jueves, 10 de junio de 2010

La zorra y las uvas


Seguro conocen la fábula de la zorra y las uvas. Era una zorra a la que, por alguna razón, se le metió la idea de comer uvas y empezó a saltar y saltar para alcanzar un racimo. Pero a pesar de sus esfuerzos, no consiguió las uvas y se alejó diciendo “bah, están verdes!”.


Yo conozco una zorra muy parecida a la de la fábula, sólo que más humana. Se llama Emiliano, pero algunas personas le dicen la yarará (una serpiente típica de Córdoba).

Resulta que esta zorra de la yarará, con todo su veneno y escamas, también tiene corazón. Y la muy boluda se enamoró de (o, más bien, se hipercalentó con) un chongo hermoso que obviamente no le va a dar bola nunca porque Emilianito no se distingue ni por su belleza, ni por su flacura, ni por la blancura de sus dientes (lo cual es lo peor).


El chongo en cuestión se llama Oscar. Es un tipo super educado, profesional, con un lomazo tremendo y una personalidad muy simpática. La cuestión es que Emiliano/zorra/yarará se volvió super denso, acosándolo todas las noches que lo veía en el boliche, hasta que una noche Oscarcito se hartó y lo mandó a la mierda.


¡Para qué!


Nunca, nunca, nunca manden a la mierda a una loca venenosa. Es como hacer enojar a una yarará.


La zorra Emi no vino a decirnos: “está verde”, dijo simplemente, en todas partes donde pudo:“la Oscar es una pasiva de cuarta”.

Y dijo muchas cosas más, claro. Hasta donde le dió la imaginación.


Es una forma muy extraña de enfrentar la realidad. No logra probar cómo es la realidad entonces inventa otra que lo consuela. Por más que sabe que se está mintiendo, se sigue mintiendo. Pero lo increíble es que realmente se cree su propia mentira.


Porque lo importante acá no es que Emizorra haya difundido chismes a diestra y siniestra diciendo que el tal Oscar tenía sida y robaba billeteras. Lo importante es que Emizorra se autoconvenció de que era así.


Y está lleno de Emizorras en todas partes. Las veces que habré entrado a algún chat y por no contestar un mensaje choto o proveniente de una foto horrenda me dijeron de todo después.


Me acuerdo una vez, patente, me escribió un tipo, empecé a contestarle y recibí de golpe otro mensaje de él “chau, sos una loca pasiva asquerosa”. Puede que haya sido un acostumbrado a las conexiones rápidas, pero creo que más bien era una zorra histérica con muy poca paciencia.


Y supongo que aún hoy seguirá creyendo que soy una pasiva asquerosa.


¿Cómo hace esta gente para lograr ese maravilloso autoconvencimiento?


Porque no vamos a negar que si uno pudiera autoconvencerse de que las cosas son como uno quiere, la vida sería mucho más linda.


Y lo más interesante es la reacción de la gente. Porque nadie le cree, todos sabemos que la Emi quedó resentida porque no la quisieron coger. Pero nadie dice nada nunca sobre el tema, sólo se quedan calladitos escuchando las locuras que Emi inventa sobre Oscar. Es como que se le permite mentirse, pero nadie se prende con él.


Pero claro, yo soy medio yarará también y resulta que una noche estaba apoyado en la barra del boliche con bastante alcohol encima y se me vino la yarará a contarme sus nuevos inventos sobre Oscar. Más que nada por hartazgo del tema le dije:”Mirá, la cosa no es así. El guaso te dijo que no tenía onda y vos ahí te pusiste a hablar mal de él. Y ahora ya fue, entendé. Todo el mundo sabe que mentís.Ya sos patético inventando boludeces todo el tiempo. Hartaste.”.


Quedó muda, claro.


Hasta ahora no se ha vengado de mí, que yo sepa.


La cuestión es que a todos nos cuesta tolerar el rechazo, pero hacer lo que hizo la zorra de la fábula es peor. Porque terminás demostrando que sos un loser total y encima no te lo bancás.

Lo mejor es retirarse con la dignidad que nos quede.


Bueno, ya que me puse moralista, permitan que este pobre blog les deje algo: Locas (y no locas), cuando alguien los rechace piensen que ellos son los boludos que se pierden estar con ustedes, que son maravillosas y hermosas. Y nunca, nunca, nunca digan “es una pasiva de cuarta!”, porque las que van a quedar como pasivas de cuarta son ustedes mismas.

sábado, 6 de marzo de 2010

Nunca le cortes el pelo a un hombre


Hace mucho (como 10 años) mi amiga Mariela conoció a Juan Pablo.


Mariela era por entonces una veinteañera morocha de ojos verdes, tetona y con cinturita de avispa entre cuyos ex novios figuraban rugbiers, futbolistas y hasta un corredor de rally (sólo por esas pequeñas cosas tenía que ser mi amiga, claro).


Juan Pablo era un veinteañero morocho cuya cara no se podía ver bien a causa de la barba, los granos y las ojeras entre cuyas ex novias figuraba alguna que otra gordita calentona de pocas luces y, tal vez, una solterona amargada con ganas de carne joven.


Juan Pablo, por supuesto, deseaba cogerse a Mariela y Mariela, por supuesto, deseaba que Juan Pablo desapareciera de la faz del planeta (o al menos, del boliche donde estaban).


Y como suele ocurrir en estos casos, terminaron en la cama esa misma noche.


Pero eso no fue todo. Unas semanas después, en un asado de no sé quién, apareció Mariela de la mano de Juan Pablo. Y ya unos dos o tres meses después de conocerse, estaban oficialmente de novios, lo cual representó un misterio para todos los amigos, amigas, parientes y conocidos de Mariela, ya que todos habíamos supuesto siempre que terminaría como una princesa botinera tomando daikiri en la piscina de la mansión de su esposo.


Sin embargo, había una explicación (y no, no es que Juan Pablo la cargara).


Resulta que Mariela, unos días después de conocer a Juan Pablo, fue a la farmacia y compró no sé qué crema para los granos y se la puso a Juan Pablo. Por raro que parezca, la crema funcionó y de golpe asomó un rostro humano detrás de la mata de pelos y cicatrices rojas que constituían el rostro de Juan Pablo. Pero también, Mariela agarró unas tijeras y le rebajó los cabellos a Juan Pablo, al tiempo que lo afeitó con mucho cuidado dejándole una linda chivita que lo hacía parecer menos teenager.


Más adelante, cuando Mariela ya se quedaba a dormir en lo de Juan Pablo y tomaba mates con la madre, el placard de Juan Pablo fue requisado por mi amiga, tras lo cual varios calzoncillos agujereados y remeras que sólo le hubieran servido a Cindy Lauper en noviembre de 1984, fueron arrojadas a la basura para dar lugar a Calvin Klein y Levi’s.


Poco antes de irse a vivir juntos, Mariela se enteró de que Juan Pablo, quien a duras penas había terminado la secundaria en alguna escuelucha municipal, había intentado entrar a la policía. Pero en la revisación médica le dijeron que tenía pie plano y que no podían aceptarlo, por lo cual Juan Pablo regresó a su casa a comer bife a la plancha hecho por su madre, dormir siesta y después patear un futbol toda la tarde.


Mariela lo mandó a dos hospitales, a un médico amigo y a un estudio de abogados hasta que al final, y con mucho kilombo, dejaron que Juan Pablo entrara a la policía.


Pero no duró mucho ahí, porque un tío de Mariela le ofreció a Juan Pablo un puesto de cadete en una agencia de turismo medianamente importante. Mariela empilchó a Juan Pablo como si fuera el ejecutivo principal de la empresa y no un pelotudo inservible que todos los días deposita plata en el banco. Y funcionó.


Con esa facha (y ya con cierta seguridad y confianza que agarró de tanto salir y conocer gente arrastrado por Mariela) le ofrecieron un trabajo mejor pago y con más responsabilidad.


Y entonces Mariela hizo cuentas y decidió que ya era hora de que vivieran juntos, así que dejó Psicología y consiguió de su tío un laburo en un estudio jurídico. Y se fueron los dos a un departamentito diminuto, sin lavarropas y con heladera prestada.


Poco después, Mariela tuvo que aumentar sus horas de trabajo para poder pagar a tiempo todas las cuentas. Juan Pablo tuvo otro aumento y empezó a trabajar todo el día, así estuvieron un poco mejor económicamente, pero Mariela tuvo que dejar de verse tanto con sus amistades porque ahora tenía que trabajar el doble en la casa.


Y tiempo después, Juan Pablo era un dandy con corbata que compraba perfumes importados y se escandalizaba si Mariela compraba un detergente caro. Y Mariela compraba cada vez más criollitos y lloraba a veces sin saber porqué y me llamaba a las 2 de la mañana para decirme que no aguantaba más y que iba a cortar con Juan Pablo (cosa que, por supuesto, nunca ocurría).


Hasta que finalmente, Mariela y Juan Pablo cumplieron 30 años.


Mariela se miró al espejo y vió que su cintura ya no existía, que sus tetas no estaban tan firmes como antes, que sus ojos estaban cansados y que su piel necesitaba capas de base y cubreojeras para parecer la piel de una mujer de 30.


Juan Pablo se miró al espejo y vió a un treintañero que ya sabía cómo peinarse, afeitarse, vestirse y hacerse el picante para que lo miraran todas.


Y una de las que lo miró fue Laura, una rubia desabrida y pelotuda como la mayoría de las rubias, que al lado de una mujer como Mariela hubiera sido insignificante…si hubieran tenido la misma edad. Pero Laura tenía 21 años. Y trabajaba sólo seis horas por día en la empresa de Juan Pablo mientras que el resto del tiempo se lo pasaba hueveando, comprando ropa y probando esmaltes de uñas.


Juan Pablo entonces se enfrentó, por un lado, con una rubia pelotuda de 21 años que se pintaba las uñas de 10 colores diferentes mientras miraba a Rial o Pettinato y, por el otro con una treintañera ojerosa que vivía enfurruñada porque no alcanza la plata y se lastraba 10 facturas mientras miraba a Rial o Pettinato.


Y Juan Pablo eligió lo que cualquiera en su situación -hasta Mariela- hubiera elegido.


Después del gran bolonki de llantos, gritos, arreglos económicos y pastillas calmantes, Juan Pablo se fue con Laura a un departamento de dos habitaciones y Mariela se fue a su casa con su madre.


Por supuesto, todas las amigas de Mariela que se habían resentido por cómo se había borrado mientras estuvo con Juan Pablo, reaparecieron por unos días para decir, palabras más palabras menos, que ella tenía la culpa de todo.

Ella lo había criado, lo había convertido de Ceniciento en Príncipe mientras ella pasaba de Princesa a Patito Feo.


Y Mariela, con sus casi 15 kilos de más y su mamá despotricando contra los hombres todo el día, terminó bajando la cabeza y aceptando que era su culpa. En sus ratos más filosóficos llegó a formular la siguiente sentencia: “Los hombres ven una mina y les gusta por lo que es, nosotras vemos un tipo y nos gusta por lo que puede llegar a ser gracias a nosotras”.


Yo le decía que, en el fondo, lo que definía a una persona como femenina o masculina es la presencia o ausencia del deseo de cortarle el pelo al otro. Y eso también se aplica a los gays, pero Mariela no se reía.

Durante un tiempo se transformó en un radiador de tristeza, soledad, fracaso y desolación. En sus estanterías, Simone de Beauvoir y Marguerite Yourcenar reemplazaron a Agatha Cristie y Paulo Coelho. Nadie quería estar con ella ni aguantarle los interminables llantos y mucho menos su madre, por lo que se tuvo que ir a vivir sola. Aunque en realidad, más que irse a vivir sola, se instaló y vivió intermitentemente en mi casa y en la de su mejor amiga, con los consabidos y esperables inconvenientes.


Pero un día en casa teníamos fernet y zapatos nuevos, así que tuvimos que salir a bailar. Y unas semanas después Mariela se estaba maquillando y probando aros. Y entonces llegó la dieta y el gimnasio y el celular de Mariela se llenó de nombres masculinos. Y de golpe estábamos en Brasil bailando en la playa en medio de nudistas y divirtiéndonos como nunca antes.


Y Mariela ya no tenía miedo de que la encontraran en facebook sus viejas amistades y retomó psicología y, por supuesto, hizo un curso de italiano.


Y por fin llegó la noche de gloria, cuando salimos un Sábado a tomar algo y lo vimos a Juan Pablo tomando cerveza en un bar con un par de amigos con la mitad del cabello que tenía antes y con una cara de orto que volteaba. Y apenas el Lunes, Mariela descubrió que Juan Pablo la había agregado al facebook. Y apenas el martes, ya estaban chateando por el msn.


Y Mariela se enteró por Juan Pablo que Laura era caprichosa, inútil, llorona, adicta a los antidepresivos y que cada dos meses tenía un embarazo psicológico.


Un mes después de chats y mensajes, Mariela y Juan Pablo se juntaron a coger en un hotel. Él le dijo que le gustaría verla seguido, de vez en cuando, tipo huesito. Y ella le dijo que no tenía drama, pero nunca más se juntó con él a pesar de que Juan Pablo la invitó incluso a un fin de semana solos en las sierras.


Y entonces Mariela se dió cuenta que le daba lo mismo ver o no ver a Juan Pablo mientras él la llamaba 3 veces por día y se transformó en un radiador de alegría, triunfo, felicidad y éxito. Y hasta se le pararon un poco más las tetas.


Y uno de los que le miró las tetas fue Javier, un gringo de 30 años dueño de una concesionaria que juega al paddle todas las noches y que anoche le regaló a Mariela un anillo de plata y 86 rosas, “una por cada día que llevan juntos” (puajjjj!!).


Y yo necesitaba escribir todo ésto porque hoy al mediodía, mientras Mariela me provocaba náuseas contándome todas las frases románticas que le dice Javier, me dijo: “¿Sabés que pienso? Que si el Javi se hiciera un corte militar en vez de andar con los pelos así sueltos le quedaría mucho más cheto.”


Sí, estoy por comprar un bat de béisbol para molerla a palazos.

lunes, 1 de febrero de 2010

Ahora la loca quiere ser monja


Resulta que han creado un grupo en el Facebook para recaudar fondos por lo de Haití. Resulta también que me invitaron a participar y, como estoy de vacaciones y justo estaba nublado, entré a decirles lo que pensaba de la gente que recauda fondos caritativos. Me odiaron más que al contador ése que salió en defensa del derecho de hablar a favor de ahorcar a los gays.


Ustedes dirán, sos un culiado, porqué te metés a decirles cosas feas a la gente. Y en parte estoy de acuerdo. Si se forma un grupo con un objetivo, sea recaudar fondos para un terremoto o sea hablar bien del último disco de Lady Gaga ¿qué tenés que meterte vos a decirles a esa gente que son todos unos pelotudos infradotados manejados por los medios?


Y no, no tengo porqué hacerlo. Puede que esté mal que lo haga, pero ¿porqué ellos pueden invitarte tan pomposamente a sus boludeces con total impunidad?

Me revienta que me manden invitaciones de cosas que no me interesan, que no me convencen o que no quiero pensar. Y más me revienta que lo hagan para demostrarte que ellos sí se interesan, que sí están convencidos y que sí lo piensan.


Son como los Testigos de Jehová y compañía. Cada dos o tres semanas te tocan el timbre para comunicarte que Jebús te ama y que el Anticristo ya está entre nosotros.

O sea, si vos querés creer que un judío treintañero de pelo largo sanaba leprosos y multiplicaba panes hace 2000 años, creélo. Pero no me lo vengas a contar, primero porque ya me lo contaron y segundo (y más importante) porque no me interesa.


Si vos querés creer en Jebús, creé. Yo voy a pensar que sos un pelotudo, un hipócrita, un cómodo, etc. como también habrá quien piense que sos buena persona y te vas a ir al cielo. Pero aunque yo piense lo peor, si no venís a darme la “buena nueva” del Señor yo tampoco te voy a decir una sola palabra de lo que pienso.


Ahora, si venís a contarme tus creencias, bancáte que te diga de todo o poné oídos sordos y andáte a contárselo al vecino, a ver si él te cree. O mejor aún, convencéme que la Biblia fue dictada por un Dios Padre con barba y tiara que ama a los humildes y no por un grupo de políticos romanos que querían mantener sometido al populacho.


Volviendo a lo de Haití, el terremoto ha tenido consecuencias hasta en los perfiles de manhunt. Hay un par de locas muy románticas y educadas que han llegado a publicitar ese grupo de facebook en sus propios perfiles.

Digo yo ¿es una nueva forma de levante? Ahora no sólo te dicen, “soy bi masculino”, “soy casado tapado”, “tengo un pinchilón de 33cm” sino que encima te ponen “yo recaudo fondos para los pobres y desgraciados”.


Y, lo peor de todo, es que no va a faltar una loca que le diga “Ay, qué buena persona que sos. Ojalá hubieran más como vos”


Sí, realmente cuánto amor, cuánta caridad, cuánta preocupación por el ser humano, cuánta consciencia social que tiene ésta gente. Porque mirá que todos los días se muere gente en Haití desde que se independizaron de Francia (y antes también), pero ahora se murieron muchos de golpe y entonces algunas locas se enteran que existe una isla llena de negros muertos de hambre a los que, para colmo, se les cayó el techo encima.


Me pregunto cómo reaccionaría esa gente tan humanitaria si mirara alrededor, acá nomás en Córdoba, en la misma ciudad capital y viera la cantidad de gente que se muere a diario no porque se les cae el techo encima sino porque apenas toman un vaso de agua potable por semana y gracias.


Pero claro, esos negros no cuentan, no tienen el glamour de los números. No son setenta mil heridos ni cien mil muertos, son sólo un par de negritos que uno ni mira y que se están muriendo en la calle, al lado nuestro. Los periodistas no les dan bola, salvo esos días que no tienen noticias y te arman, con música tétrica, la “penosa historia de ramoncito” o “el tremendo esfuerzo de doña petronila”.


Entonces a ninguna loca se le ocurre derramar lágrimas y –mucho menos- donar unos pesos para esa gente, porque esa gente no tiene prensa. No sale en la primera plana como los damnificados de Haití.


¿Hoy la tele y el diario nos hablan de Haití? Ahí están todas las locas imbéciles (y los heteros también, por supuesto) donando plata (y encima andá a saber quién la recauda) para sentirse la Madre Teresa (y claro, para algunas es más fácil eso que intentar ser Britney).


Ese humanitarismo express me da asco. Haití es el país más pobre de América desde hace años. ¿Tenía que moverse la tierra para que se despertara el espíritu humanitario de estas pelotudas que viven mirando fotos y jugando mafia wars en el face?


Ahora, otra cosa. Si a vos te duele ver las imágenes de Puerto Príncipe devastado y la gente robando comida o, mejor, al ejército yankee instalándose como en su casa y querés hacer algo bueno ¿qué necesidad tenés de publicarlo? ¿y encima en el facebook??


Claro ¿es que de qué sirve mandar comida o plata si los demás no se enteran? La Iglesia vive mostrando los números de la gente a la que ayuda haciendo caridad, cuando el mismo Jebús dijo en el evangelio que cuando uno da debe hacerlo en secreto y con vergüenza (pero claro, los que menos leen la biblia siempre son los que la predican y ganan plata con ella).


Y si sos tan zurdo y tan humano, andá a armar un grupito que recaude fondos para los muertos, heridos, lisiados y torturados con placer y saña que tiene Irak a diario. Quiero ver cuánta gente se te une.


sábado, 28 de noviembre de 2009

Jeans y zapatillas


Me quejo del chat, pero la verdad no sé que haría sin él porque para levantar tipos en un boliche soy un queso.


La otra vez salí a bailar con una amiga lesbiana que acababa de cortar con una especie de novia que tuvo y, como yo, ardía en deseos de reventar la noche. Así que nos juntamos a cenar en su casa, tomamos unas cervezas, fernet y decidimos ponernos bien sexys. Yo me basé en el cubreojeras milagroso, el perfume importado que compramos entre 5 locas y una combinación cromática perfecta en mi indumentaria. Mi amiga se contentó con una remera verde, jeans y zapatillas deportivas. Ni siquiera se peinó (pero se lavó los dientes).


Así nos fuimos los dos, del brazo y super contentos (o, más bien, alegres) a bailar y romper corazones.


Dos daikiris más tarde, estábamos bailando en medio de la pista tratando de acercarnos a un grupito de tortas que mi amiga quería ver más de cerca. Yo estaba medio aburrido porque todos los tipos me parecían feos y ya estaba empezando a deprimirme y a pensar que me he vuelto una loca exigente como tantas cuando, de repente, lo ví.


Era la perfección hecha hombre. Al menos para mí. Un morocho de labios carnosos y mirada triste, encima peinado y vestido perfectamente. Y lo que me mató: arito en la oreja. Parecía el chico malo de una novela mexicana y ochentosa. Es decir: mi tipo.


Estaba bailando con dos chicas que parecían de 18 años como mucho y no parecía muy divertido. De golpe, e inevitablemente, me vió. Y, sobre todo, vió cómo le clavaba la mirada. Empezó entonces el jueguito de “te miro/me mirás”, “yo no te miro/vos me mirás”. Estuvimos así como cinco minutos y así me dí cuenta que yo también le interesaba. Sino, me hubiera esquivado la mirada o se hubiera hecho el sota.


La cuestión es que, en ese momento clave, no me atreví a encararlo. Demasiada belleza intimida y me quedé colgado con el jueguito de las miradas, aunque tironeando a mi amiga para tratar de acercarme más a él. Al ratito, se agachó a decir algo en la oreja de una de sus amigas y se fue. Entonces aproveché mi total ausencia de miedo con las mujeres (y mi grado de alcohol en la sangre) y me acerqué a hablar con ellas.

- ¿Adónde se fue el potro de tu amigo?- le dije a una.

- Al baño- me contestó, divertida

- Ah, bueno, entonces lo voy a esperar.

- Jaja, dale- me dijo.


Seguí bailando con mi amiga cerca de ellas y, mientras le explicaba la situación ¿qué pudo pasar? Apareció un pendejo rubio, con bronceado perfecto y unos bíceps de película que exhibía con total obscenidad. Era algo cachetón, pero muy lindo, realmente. Y lo más importante de todo, no dejaba de mirarme. Yo miraba para otro lado y volvía a ver hacia su zona y me seguía mirando. Encima con una media sonrisa que rayaba lo lascivo.


Estaba acompañado por una loca horrenda y barbuda que también me miraba, aunque con respeto. Se vé que ya veía las intenciones de su amigo.


En ese momento, el morocho medio que se me desvaneció. Pero pensé en el arito de nuevo y me dije “Tengo que esperarlo al otro, no puedo ser tan bosta”. Así que seguí bailando tratando de ignorar al rubio, cosa imposible, ya que se me iban los ojos, pero al menos no respondí sus sonrisas.


El rubio empezó a acercarse cada vez más hasta que quedó prácticamente al lado mío. El bailaba sin parar con su amigo pero sin dejar de mirarme y buscar mis ojos. Ya se ponía tensa la situación cuando volvió el galán mexicano. Al pasar junto a mí para llegar a sus amigas, me poseyó alguna cosa loca y le dije: “Sos el chico más lindo del boliche”. Ahí nomás sonrió y, con mucho afeminamiento me dijo “Gracias, pero estoy esperando a mi novio que ya llega”.


“Ahhhh, bueno”- le dije- “disculpá entonces”. Y me dí vuelta y seguí bailando con mi amiga.


Por supuesto el rubio vió todo y antes que yo me diera vuelta ya se había alejado como dos metros de mí. Empecé a pensar cómo hacer para acercarme a él de nuevo pero me sentí tan pavo que le dije a mi amiga que saliéramos.


Dimos una vuelta un rato y después subimos al primer piso. Desde ahí lo ví al rubio bailando con dos tipos más. Uno le manoseaba los pectorales y él se dejaba como si nada. Pero no parecía muy contento.


Al rato ví que se alejó con su amigo y se fue a la otra punta de la pista. Mientras mi amiga se babeaba con una travesti que apoyaba los codos en la barra para exhibir mejor la cola, yo pensaba en si debía o no debía acercarme al rubio de nuevo. En eso, a unos metros de donde estaba yo, lo veo al morocho con sus amigas mirándome. Apenas vió que lo ví miró para otro lado y sonrió. Era obvio que lo del novio era un cuento pero yo no entendía porqué ese jueguito de miradas si después se iba a hacer el boludo. Me negaba a creer que fuera histeriqueo puro, pero no había otra explicación.


Por otro lado, no dejaba de pensar “si lo hubiera hablado apenas empezamos a mirarnos seguro se me entregaba”. Es decir, concluí que fue todo culpa mía por no avanzar en el momento adecuado.


Más tarde, bajando las escaleras, lo ví al rubio enterrando la lengua en la boca de un pelado y ahí supe que me había quedado sin el pan y sin la torta. Lo peor es que el rubio me vió mientras yo lo miraba besándose con el otro y me juego la vida que tuvo un orgasmo al ver mi cara de arrepentido.


Ojalá yo hubiera encontrado algún otro potro para tranzarlo delante del morocho, pero ya se acababa la noche y sólo quedaba la resaca.


Mi amiga, en cambio, se tranzó a la mitad de las tortas del lugar y se fue a su casa con una petisa tetona (que, según ella, son las mejores). Quizás el secreto es usar jeans y zapatillas deportivas. Y no peinarse. Pero, a esta altura de mi vida, no me considero capaz de salir a bailar así.


Habrá que seguir chateando.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Top Ten


Uno de mis blogs favoritos es La Peleadora, de Carolina Aguirre, a quien seguro todos conocen. Me encantan todos sus blogs, pero cuando leo La Peleadora me pongo de tan buen humor que no me reconozco. Así que hoy, en un ataque de hedonismo, me puse a imitar su estilo y me salió ésto:


Diez cosas que odio del chat


10. Los que te piden el msn de una. Esa gente que abre un privado con la sigla “msn?” me contraría. O sea, ¿Porqué te voy a dar mi msn si no sé nada de vos? El nik dice “Pablo_Arg”…podés ser cualquiera, desde Pablo Echarri a Pablo Ruiz, y hay muchos Pablos en el medio de esos dos a quienes no quisiera tener en mi lista.

¿Qué se piensa esta gente? ¿Que estoy necesitado de amistades y le doy mi msn a cualquier boludo?¿Quién mierda se creen que son para pedirme el msn así? Y encima, como no les contesto nada, empiezan con el “estás?”, “che, pibe, te pasa algo?”, “contestá, che”. Y, por ahííí, al último, dicen la palabra con la que debería empezar cualquier conversación normal: “hola”.

Pero no es para saludar sino para verificar si estás o no.


9. Los niks que tienen la palabra “facha” y cualquiera de sus derivados, como “fachero”, “fachita”, “fachon”, “facherazo”, “fachin”, “fachis”, etc. , y no es por ninguna connotación fascista sino más bien por lo cómodo que es usar esos adjetivos. Es decir, todos tenemos facha de algo, la cuestión es de qué. Algunos tienen facha de ser modelos y otros facha de ser chorros. Los chicos realmente facheros, no te dicen “soy fachero”, te dicen “soy lindo”. O se ponen “lindo” de nik. El tema es que no le tienen miedo a la palabra “lindo”, porque no es lo mismo ser “lindo” que “tener facha”.

Y, digamos la verdad, ¿cuántos tipos dicen “no soy Brad Pitt, pero tengo mi facha”? Yo diría que TODOS (excepto Brad Pitt, claro) lo dicen, desde el más lindo hasta el más feo. Y no estoy exagerando ni aprovechando una cuestión de semántica. Es un problema real. Después pasa que llegás a la esquina acordada para encontrarte con “PibeSuperFacha_23” y resulta que ninguna palabra –ni cifra- de su nik es coherente con la realidad. Entonces, entre el enojo y la zaña, uno dice: “para qué te ponés “SuperFacha”?”. Y el muy caradura te responde: “Y bueno, tengo mi facha”.

Aceptémoslo: la palabra “facha” debe haber sido inventada por algún feo resentido. Hay que erradicarla pronto del vocabulario para evitar más confusiones.

Y antes de que un moralista me salte a defender a los feos, voy a resaltar y dejar bien claro el hecho de que no me estoy quejando de que haya tipos feos. Me estoy quejando de que hay tipos feos que digan ser facheros.


8. Los que mienten mal. Sí, mal. Porque si vamos a mentir, mintamos bien. Una mentira bien hecha sí tiene patas largas, sólo hay que calcular el tiempo para mantenerla.

Hay tipos que no mienten tan mal. Te ponen fotos que son robadas de espacios del msn o del Facebook y no de páginas porno -cosa que no parezca tan cebado- y te cuentan historias más o menos posibles, como que trabajan en un call o que estudian medicina. Y sí, uno a veces les cree y se engancha y después, cuando les pedís el celular, se desconectan y desaparecen para siempre, cual Cenicientas a medianoche. Pero bueno, al menos te queda la duda de zapatilla de cristal. Y sabés dónde metértela por gil.

Los que sí me enervan son los mentirosos descuidados. Estos siempre empiezan diciéndote una cosa y después la cambian sin preocuparse por contradecirse. Su nik dice “ActivoTaladro” o “MachazoAnimal” pero sus mensajes dicen “rompéme la cola, papi”, “te la chupo hasta que se te salten los ojos”, etc. También están las locas que en sus perfiles dicen ser masculinos, tapados, discretos y hasta capaz casados, pero te mandan mensajes diciéndote que, por vos, se hacen pasivas y se ponen tanga. Y si no me creen, hagan la prueba un día y entren al chat diciendo que son activos. Les van a hablar toooodos los activos que hayan en la sala diciendo que tienen ganas de probar.

Otras locas más huecas prefieren mentir con la imagen y ponen fotos de actores porno o de modelos que viste en 80 páginas web y capaz en alguna revista porno. Encima a veces usan la de varios tipos diferentes (que hasta tienen tatuajes en zonas diferentes), pero te siguen sosteniendo que son ellos y que si no les querés creer “vos te la perdés”.

Después están las divinas que te mienten con la edad. Te sostienen a morir que tienen 17 añitos y son vírgenes pero al ratito los ves discutiendo como locos fanatizados sobre Malvinas, Montoneros o, peor, Evita. Si les preguntás qué son en el zodíaco chino tardan un buen rato googlesco en responderte (cuando sería más fácil contestar rápidamente “ni idea qué soy”). Se saben de memoria la transformación de Mumm Ra pero ignoran lo que es un Pokemon y si les preguntás qué música escuchan, recurren a la omnipresente Madonna para salvar las papas.


7. Los que ponen de frase en el msn “borrando contactos” o “limpiando el msn”. Te lo ponen en el tono de un ultimátum, pero lo más triste es que uno los tiene no admitidos desde hace tiempo.

Algunos tienen hasta el tupé de escribir “borrando contactos, abrazos a todos!!” como si fueran Elvis Presley despidiéndose de las fans que no seleccionó para coger esa noche. Por favaaar!! Si tan solicitadas están ¿qué necesidad tienen de anunciarse así?

Después están los que, además de esa creidura inconcebible, tienen una agresividad resentida incurable. Te ponen “borrando imbéciles”, “deshaciéndome de inútiles”, “sacando la basura del msn, je je je”. El caso extremo es: “si no querés que te borre, habláme”. O sea ¿tan pasivas son que ni siquiera pueden iniciar una conversación ellas mismas? Locas, sépanlo, si nadie les habla no es porque no se atrevan sino porque no les interesa, Si quieren que alguien les hable y no lo hace, abran el diálogo ustedes o llámenle la atención de alguna forma original, pero no usen esas frases de locas desesperadas…parecen madres abandonadas echando cargo de consciencia a sus hijos.

Por otro lado ¿Dónde se ha visto que alguien “limpie” el msn? ¿Tanto aman al Cif?? ¿No les alcanza con refregar la cocina y el inodoro, también quieren tener el msn brillando? Que yo sepa, podés tener todos los contactos que quieras en la lista, y si de repente estuviera llena, borrás a alguno que tengas desadmitido y listo, sin andar publicándolo…como si a alguien le interesara cómo administra sus contactos una loca limpiadora y fregona.


6. Los que ponen frases futboleras para hacerse los machos. ¿Existirá en el universo algo más patético que un gay hablando de fútbol (o de cualquier deporte) imitando a un chongo? A veces entro al msn y veo que alguna loca que alguna vez me succionó el pene como sanguijuela angurrienta tiene de frase “pasamo’ a la “A”!!” o “Aguante la “B”, carajo!!”.

¡Pero por Dior y la Virger!!! Tienen tantas ganas de ser hombres que no se dan cuenta lo mal que quedan con esos torpes arañazos masculinos de niño púber. Porque lo peor es eso: que estas locas realmente piensan que la gente les cree que no son locas. O sea, no es tan importante el hecho de que ellas tengan vaya a saber uno qué trauma con su masculinidad y su lado femenino; lo importante es que mienten y fingen todo el tiempo creando una imagen que nadie se atreve a tirarles abajo por lástima o porque resultan realmente patéticas.

Digo yo, si te querés hacer el macho, empezá por dejar de preocuparte por lo que digan/piensen los demás y no te pongás a hablarme de “Boquita” o “los piratas” cuando te comés pijas hasta con las orejas.


5. Los que hablan sin vosear. Salvo que seas una panameña, chilena o peruana, etc., perdida en la Argentina, no tenés ninguna excusa para decir “quieres que nos encontremos?”, “puedes darme tu msn?”, “que te gusta a ti en la cama?”, etc.

Loca ¿Cuántas novelas mexicanas te viste??? Los argentinos no hablamos así nunca jamás. ¿Porqué entonces esa necesidad de hablar como Paulina Rubio por chat??? ¿Dónde quedó el amor por nuestras costumbres??? ¿Qué diría María Elena Walsh???

Lo extraño es que hay locas que se creen más educadas hablando el castellano neutro. Capaz que hablar así las haga sentir en el medio de una película yanqui doblada en video records o, más bien, en la vecindad del Chavo. Pero digo que es extraño, ya que la mayoría de los argentinos asociamos esa forma de hablar con los inmigrantes bolivianos o peruanos que no son precisamente muy queridos (y mucho menos por las locas). Y por las dudas (de nuevo) advierto que no estoy atacando a ningún extranjero, ni a la forma de hablar en otros países, etc. Sólo me enferman los argentinos que no hablan como argentinos por chat.


4. Los que tienen una ortografía del orto. Y no sólo la ortografía, sino la gramática, la redacción, etc. Ni hablar de los disléxicos (que no son disléxicos sino imbéciles).

Ta’ bien, acá hay que aclarar algo: hay mucha gente que escribe para el culo y no es precisamente inculta. También hay gente que escribe para el orto y, efectivamente, es inculta. Pero el problema, de nuevo, son las locas que escriben para el orto y así y todo se sienten “cultas” y encima te lo dicen o te dicen alguna frase onda “yo soy top”, “soy diferente a los demás”, “me dan asco los negros”, etc.

O sea, escribir mal no es tanto el problema, el problema es que algunas locas no se dan cuenta que, en un chat (y, mucho más todavía, en la vida real) la forma de escribir es parte de la imagen que uno proyecta. Entonces no da para hacerte la top super fina si no sabés dónde poner la h o cuándo se pone un acento y cuándo no. Es cierto que la mayoría de la gente escribe mal, pero eso tampoco tapa que uno escriba mal. Y si encima estamos fingiendo ser una refinadísima loca de la alta sociedad que mira por encima del hombro a los limpiavidrios, quedamos un poco ridículas. Un limpiavidrios tiene toda la excusa de no saber poner un acento. Vos, loca bruta que terminaste el secundario y tenés un plato de comida cada día asegurado, no.

Y ojalá el problema fueran sólo los acentos. Porque algo mal escrito que más o menos se entienda es una cosa. Una s o una c fuera de lugar no importa mucho, la verdad. Si no hay acentos, los inferís por el contexto. Pero cuando alguien te pone “aaaa sttu que no gahllega xq la gconesion nojandfa” por ahí tardás un poco en entender “Ah, no te llega la foto porque tu conexión no anda” o “Ah, es tu conexión la que no anda por eso no te llega”… o, al menos, eso creo que me dijeron.

Es decir, locas, o agarran el manual de Ortografía de segundo grado que jamás agarraron por tener las manos bajo el guardapolvo del compañerito de banco o siguen escribiendo como negras villeras. Pero si vas a escribir como negra villera, no digás que vivís en un country o que salís a La Estación, porque eso no tapa nada. Sólo da pena.


3. Las locas que no se muestran. Ta’ bien, hay locas que son tapadas, discretas, cobardes, miedosas, traumadas, católicas, anacrónicas, estúpidas, pendientes del qué dirán o, simplemente, muy feas; por lo tanto, no ponen fotos en su perfil ni en su msn ni jamás se muestran por cam. Todo bien con eso. Si no querés mostrarte, no te mostrés, pero después no esperés que te den bola. No hay ninguna ley que diga que la gente sin foto deba ser discriminada, ignorada o desadmitida, pero así como hay argentinos que quieren tener luz, gas, agua y casa sin pagar nada, también hay locas que quieren que les digan “sí, cojamos ya!!” sin tener que mostrar ni un dedo.

Estas locas sin foto te mandan mensajes a vos, que sí tenés fotos, invitándote a coger de una. Y vos, claro, les decís que no o ni les contestás pero ellos igual siguen. Empiezan a mandarte mensaje tras mensaje insistiéndote y vos, todavía paciente y educado, les decís que buscás gente con foto. Hasta que de golpe, les cae la ficha de que no les vas a dar bola y ahí sí te putean de arriba abajo llamándote histérico, vueltero, superficial, etc., y pronosticándote un aburridísimo y espantoso futuro sin sexo (tan diferente al de ellas, rechazadas hasta por uno).

Por ahí te juegan la carta de “mirá, soy muy tapado (o bisex, o casado, etc), no se me nota nada, nadie sabe lo mío, por eso no me muestro” esperando que uno se entregue sólo por estar con alguien masculino. Pero, che, locas discretas, sepan dos cosas: Una, la masculinidad no es todo, lo físico también importa. Jack Nicholson es muy masculino (encima es un actorazo y está forrado en guita) pero, así y todo, no lo tocaría ni con un palo (y ustedes tampoco) …Dos, ya todos sabemos que los tapados/discretos/casados, etc. son los más pasivos, así que menos bola les van a dar con ese verso.


2. Las locas que se muestran y no deberían. O sea, todo bien con que te quieras y tengas autoestima…pero ¿dónde quedó el sentido de la realidad??? Existen parámetros de belleza en la sociedad, nos guste o no. Algunas personas están dentro de ellos, otras no. Si uno no lo está, lo mejor que puede hacer es ser humilde y aceptarlo y no andar por ahí mostrándose como si realmente alguien quisiera vernos. Está muy bien poner una foto de cara para que vean que no somos Brad Pitt y alguna de cuerpo para que vean que no somos Meolans. Pero ya llenar de fotos con uno en pose levantando la patita, o agarrándose la cosita o abriendo la colita es como que termina siendo contraproducente. Porque por ahí un tipo feo pero más o menos serio levanta algo, pero una loca horrenda mostrando todas sus partes y emulando a Marky Mark ¿qué reacción puede producir que no involucre náuseas, risas y/o lágrimas?

Si no tenemos abdominales ni pectorales ¿qué sentido tiene mostrarse en cuero? ¿porqué ponerse en pose mostrando los bíceps cuando no hay bíceps? No caigo.

Porque está todo bien con ser feo, pero los feos NO son modelos. Aceptémoslo.


1. La gente que escribe “jeje”. Mirtha y Susana deberían organizar una marcha exigiendo tortura, fuego y fusilamiento público y televisado para esta gente.

Detesto que me pongan “si queres nos juntamos a tomar un café…o a hacer lo que vos quieras, jeje”, “no soy tan dotado pero tengo lo mío, jeje”, “uyy qué linda boquita, jeje”. Aunque lo peor de todo es “hola, jeje”.

¿Porquééé??? ¿Porqué el jeje???? ¿No les suena a la risita pervertida de un viejo pedófilo??? ¡Además, o hay nada peor que alguien que se ríe de sus propios chistes!!! Y si la idea es hacer distendida a la frase, pongan un emotikon sonriendo. O pongan “jajajajajajaja” o “jojojojojo”. Pero ¡basta de “jeje”, por favooooooooooorrrrrrrrr!!!!

Y no quiero ningún gracioso que me deje de comentario “jeje” ¿ok?????

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Ese maldito huesito



Hace ya mucho tiempo que decidí dejarme de romper las bolas con estar de novio y vivir la vida loca a pleno. Mi idea era tener libertad y no tener que cargar con los dramas/problemas de nadie. Todavía recuerdo la noche que volví a casa tras una discusión con mi ex (que encima ya era mi ex por entonces) y me dije: “De ahora en más, sólo voy a tener sexo”.


Estaba harto de las exigencias y de la falta de libertad que me habían agobiado estando en pareja. Me rompía las bolas tener que decir qué iba a hacer a tal lado o a dónde iba a estar a tal hora, con quién me iba a ver y con quién no, etc., por más que fueran las boludeces más inocentes que pueda hacer una persona, gay o no.


Pero me salió el tiro por la culata porque, desde el día que tomé la actitud de “no más parejas”, no paré de recibir propuestas de “formalizar”, “tener algo más serio”, “probemos algo más que sexo”, “casémonos en Holanda”, etc.


Porque, al contrario de lo que sostienen la mayoría de las telenovelas de Andrea Del Boca, son la indiferencia y la frialdad las que parecen despertar el deseo de los otros en emparejarse con uno y no la atención constante ni la calidez.


Y así fue como, gracias a tomar esa decisión (y también gracias al Chat y luego al celular), formé un selecto grupo de “huesitos” a los que llamar cuando ando con alguna urgencia de la naturaleza y no tengo ganas de levantar alguien nuevo.


Es decir, mi idea era ahorrar tiempo, esfuerzo y complicaciones a la hora de buscar sexo…pero este libertino, promiscuo y alocado mundo de huesitos, amantes y relaciones casuales es más desgastante de lo que parece desde afuera. Sí, claro, es un poco menos pesado que estar de novio, pero igual tiene sus problemas.


Para empezar, hay que estar combinando horarios, una de las actividades más desgastantes y odiosas que puedan existir. Uno ya tiene que hacerlo en el trabajo, en el estudio, en la familia, en las amistades con todo el kilombo, peleas y stress que eso implica. ¿Y encima tiene que hacerlo con sus amantes que, supuestamente, sólo están para desestressar y dar placer?


El otro día, un martes era, me suena un mensaje en el celular y, como siempre, lo abro alegremente pensando en quién sería. Ya ver el nombre –Mario- me quitó el 80% de la alegría. Mario es un tipo muy lindo. Muy, muy lindo, realmente. Se cuida el cuerpo y la imagen más que 100 metrosexuales juntos y tiene mucha energía “láctea”…ponéle hasta 3 polvos aceptables en un encuentro. Y, digámoslo, porque sí importa, está muy bien equipado. Ahí y por todas partes.


Pero tiene 42 años. Y aunque físicamente no lo parezca, por dentro sí es un señor mayor. O más bien, una señorona. Es decir, tiene formas y valores de los años 60-70 y mañas de loca vieja con plata pero sola en la vida.


Supongo que a él y a algunas locas les parecerá re top pensar que vive solito en un enorme caserón de barrio Jardín, todo para mostrar que puede pagárselo. Pero a mí eso me infunde más tristeza que otra cosa. Algo tiene su casa que me transmite infelicidad, a pesar de los gritos y gemidos que me ha hecho pegar contra las sábanas.


El tema es que leo el mensaje y me dice “Hola, lindo, qué hacés este viernes a las 22:15?”


Mi primera reacción fue cerrar el celular con bronca. Después lo volví a abrir para leer de nuevo. Sí, era martes y me estaban preguntando qué tenía pensado hacer un viernes.


¡Pero, Dior mío!! ¿De nuevo lo mismo? Corté con mi ex, abandoné un laburo de buena guita, no contesto las llamadas de algunos amigos y me puteo cada dos días con mi vieja simplemente porque detesto el hecho de tener que explicar mis horarios. ¿Ahora me lo tenía que bancar de Mario???


No, no, no.


Pero en realidad, lo que más me reventaba no era el hecho de tener que dar explicaciones de dónde iba a estar el viernes a las 22:15 sino el hecho de tener que pensar en dónde iba a estar en ese día y hora.


¿Qué se yo lo que iba a hacer el viernes??? ¿No sabía si iba a estar vivo al fin de ese martes y este pelotudo me preguntaba por el viernes??? Los martes no se piensa en el finde, se piensa en cómo solucionar los kilombos del lunes (que son los kilombos de la semana anterior) sumados a los del día actual.


Por otro lado ¡nada menos que por el viernes me pregunta!!! El viernes no es un día para huesitos, es un día para los amigos…es para salir, para ir a comer, al cine, al teatro, a bailar, a jugar al truco a la casa de alguien, a quedarte mirando una película en la cama comiendo pizza…Y todo eso si es que no laburás el sábado.


No me digan que no es un desubique total preguntarle a alguien un martes lo que piensa hacer el viernes. ¡Y a las 22:15! Si no es que ese finde hay un cumpleaños o algo así, no hay derecho a hacer esa pregunta. De última se dirá “che, podríamos hacer algo este finde”. Pero siempre, siempre me pondrá los pelos de punta que alguien (sea mi novio, mi hueso, mi amigo o mi enemigo) me pida mi horario exacto. ¡Y más si es el de un viernes a la noche!


Comencé a escribirle un mensaje terrible. Pensaba las palabras más hirientes que se me ocurrían para decirle y luego las cambiaba por sinónimos que sonaran aún peor.


Pero, como suele ocurrirme cuando escribo, el odio y el enojo que inspiraban mis dedos se me fueron apagando. Para colmo, al teclado del celular no se lo maneja tan rápido como al de la compu y no había escrito la mitad del mensaje cuando ya me había desahogado.


Entonces pensé en inventarle algo, pero eso no me gusta desde la vez que inventé estar enfermo para no ir a un cumple y terminé cayendo con otros amigos al mismo bar que festejaba mi amigo cumpleañero. Córdoba será muy grande, pero con mi mala suerte me alcanza para que me pasen esas cosas.


Se me ocurrió contestar con un seco “no sé, por?” pero ya me imaginaba la respuesta “porque estaría buenísimo que vinieras a mi casa así te hago el amor despacito primero y a lo loco después” o alguna otra boludez así.


Finalmente, pasaron como 15 minutos pensando en qué contestarle y lo dejé todo en un sencillo silencio.


Lo cual fue lo peor que pude hacer porque Mario, al parecer, también estaba teniendo uno de esos “martes” y al rato me llegó otro mensaje suyo: “Bombón, si te escribo para preguntarte algo estaría buenísimo que me respondas, así yo voy armando mis tiempos, no creés? Contestáme, sí?”


“Grrrrrrrr” gritó todo mi ser. Después de su desubique inicial no podía hacer nada peor que usar ese tono de persona correcta, educada y con principios. ¿Encima que me pone en un aprieto me pasa la responsabilidad moral de no saber resolverlo ni tener ganas de intentarlo???


Para colmo, me dijo bombón…¡puajjjjj!!!


Cerré el celular y me concentré en mi vida, tratando de no pensar para no enojarme más.


Pero al ratito sonó de nuevo: “Rubio, qué pasa que no me contestás los mensajes?”.


¡Ahora ya no me decía bombón!!!!

Ta bien, detesto que me digan así. No hay palabra que me de más escozor que esa ¡Pero por el simple hecho de no contestar un mensaje desubicado, la dulzura de mi persona ya no era comparable a la de una golosina!!


A los 5 minutos ocurrió lo peor. Mario me llamó por teléfono. Era contestarle en ese estado de indignación total o ignorar su llamada, así que la ignoré, señal de que todavía me interesaba mi relación con él o lo hubiera mandado a la mierda de acá hasta el próximo viernes santo.


Llamó 3 veces más en ese día. No le atendí.


Al día siguiente (apenas un miércoles!!) encontré un extenso mail dirigido hacia mí por su persona, transmitiéndome su decepción ante mi falta de respeto a los “códigos” de conducta universales (que, por supuesto, son los que él tiene).


“Yo fui educado de una manera” –rezaba su mail- “en la cual aprendíamos a respetar y valorar enormemente los esfuerzos de los demás por aproximarse a nosotros y si alguien me dirige la palabra, me llama o me manda una carta o un mensaje yo le contesto inmediatamente, aunque más no sea un “no puedo” o “no quiero”, porque yo sé lo que les cuesta a los demás dedicarle tiempo a pensar en mí y lo valioso que es que alguien piense en vos y te quiera invitar algo. De la misma forma en que a mí me cuesta hacerlo por los otros. Es sólo una cuestión de principios.”


¡Por Diorrrr, loca!! ¿Qué te pasó?? ¿Estuviste una semana en Buenos Aires y volviste hablando de tu vida, tus formas, tus valores y tu excelente educación como hace cualquier loca porteña promedio durante los dos últimos tercios de su vida?


Aunque la peor frase estaba al final:


“El día que nadie te escriba ni te llame, Rubio, vas a aprender a valorar a la gente que se preocupó y pensó en vos alguna vez, pero entonces ya va a ser muy tarde”


¡Ahhhh, no, papito!!! Cruzaste la raya. ¿No sólo te hacés el moralista barato sino que querés aplicar en mí el terrorismo estúpido que usan todas las locas abandonadas y amargadas??


Ahora verás:

“Yo fui educado de una manera” empecé a contestarle “en la cual aprendí que el respeto no es un derecho a esperar sino un premio a ganar. La gente que te respeta de verdad lo hace porque supiste enseñarles a respetarte y porque nunca cometiste ningún desubique con ellos. El verdadero respeto nace de una conducta respetuosa y no de unos supuestos valores comunes, por lo demás totalmente estúpidos, que no practican ni siquiera los mismos giles que los predican.

Si yo decido no contestarte, ésa es mi respuesta y así deberías tomarla. Podés enojarte, pero no acusarme de maleducado sólo porque no tengo ganas de respetar a alguien que no me genera respeto sino tristeza, compasión o risa”.


Y, para sepultar su último graznido:


“ El día que nadie me llame ni me escriba, disfrutaré la soledad de la misma forma en que la disfruto hoy junto con la compañía de la gente que me quiere y piensa en mí y me desea en su vida, cosas que, como el respeto, me lo gané actuando de una manera amable y simpática, nunca desubicada o molesta”


Escribí muchas cosas más, todas contestando párrafo por párrafo aquel mail detestable.


Pero no apreté el enviar. Lo archivé por las dudas, pero sabía que jamás se lo mandaría. Es que si lo hacía, iba a terminar convirtiendo a un huesito relajante en un probable discutidor de valores éticos o, peor, en una archienemiga resentida (con las locas nunca se sabe, menos con las viejas de virtuosos “principios)


Al mediodía, abandoné mi miedo a la mentira y le mandé un mail diciendo “Hola, como va? No te pude responder porque me dejé el celu en lo de mi vieja y recién veo los mensajes.

Este viernes no puedo, tengo el cumple de un amigo aunque no sé si voy a ir porque ando medio engripado.


Todo depende de como me sienta ese día, entendés?


Disculpá no poder haberte avisado antes. Besos.”


No hubo contestación hasta la semana siguiente, en que nos vimos un jueves a la noche y la pasamos igual de bien que de costumbre, sin ni siquiera mencionar el “desencuentro” anterior.


Me pregunto si se habrá dado cuenta de la frase que puse en cursiva. No es un tipo que tenga sentido del humor irónico ni aprecie las sutilezas, pero capaz su maravillosa y privilegiada educación le permita distinguir las fuentes de la compu.


Porque mi código es llamar cuando sienta ganas y no andar programando la semana. Quizás el viernes a la noche tenga unas ganas terribles de coger. Quizás no. A mis emociones no las controlo ni organizo, mucho menos a mis emociones futuras. ¡Pero andá a explicárselo a alguien que está esperando que le digas que querés verlo!


La vida, por muy libertina que sea, no es fácil.