómo se puede disfrutar una salida solo?
Bailar solo, ni en pedo. No podría. Además, no le veo lo divertido.
Beber alcohol solo es casi tan divertido como jugar al ajedrez solo.
Observar a la gente...bueno, sí, es algo que me encanta. Pero no tengo con quién intercambiar mis interpretaciones de lo que veo, y no me iba a poner a anotarlas.
Lo único que queda es ir directo al grano, a la principal razón por la que uno sale.
Con esa idea, me acerqué a un pendejo que más o menos me gustaba y que me había pegado unas cuantas miradas desde que entré.
Como yo estaba solo y era mayor y a él se le notaba que era pasivo, le hablé primero.
También me preguntó si estaba solo. Y de nuevo, como un idiota, le dije "No, estoy con unos amigos".
Charlamos un rato y, después de comprobar nuestra incompatibilidad ideológica, política, intelectual y -sobre todo- musical, le dije "Me voy a comprar una cerveza, ya vengo" que en lenguaje gay de un viernes a la noche en Zen significa "Hasta nunca" y me fuí para la otra pista.
Allí tuve más aventuras de encare, a veces yo a veces el otro, y en todas dije "Estoy con unos amigos, no sé dónde andan".
Al final, me dí cuenta que no era tan grave el conflicto ético interior que me planteaba no decir que estaba solo y me olvidé del asunto.
El destino entonces pareció recompensar mi despreocupación y apareció un morocho hermoso de musculosa roja que dejaba ver todo un brazo tatuado. Nos sonreímos apenas vernos y al ratito estábamos charlando. Y al otro ratito, estábamos tranzando mal.
También me preguntó si estaba solo y ya, en modo automático, le dije "Estoy con unos amigos" y me lo tranzé rápido para evitar pensar de nuevo en éso.
Estuvimos un buen rato en la pista tranzando, charlando, descubriéndonos gustos comunes y calentándonos mutuamente, hasta que lo invité a mi casa y me dijo "Bueno, me despido de mis amigos, me acompañás al baño y vamos ¿Querés?".
Se despidió de sus amigos mientras yo me hacía la diva sosteniéndole la mano y lo acompañé al baño. Y mientras lo esperaba en la puerta (no tenía ganas de esperar un inodoro ni de que alguna loca borracha me mirara la pija en el vigitorio) ví una travesti como de 60 años recostada contra la pared del baño de mujeres. Estaba borracha o drogada, con la sonrisa desviada, mientras una mina, bastante borracha también, trataba de arrastrarla con ella y le decía "Dale, Naty, vamos". Se caían en el piso mojado (vaya a saber con qué) y se paraban de nuevo y los tacos se les doblaban y se caían de nuevo. Y se volvían a levantar riendo y puteando y cayendo de nuevo.



Eran la viva imagen de la decadencia que comienza a aparecer de diversas formas a las 4 y media de la mañana por todos los boliches de la ciudad.
Mientras veía eso, pensaba en mis amigos, todos durmiendo abrazaditos a sus parejas en sus casas después de ver dos o tres capítulos de algo en Netflix y listos para empezar el día en unas horas mientras que yo estaría cogiendo con un desconocido al que probablemente no volvería a ver nunca.
Fue uno de esos momentos reveladores en que parece que estás viendo dos caminos.
Uno parece llevar a que los futuros sábados de tu vida a las 4 am estés resbalando y doblando los tacos sobre agua con mierda.
El otro parece llevar a que los futuros sábados de tu vida a las 4 am estés durmiendo tranquilamente en tu cama junto a la persona con la que compartís tu vida.
No tuve la menor duda de cuál camino prefería yo.
Cuando mi morocho salió el baño me dijo "Bueno ¿querés buscar a tus amigos para despedirte o les mandás un whatss app?"
Y por fin pude contestar "No vine con amigos, vine solo".



Me miró como si yo fuera un extraterrestre y me dijo "¿Solo??! ¿Pero no me habías dicho que viniste con amigos?"
"" le dije "Pero es mentira. Vine solo. Me encanta salir solo. Me encanta saber que la estoy pasando bomba mientras mis amigos la pasan bomba durmiendo".
De nuevo me miró raro pero me reí y se rió. Y nos fuimos.
Y cogimos.
Y no lo volví a ver ni pienso hacerlo por que se puso meloso por whatss app y yo quiero estar soltero para poder salir solo de nuevo este viernes y todos los viernes que aguante mi cuerpo.

                                             

sábado, 22 de octubre de 2016

Are you INTO the world like me?



Hay gente que se va a quejar pase lo que pase y vivamos como vivamos.
No importa que estemos tocando el cielo con una mano, siempre se van a fijar en porqué la otra mano no lo toca o dónde tenemos apoyado el culo o por qué necesitamos tocar el cielo, etc.
Y hay artistas como Moby que van a lucrar vendiendo sus obras melancólicas, apocalípticas, mala onda y, generalmente en blanco y negro, a esa gente.
No tengo nada contra Moby -ni contra ningún artista- y me parece genial que haga lo que hace. A veces me aburre, a veces me gusta como para escucharlo un rato, jamás me entusiasmó ni me fascinó y, lo mejor de todo, nunca me molestó. Ni ahora que sacó su nuevo video.
Lo que sí me molesta es la gente que te lo quiere vender como un filósofo o un dueño de la verdad.
O sea, sí, vivimos en un mundo lleno de autómatas que se la pasan mirando su celular. ¿Y? Antes miraban la tele y leían revistas pelotudas, antes escuchaban radio y antes, no sé, miraban caer las hojas de los árboles o le buscaban formas a las nubes. La decisión/posibilidad/elección/condenación de ser un autómata no depende de qué usés para serlo sino de tu falta de decisión/posibilidad/elección/condenación de no ser un autómata.
Yo no sé qué es lo que le ve la gente de lindo al mundo sin internet. Hay veces que incluso me cuesta recordar qué hacía yo hasta mis 21 años que viví sin ella. Pensándolo bien, tenía muchos ratos al pedo y de aburrimiento que ahora, si los tengo, son por decisión propia de dejar un rato la compu o el cel para descansar los ojos y el cuerpo o, simplemente, porque me aburrieron.
Creo que éso es lo que más me gusta de las nuevas tecnologías, que ahora los momentos de aburrimiento son una elección y no una condena.
Porque gracias a la web ahora puedo leer todos los libros a los que antes no podía acceder por falta de plata o, peor, porque a mi ciudad no llegaban o no estaban en un idioma que yo supiera. También ahora puedo ver todas las películas, series, animaciones, etc. que siempre quise ver y rever y miles más que ni sabía que existían o que creía inalcanzables. Y ni hablar de la música ni del resto de las artes.
Claro, al principio todos decían "¿Pero cómo vas a bajar música, películas, libros, etc? Es injusto para los autores". Pero no, la realidad es que ahora los autores pueden producirse y editarse a sí mismos sin necesidad de productoras y editoriales que antes lucraban a full con sus obras, estafando tanto a los artistas como a los consumidores. Y el artista que no se quiera producir o editar a sí mismo simplemente puede pagarle a otro que se encargue de hacerlo.
En los 90, si no era por las revistas asquerosas como Rock & Pop o 13/20, yo no me enteraba de qué hacía Madonna, si iba a sacar album nuevo o salir de gira o coger con otro chongo o, simplemente, si estaba viva o muerta. Ahora tengo contacto directo con ella a través del face e Instagram. Obvio, no hablo con ella ni ella sabe que yo existo, pero ahora veo lo que ella hace o dice sin intermediarios, veo las fotos que se saca en el baño o en la cama y las pelotudeces que se le ocurre poner a ella y no a otro que hable por ella. Y, encima, lo veo al instante, sin más filtros que los que quiera poner ella (o, en todo caso, la gente que ella elija para crear su cuenta y no un periodista estúpido tercermundista que capaz entiende mal o traduce mal o inventa lo que no sabe).
¿Es una estupidez enterarte de lo que hace Madonna día a día? Seguro. Pero la vida también se compone de estupideces y al menos puedo elegir enterarme sobre las estupideces de la gente que me interesa y no de las que me impone Tinelli, Magnetto o quien sea.
¿Queremos hablar de cosas que -al menos para los activistas con consciencia social- no son estupideces? Bueno, si no fuera por internet yo ni me enteraba lo que estaba pasando/pasa en Rusia  o Jamaica o Nigeria (por nombrar algunos casos) con la población LGTB porque, hasta el día de hoy, en ningún diario, programa de tv, radio, etc. se habla de éso. Y lo mismo con muchísimas otras cosas que están pasando y a los que arman las noticias no les interesa contarnos (o no les pagan para ello).
Y ni hablar de la cantidad de artistas, escritores, pintores, periodistas, blogueros, opinólogos, etc. a los que uno puede seguir directamente, al instante y gratis. Acá el único peligro que veo es el del tribalismo, porque al final uno sigue a todo lo que le gusta y acuerda y desecha lo que detesta o lo que le aburre y termina encerrándose con gente que piensa igual que uno, que lee lo mismo que uno, que disfruta lo mismo que uno, etc. Pero bueno, es también algo que uno puede evitar manteniendo contacto con alguna gente y opiniones diferentes (por lo pronto, no he eliminado del face al esposo facho de una de mis amigas ex-zurda y leo online los diarios de derecha, de izquierda, de centro y los de derecha que dicen ser neutrales).



Por otro lado, los apocaliptólogos que celebran el video de Moby se quejan de que la gente se la pasa mirando su celular y no miran la realidad de al lado. ¡Holaaa!! ¿Qué querés que mire? Si al lado tengo a una persona aburrida, estúpida o desconocida y en el cel me están hablando mis familiares, mis mejores amigos o sale una noticia de la gente que admiro o de los temas que me interesan, OBVIO que voy a mirar el celular y perder contacto con quien tengo al lado. No me desconecto de la realidad sino que elijo con qué parte de la realidad conectarme. Si al lado mío pasara algo que me llama la atención o que me interesa, dejo el cel y presto atención a lo que me rodea. Si no ¿Qué sentido tiene?
Algunos te dicen que es de mala educación ponerse a mirar el cel en medio de una charla. Yo coincido hasta cierto punto. Si estás hablando de algo importante y necesitás que el otro te escuche porque le vas a hablar de plata, sentimientos o algún asunto impostergable, bueno, obvio que le vas a decir que suelte el cel o lo que sea que lo distrae y te atienda. Pero si estás hablando pelotudeces y el otro deja de escucharte para mirar su cel, en vez de enojarte...¡dejá de hablar pelotudeces! 
¿Porqué tenemos que atender a las pelotudeces de los demás si tenemos algo mejor que hacer? Y éso que yo, personalmente, uso muy poco el celu fuera de casa y en general prefiero escuchar pelotudeces que estar pendiente del face (donde, al fin y al cabo, también hay bastantes pelotudeces que no me importan). Pero si otra persona se pone a mirar su cel y no atiende a la conversación, la verdad no me ofende para nada si es una conversación banal. 
Además que hoy en día cualquier charla te lleva a "¿Viste lo que dijo tal, lo que puso tal, el video de tal, la publicación de tal?" y a fin de cuentas vas a terminar sacando el cel para mostrar un videito o para leer algo o para buscar info de algo. Nuestras charlas ahora son interactivas y, si bien detesto tener que mirar un video que me muestra alguien porque "lo tenés que ver", es inevitable que así sea.
Hace poco uno de mis mejores amigos se fue a vivir a Santa Cruz y gracias al celu es como si lo tuviera acá. De hecho, ayer le sacaba fotos al lugar donde estaba y la gente con la que estaba (sin que me vieran, obvio) y se los mandaba y comentábamos todo como si estuviéramos juntos. Sí, obvio, preferiría mil veces que estuviera acá pero, hasta cierto punto, prefiero que esté allá porque está viviendo una experiencia nueva que le gusta y le sirve y le hace bien y no dejamos de comunicarnos. De hecho, hasta hablamos más que cuando estaba acá por que viviendo en la misma ciudad uno supone que tarde o temprano va a encontrarse o comunicarse con sus amigos y al final pasan días o semanas y no hablás nunca.
Y ni hablar de los amigos que viven en Córdoba pero están en la otra punta. Atrás quedó esa horrible época de "A las 12 en la puerta del Olmos" para quedarte esperando 2 o 3 horas como un pelotudo porque el otro no tenía forma de avisarte que no iba o que no conseguía colectivo.



Comunicarse, informarse, entretenerse, conseguir lo que uno quiere ahora es más fácil, más rápido y más barato o incluso gratis. Pero claro, si uno quiere puede verle el lado negativo y decir que la gente se la pasa todo el día conectada con extraños sin crear vínculos humanos reales y sacando fotos para subirlas y aparentar una vida mejor de la que tiene. Y bueno, antes las tías solteronas ponían fotos de modelos hermosos en los portaretratos de sus cómodas para inventarse novios en una lejana juventud donde eran bellísimas (y no había fotos para comprobarlo o denostarlo). La mentira y el autoengaño no es culpa del celular o de la internet, en todo caso es culpa de la gente fea que no tiene vida. 
La gente que no sabe vivir y disfrutar en la vida real, tampoco sabrá hacerlo en la web. O quizás la web les da la posibilidad de crearse una vida irreal más linda y disfrutan un poco así, quién sabe. Autoengañarse les hace daño a ellos mismos y, salvo que sean unos pedófilos encubiertos o unos hackers de esos que no sabemos si existen, ¿A quién van a engañar? A estas alturas, el que cree en una foto irreal de alguien en un chat pedorro y se larga a conocerlo y enamorarse en vez de antes pedir confirmación por cam, face, instagram, whatsapp, etc. se merece que lo caguen por pelotudo.
También ahora todo el mundo filma y saca fotos de todo lo que pasa al instante. ¡Genial! Así no dependemos sólo de periodistas que responden a sus empleadores sino que vemos lo que pasa con más fidelidad, desde distintos puntos de vista y a veces en directo. 
Estamos siendo casi como dioses y sigue habiendo gente que se queja. Claro, los más viejos que de pedo saben prender la compu se quejan porque se sienten desplazados ¿Y cuándo no se sintieron así los viejos? 
Ahora, una persona joven que usa la compu y el cel para labura/vivir y se siente superior porque no usa las redes sociales y encima se mete al face o a los comentarios de una noticia del video de Moby para decir que no las usa (???) y vive una vida natural y humana...que alguien le pegue, por favor.

lunes, 29 de agosto de 2016

Un pibe de 22 años está muerto

Bueno, resulta que un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa no es éso sino qué podemos decir sobre ello los que seguimos “vivos”.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es remarcar que fue a un encuentro casual para hacer un trío (¡Un trío!¡Nada menos!) y que, encima, usó Popper y vaya a saber qué otras sustancias que terminaron dándole un paro cardíaco.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es resaltar que estaba enfermo, que tenía sexo sin protección, que compraba drogas baratas e ilegales, que vivía en riesgo, que no se quería.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es asegurar que la familia no lo contenía ni lo contuvo nunca, que sus amigos eran todos drogones perdidos como él, que no tenía a nadie con quién hablar, con quien compartir, con quién sentirse acompañado.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es entrar a su Facebook, al que nunca entramos antes ni aunque él nos lo pasara, para ver sus fotos, sus publicaciones y los comentarios que le dejan.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es pedir casi como desesperados en el tablero de Manhunt que alguien nos pase su Nick para que podamos chusmear en su perfil, sus fotos, sus palabras, sus preferencias.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es decir que lo conocíamos, que sabíamos en qué andaba, que hasta alguna vez le advertimos que no fuera tan descocado y que no nos hizo caso.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es hacer algún chiste o comentario malicioso sobre las locas que cogen a diestra y siniestra mientras se drogan con la merca más barata que les vende la policía que después los para si los ve con gorra o en moto.
Un pibe de 22 años está muerto, pero lo que importa es decir todo lo otro para poder asegurar que ya estaba muerto en vida.

Un pibe de 22 años está muerto, éso debería ser todo lo que tenemos para decir. Deberíamos hacer silencio, aunque sea un segundo, y sentirnos mal, tristes, angustiados. Y si no podemos, deberíamos intentarlo. Porque si no podemos entristecernos aunque sea un poquito leyendo esas siete palabras, los muertos en vida somos todos los que seguimos vivos.

jueves, 10 de junio de 2010

La zorra y las uvas


Seguro conocen la fábula de la zorra y las uvas. Era una zorra a la que, por alguna razón, se le metió la idea de comer uvas y empezó a saltar y saltar para alcanzar un racimo. Pero a pesar de sus esfuerzos, no consiguió las uvas y se alejó diciendo “bah, están verdes!”.


Yo conozco una zorra muy parecida a la de la fábula, sólo que más humana. Se llama Emiliano, pero algunas personas le dicen la yarará (una serpiente típica de Córdoba).

Resulta que esta zorra de la yarará, con todo su veneno y escamas, también tiene corazón. Y la muy boluda se enamoró de (o, más bien, se hipercalentó con) un chongo hermoso que obviamente no le va a dar bola nunca porque Emilianito no se distingue ni por su belleza, ni por su flacura, ni por la blancura de sus dientes (lo cual es lo peor).


El chongo en cuestión se llama Oscar. Es un tipo super educado, profesional, con un lomazo tremendo y una personalidad muy simpática. La cuestión es que Emiliano/zorra/yarará se volvió super denso, acosándolo todas las noches que lo veía en el boliche, hasta que una noche Oscarcito se hartó y lo mandó a la mierda.


¡Para qué!


Nunca, nunca, nunca manden a la mierda a una loca venenosa. Es como hacer enojar a una yarará.


La zorra Emi no vino a decirnos: “está verde”, dijo simplemente, en todas partes donde pudo:“la Oscar es una pasiva de cuarta”.

Y dijo muchas cosas más, claro. Hasta donde le dió la imaginación.


Es una forma muy extraña de enfrentar la realidad. No logra probar cómo es la realidad entonces inventa otra que lo consuela. Por más que sabe que se está mintiendo, se sigue mintiendo. Pero lo increíble es que realmente se cree su propia mentira.


Porque lo importante acá no es que Emizorra haya difundido chismes a diestra y siniestra diciendo que el tal Oscar tenía sida y robaba billeteras. Lo importante es que Emizorra se autoconvenció de que era así.


Y está lleno de Emizorras en todas partes. Las veces que habré entrado a algún chat y por no contestar un mensaje choto o proveniente de una foto horrenda me dijeron de todo después.


Me acuerdo una vez, patente, me escribió un tipo, empecé a contestarle y recibí de golpe otro mensaje de él “chau, sos una loca pasiva asquerosa”. Puede que haya sido un acostumbrado a las conexiones rápidas, pero creo que más bien era una zorra histérica con muy poca paciencia.


Y supongo que aún hoy seguirá creyendo que soy una pasiva asquerosa.


¿Cómo hace esta gente para lograr ese maravilloso autoconvencimiento?


Porque no vamos a negar que si uno pudiera autoconvencerse de que las cosas son como uno quiere, la vida sería mucho más linda.


Y lo más interesante es la reacción de la gente. Porque nadie le cree, todos sabemos que la Emi quedó resentida porque no la quisieron coger. Pero nadie dice nada nunca sobre el tema, sólo se quedan calladitos escuchando las locuras que Emi inventa sobre Oscar. Es como que se le permite mentirse, pero nadie se prende con él.


Pero claro, yo soy medio yarará también y resulta que una noche estaba apoyado en la barra del boliche con bastante alcohol encima y se me vino la yarará a contarme sus nuevos inventos sobre Oscar. Más que nada por hartazgo del tema le dije:”Mirá, la cosa no es así. El guaso te dijo que no tenía onda y vos ahí te pusiste a hablar mal de él. Y ahora ya fue, entendé. Todo el mundo sabe que mentís.Ya sos patético inventando boludeces todo el tiempo. Hartaste.”.


Quedó muda, claro.


Hasta ahora no se ha vengado de mí, que yo sepa.


La cuestión es que a todos nos cuesta tolerar el rechazo, pero hacer lo que hizo la zorra de la fábula es peor. Porque terminás demostrando que sos un loser total y encima no te lo bancás.

Lo mejor es retirarse con la dignidad que nos quede.


Bueno, ya que me puse moralista, permitan que este pobre blog les deje algo: Locas (y no locas), cuando alguien los rechace piensen que ellos son los boludos que se pierden estar con ustedes, que son maravillosas y hermosas. Y nunca, nunca, nunca digan “es una pasiva de cuarta!”, porque las que van a quedar como pasivas de cuarta son ustedes mismas.

lunes, 2 de febrero de 2009

El chico nuevo


Si hay algo que me gusta de mis amigos es que son todos muy diferentes entre sí. Es algo de lo que estar orgulloso porque significa que, a pesar de que me estoy acercando al temido cumpleaños número 30, la humanidad todavía no me ha cansado y sigo con ganas de relacionarme con todo tipo de gente. Tengo amigos que salen a tirarle huevos a la catedral cada vez que surge la oportunidad y otros que no pierden oportunidad para quejarse de los negros y soñar con un nuevo Videla.


Pero hay cosas que ponen a prueba mi amor a la humanidad. Algunas son lejanas (aunque igualmente odiosas) como el Papa, Bush, los judíos que se están haciendo un festín de sangre en Gaza, etc. Otras, son terriblemente cercanas, como el nuevo novio de mi amigo Luis.


Luisito (Lois Lane, para los amigos) es un chico que podríamos definirlo como “mediano”. Es decir, es medianamente joven, medianamente lindo, medianamente inteligente, medianamente masculino, medianamente divertido, etc.

Diríase, una loca normal. Debe haber un Luisito en cada uno de los grupitos de locas que salen a bailar los sábados (viernes, jueves, domingos, etc).


Pero el problema de tanta medianez es la indefinición. Y no estoy hablando de indefinición sexual sino de algo más amplio. Luisito, por no ser ni muy muy ni tan tan, a veces es muy muy muy y a veces es tan tan tan. Es decir, como no está de ningún lado, le es fácil caer en los extremos de golpe. Y en extremos contrarios.


A veces, y como era de esperarse, tiene actitudes esquizofrénicas. Cuando está entre amigos tan gays como él le encanta charlar, divertirse y hablar de los temas preferidos por las locas (desde Britney a Madonna) pero entre gente que no sabe de su homosexualidad –o que sabe pero que no lo conocen mucho- es un señorito inglés que comenta la sección deportes del diario.


Por suerte, Luisito tiene 25 años, así que no le importa mucho nada. Mantiene las formas hetero donde le parece mejor mantenerlas y sale a lugares gays con un poco de miedo pero amparado en la idea (que tardé un par de meses de meterle en la cabeza) de que hoy en día “todo el mundo va a un boliche gay, hasta tu jefe”.


Y ahora que conocen a Luisito, les voy a contar de su novio.


La primera vez que tuve noticias de él fue una soleada siesta dominguera en que estábamos algunos de la pandilla de siempre refrescándonos en la pileta de Claudio, el más afortunado miembro de nuestro grupo (tener pileta en el verano cordobés es vivir en el primer mundo).


Fue Claudio quien nos lo anunció, con una ligereza imperdonable, diciendo:

“Che, llamó Luisito, Dice que está viniendo con su novio”.


“Whaaat???!!!”-se escuchó.


Carla quedó paralizada sirviendo mate. El peke casi se ahoga.

Eran pocos los que sabían que Luisito estaba de novio. Los que lo ignorábamos comenzamos la interrogación. Dónde lo conoció, hace cuánto que están, qué hace de su vida, edad, apellido materno, etc.


Tras unas cortas averiguaciones, resultó obvio que Claudio había exagerado con la palabra novio. Se trataba sólo de un chico que conoció por chat, que habían salido juntos ya unas cuantas veces, que tenía más o menos su edad. En cuanto a su ocupación, apellido materno y otros detalles que hacen a la vida, nadie sabía nada, pero la perspectiva de que pronto conoceríamos en persona al intrigante mozo operó un cambio en nuestro grupo. De repente, ya no era un aburrido y plácido Domingo veraniego con amigos sino un excitante Viernes a la noche, donde todo puede pasar y aparece gente nueva en nuestra vida.


Iván, el único que tiene abdominales marcadas, se sentó en el borde la pileta en una postura que ni Praxíteles hubiera soñado, de forma tal que cualquier ángulo lo favoreciera. Gabriel, que no deja pasar un sólo Domingo sin ir a Caseratto, se metió en el agua dejando fuera de ella su pecho velludo y bien sumergida su panza de ex rugbier.Carla dejó de cebar mate y sacó la pinzita de depilar. Rocío se sentó a fumar a la sombra y se puso unos lentes de sol demasiado floggers para su onda tortesca.


Alguien (juro que no fui yo), hizo dos preguntas que nos dejaron a todos callados y atentos a la respuesta: “¿Y qué onda el pibe? ¿Ta lindo?”

Tampoco había respuesta. Nadie lo había visto en persona todavía. Sólo Claudio sabía, gracias a un apurado y confuso chat en el msn, que habían ido a bailar a Carreras.


“¿A Carreras???!!!”- se escuchó.


Comenzaron las especulaciones y aparecieron opiniones cruzadas. “Debe ser un forro”, “Noo, Carreras ya no es para forros, ahora los forros van a Cruz”, “Ay, no por ir a Carreras sos forro, che”, “Chee, pero andá a saber si va siempre o fue esa vez nomás”.


Alguien (juro que no fui yo) hizo el comentario viboresco: “Si va a Carreras debe ser una loca tapada”.


La discusión se desvió hacia el tema boliches hasta que, por fin, sonó el timbre y segundos después, llegaba Luisito seguido de un chico de más o menos 23 años, más o menos 1 80, más o menos buen cuerpo y cara de asustado. Vestía una remera, bermuda y zapatillas a las que que sólo podría calificar de “heteros”.


Después de los holas y qué hacés? mezclados, Carla, la líder natural del grupo, le ofreció una silla y un mate al desconocido y el despistado de Luisito dijo, “Ahh, chicos, este es Sebastián”. Hubo más holas y comenzó una charla cuyo único fin era tratar de integrar al recién llegado. Pero Sebastián parecía empeñado en hacerse el tímido, así que todo se orientó hacia los últimos acontecimientos relevantes en la vida de Luisito, contados por él mismo.


Tras soportar unos cuantos pormenores sobre su trabajo, su fin de semana en Cosquín, su sobrina que está re grandota y otras cosas que a nadie interesaban mucho, Carla, de nuevo no pudo con su temperamento de hembra alfa y le dijo de una: “Che, ¿y qué onda este muchachito con el que andás?”


-Yyy…Se llama Sebastián, y es un amigo, nada más- dijo, Luisito, con fingida despreocupación.


-¡Ahh, boludo! acá pensábamos todos que era tu novio- dije yo, desde la pileta con mi natural aplomo, para que

Rocío se riera y para que el nuevo chico me vaya conociendo.


-Nooo!!!- repuso Luisito, entre escandalizado y agradecido (de nuevo en el medio!)- Estamos saliendo, nomás.-Y agregó, como aclarando- Recién nos conocemos.


-Ahh, claro, recién se conocen - Aprovechó, Carla- ¿Y vos qué hacés de tu vida, che?- le tiró al recién llegado.


La respuesta tuvo que ser repetida porque Seba estaba ronco de timidez.

Al final, se supo que había dicho el verbo “estudio”.


Tras una pausa en la que todo el mundo habló de cualquier boludez, yo volví a la carga.


-Che, ¿Y qué estudiás vos?- pregunté, aprovechando que le pasaba un mate.


-Ingeniería- fue la respuesta.


Ahí me cagó mal. Si me decía medicina, abogacía, cs. económicas, teatro, etc., podría haberme formado una prejuiciosa opinión sobre él. Pero con ingeniería es imposible. Hay tantas que uno ni sabe lo que son y hay cada tipo de ingeniero que es imposible clasificarlos (salvo que uno sea arquitecto y los odie por principio).


No supe qué responder a su desconcertante contestación, así que la charla siguió por otros caminos. Más tarde, comenzó a irse alguna gente y quedó un grupo más reducido y más íntimo. Aproveché que ya había salido de la pileta y me había vestido para sentarme entre Lusito y su novio.


-Che, contáme todo de este chico- le dije a Luisito, como si fuera yo su madre.


-¡Sí, contá que lo queremos conocer! – dijo Carla, con entusiasmo, moviendo su silla para quedar enfrentada con nosotros.


-Uh, che, paren que lo van a poder incómodo- Intervino Iván, siempre a favor de los supuestos inocentes.


-Pobre Seba- dijo Luisito, riendo- Le dije que lo iban a torturar así. Él no conoce gente gay.


-¿Ah, no?- dije yo, casi enojado- ¿No tenés amigos gays, Seba?


-No, ninguno.-Contestó, rapidísimo. Y después agregó, como si hiciera falta- Y en mi casa tampoco saben nada.


-Los padres de Sebastián son muy religiosos- explicó Luisito.


-¡Qué problema!.-Comentó Iván, conmiserándose.


-Sí -Se animó a decir Sebastián- Si llegaran a enterarse se mueren.


“Entonces qué esperás para enterarlos” pensé (y sé que Rocío pensó lo mismo). Pero dije, casi como una afirmación:


-¿Son católicos?


-No, judíos- repuso Sebastián.


-“Ahhhh!!!”- Se escuchó.


Y, casi mágicamente, se produjo un cambio. Ahora sólo Sebastián hablaba. Nos contaba, bastante entusiasmado, cómo había sido su iniciación, cómo era la religión judía, cómo era la comunidad judía de Córdoba, etc.


Por un lado, yo quería cambiar de tema, porque con lo que está pasando en Gaza no era el mejor momento para hablar de los judíos. Por el otro, prefería dejar que siguiera hablando para que perdiera la timidez y se integrara un poco.


Pero, finalmente, llegamos al punto sin retorno de la charla.


-Lo que pasa es que ninguna religión en el mundo acepta la homosexualidad- Dijo Sebastián, con aires de antropólogo- Y es que la homosexualidad es algo innatural.


Mientras Rocío lo miraba con cuchillos en los ojos, yo le dije.


-No creas, hay religiones que sí aceptan la homosexualidad. Incluso hubieron algunas que los consideran superiores.


Carla me miró con cara de “no empecemos”. Luisito se puso tenso.


-Bueno, no sé, capaz que sí- dijo, Seba, conciliando- Pero las grandes religiones no la aceptan. Por ejemplo…


- ¿A qué te referís con innatural?- lo interrumpió Rocío, cuando por fin la vena la dejó hablar.


-Y…a que no es natural- explicó Seba, etimológico.- Lo natural es que un hombre esté con una mujer.


-¿Quién dice eso?- dijo Rocío, mientras le crecía la zurda interior.


-Y…todo el mundo- contestó Seba, aplastante.- No digo que esté mal o bien, digo que no es natural. Lo natural es que un hombre esté con una mujer porque tienen que procrear otros seres. Eso es natural. Lo demás es innatural.


-Bueno, entonces estamos de acuerdo- dije yo- Lo innatural no es bueno ni malo. Sólo innatural.


-Claro- me dio la razón Seba, contento de tener apoyo.


-Por lo tanto- continué- la religión que condena a la homosexualidad por innatural está cometiendo un error, ya que la homosexualidad, por muy innatural que sea, no es buena ni mala.


-Ah, es que eso es justamente lo que las religiones pretenden- exclamó Seba – Las religiones buscan el orden natural de las cosas para que todos vivamos felices.


-Eso no es cierto- dije yo- Si así fuera, los templos no deberían tener luz eléctrica ni instalaciones de sonido.


-Y los curas no deberían usar lentes de contacto ni arreglarse los dientes- completó Rocío.


-Bueno, eso es otra cosa- repuso Seba- Una cosa es el progreso de la humanidad que puede ser beneficioso. No está mal que el hombre aproveche de eso.


-No está mal que el hombre laico lo aproveche pero si vos decís que las religiones buscan el orden natural, entonces los hombres religiosos no deberían aprovechar esas cosas y vivir como los nehandertales-le dije, ya impaciente.


-Algunos lo hacen- bromeó (creo) Iván.


-No, porque las religiones justamente tienen que ir viendo qué es bueno para el hombre y qué no lo es- argumentó Seba.


- ¿Y la homosexualidad no es buena para el hombre?-le pregunté.


-Y no, porque fijáte que los homosexuales no pueden tener hijos…-comenzó Seba.


-¿Y quién quiere más hijos hoy día si el mundo está superpoblado?- exclamé yo- Además, como poder tener hijos, pueden.


- Bueno, pero no los pueden criar juntos- le metió él.


-Poder, pueden- volví yo.


-Y sí, poder pueden, pero no los criarían bien- predijo Seba- Un chico no puede crecer bien sin un modelo masculino y un modelo femenino en su hogar.


-No – dije yo, antes que Iván o Rocío saltaran- Eso no lo podés saber. Pueden crecer muy bien sin un padre o sin una madre o incluso sin los dos. Hay todo tipo de casos. Hay hijos de puta con padres perfectos e hijos de puta con padres que son un desastre. Y hay gente huérfana hija de puta y gente huérfana divina.


-Además, modelos se encuentran en todas partes y no sólo en el hogar- intervino Carla.


- Bueno, eso sí- aceptó Seba- Pero imagináte ser un chico criado por una pareja gay. Tendrías problemas en todas partes, te discriminarían y se burlarían de vos.


-Ese es otro tema- dije yo- En nuestro país ni siquiera es posible para una pareja homosexual adoptar chicos. En otros países se puede y con el tiempo quizás logren la aceptación de eso. En algunos lugares, como Holanda o Escandinavia, está bastante aceptado y esas son sociedades que trabajan hace mucho por una mayor justicia social. Lo mismo podría llegar a pasar acá en el futuro si se comenzara ahora.


-Eso no va a pasar nunca acá- dijo Seba, de golpe orgulloso de ser argentino- La gente no se adaptaría nunca.


-No sé- dudé yo- En el último siglo la humanidad se adaptó rapidísimo a los autos, a las computadoras, al crecimiento de las ciudades, a la mayor esperanza de vida, etc. Los cambios siguen ritmos que tienen que ver con la economía más que con los valores retrógrados de las religiones- me cebé.- Si fuera rentable, y todo está indicando que lo es, el matrimonio gay sería institucionalizado.


-Che, Luis, ¿Cómo anda el Jorge? ¿Lo has visto?- Interrumpió Carla, siempre a favor de la paz mundial.


-Para mí, la gente no se adaptaría nunca- repitió Seba, tajante y copado con el tema- Por ejemplo, nadie querría que su hijo se junte con el hijo de una pareja gay.


-Y mirá-le dije yo, un tanto harto- Hoy está de moda tener un amigo gay, mañana puede estar de moda que tu hijo se junte con un hijo de gays.


-No creo- dijo Seba- No es lo mismo los amigos que los hijos. Los padres pueden tener amigos gays pero no querrían que sus hijos lo fueran o se junten con gays.


-Mirá- intervino Rocío- Es raro encontrar hoy un padre que controle las amistades de sus hijos. La mayoría de los padres tira a sus hijos a la guardería o a la escuela y los deja ahí sin preocuparse por lo que hacen o con quiénes se juntan.


-Además- seguí yo- no es lo mismo que se junten con un gay a que se junten con el hijo de una pareja gay. Son dos cosas diferentes.


-No, porque una pareja gay siempre tendría un hijo homosexual- graznó Seba.


-¡Claaaro!!!- me enojé yo- ¡Igual que una pareja heterosexual sólo tiene hijos heterosexuales!¿O vos, que sos gay, me vas a decir que tu viejo o tu vieja es gay?


-No…pero una pareja gay criaría a sus hijos como gays- volvió a graznar Seba.


-La crianza es una cosa diferente- dije yo- Si adoptan un chico que es heterosexual no van a poder volverlo gay, por más que le compren una mantita rosada para la cuna o le hagan escuchar Madonna las 24 horas del día.


-De la misma manera que un padre heterosexual no puede hacer que un chico gay deje se serlo con llevarlo a la cancha o pagarle una puta- razonó Iván.


-No sé- se rindió Seba- Pero igual, no estaría bien que se acepte el matrimonio homosexual porque eso le haría daño a la sociedad.


-¿Daño cómo?- quise saber yo.


-Y no sé, daría mal ejemplo- improvisó Seba.


-¿Es mal ejemplo que dos hombres o dos mujeres que se aman quieran unir sus vidas para siempre?- pregunté yo, más para mí que para él.


-No, eso no. Pero la gente podría ver parejas gays y…y hacerse gays por imitar- rebuznó Seba.


-Problema del que imita, entonces- se encogió de hombros Iván, siempre tan independiente.


-¡Mirá si la gente se va a volver gay por imitar a una pareja gay!- Dijo Rocío, en tono de “qué pedazo de boludo que sos”.


-Bueno, bueno- dijo Carla, de nuevo buscando el premio nobel de la paz- Basta de esto. Hablen de otra cosa, che, que soy hetero yo. Me están discriminando de la charla- dijo, chistosa.


-No –le dijo Seba, sabio por primera vez- Porque este tema incluye a los heteros también.


-Bueno, no sé. A mí me gustaría tener un hijo gay- declaró Carla, todavía intentando alejarnos de terreno escabroso- Una hija torta, no sé. Sería medio complicado. Pero un hijo gay varón me encantaría.


-Tendrías peluquero gratis de por vida- bromeó Luisito, en la misma onda.


-¿Sabés qué?- dijo Seba, dirigiéndose a mí- Si hubiera matrimonio gay, el matrimonio heterosexual perdería sentido.


-¿Porqué?- pregunté yo- Los heteros seguirían casándose con heteros mientras los gays se casarían con gays.


- Sí, pero entonces sería cualquiera- dijo Seba, que se ve que estuvo pensando mientras Carla y Luis trataban de salvarlo- Se desvalorizaría el matrimonio. Cualquiera podría casarse con cualquiera.


-¿Y eso no te parece más justo?- le pregunté.


-Pero es una institución creada para los heterosexuales, no para los gays- siguió Seba.


-¿Y porqué no puede ser para los homosexuales si ellos la quieren?- seguí yo- Yo no me casaría ni que me paguen, pero me parece que si un gay quiere casarse, debería tener el derecho a hacerlo. Civilmente, por lo menos.


- Pero sería demasiado libertinaje- arguyó vagamente Seba- Si le das ese derecho a los gays, después vas a tener que darle derechos a todo el mundo.


-Todo el mundo tiene derecho a casarse excepto los gays- dije yo, sin entender qué me decía.


-Pero si decís “los gays pueden casarse”, entonces después va a salir gente a decir, “me quiero casar con dos personas a la vez” o “me quiero casar con mi perro” y cosas así- volvió a rebuznar Seba.


-En muchos lugares y muchas religiones la gente se casa con más de una persona a la vez- dije yo, admirado de lo idiota que era este chico- Y en cuanto a los pichichos, no pueden decir “sí, acepto” ni firmar un libro civil.


Esto último provocó risas generales y ahí quedó todo.


La pregunta es ¿Podré tolerar a este chico? Porque Luisito parece empeñado en seguir viéndolo y trayéndolo a nuestras juntadas, así que me lo estoy cruzando seguido.

Algunos de mis amigos ya quieren verlo cocinarse lentamente en un caldero hirviendo, pero yo pienso darle más oportunidades antes de planear su asesinato. Después de todo, amo discutir.

Aunque este tipo de personas en particular me sacan y más cuando son gays: porque una cosa es ser hetero y pensar retrógrada e irracionalmente contra los gays y otra es ser gay y pensar retrógrada e irracionalmente en contra de uno mismo. Me parece realmente tonto.


Por lo pronto, hay pileta este finde de nuevo.