
Detesto a la gente que no coge bien.
Y no es tanto por el hecho de que me hagan perder un tiempo precioso que podría haber usado para estar con alguien que sí coja bien o para hacer cualquier otra cosa más gratificante que estar con una loca traumada que tiene miedo a besar o a tocar o a chupar, etc., o que no sabe mover su cuerpo ni aunque le pongas el nuevo cd de Lady Gaga.
Los detesto porque la gente que no coge bien sólo está en el mundo para arruinarles la vida al resto de la gente.
Yo comprendo que un adolescente sea un queso en la cama por falta de experiencia. Incluso a alguien puede resultarle atractivo un pendejo que no sabe nada y hay que enseñarle y entrenarlo. Pero que un tipo grande tenga miedo de tener sexo me parece patético, imperdonable y, sobre todo, peligroso.
El sexo asusta, seguro. Desde chicos nos asusta. Biológicamente es el lugar más sucio. Psicológicamente, es el lugar que hay que estar conteniendo. Socialmente, el lugar que hay que estar ocultando. Lindas situaciones como para no generar culpas, miedos, traumas y las más diversas parafilias.
Pero, loco, no estamos en el mundo para pasárnosla teniendo miedo. Y aunque el miedo no nos abandone nunca, tampoco nos excusa para hacer las cagadas que nos mandamos por no enfrentar situaciones mal llevadas a veces durante toda la vida.
A veces el miedo viene de cosas sencillas como, por ejemplo, el dolor físico. Muchas locas te dicen “busco sexo sin penetración” no tanto por trauma sino por miedo a que después les duela la colita o porque ya tienen un paquete hemorroidal de aquellos y no se pueden ni lavar muy fuerte.
También está el miedo al sida y a todas las demás enfermedades sexuales. Generalmente, la gente mayor de 30 años (es decir, los que fueron adolescentes en los ´80/90) suele tener pánico al sida por más que sepan perfectamente cómo cuidarse y por más que les expliques 100 veces que ya no es una enfermedad mortal.
Los pendejos de ahora vienen sin forro. Pero claro, a ellos no les metieron en la cabeza que el sida era un castigo infernal para los putos sino sólo una enfermedad crónica por la cual te condenás a pagar medicamentos de por vida (igual si tenés obra social, estás hecho).
Como sea, por miedo al sida y a otras cosas, hay locas que no besan, que no la chupan o la chupan con forro, que no se dejan coger, que abrazan con miedo, que están pendientes que ninguna gota de saliva, semen o, incluso, sudor les caiga encima, etc.
Digo yo, si tanto miedo tenés, directamente no tengas sexo. Hay formas más seguras que otras, pero ninguna es garantía de que no te va a pasar nada. Para pasarla bien, además de forros y lubricante, también hace falta valor.
Pero bueno, es otra la cuestión a la que voy. La gente que le tiene miedo a una fisura anal o al sida me parece más comprensible que la gente que le tiene miedo a Satanás.
Porque, créase o no, algunas locas cogen (o más bien, intentan coger) y después rezan el Acto de Contrición.
Y si no me creen, les cuento un caso que pueden googlearlo (quizás ya lo conocen).
Hace unos años nomás, un pastor muy importante de no sé qué Iglesia rara de esas que tienen los yankees salió a hablar en contra del matrimonio gay cuando lo estaban por legalizar. Unos días después, un taxi boy morrudote de 40 años salió a decir que el pastorcito lo había contratado varias veces, no sólo para tener sexo homosexual (¡) sino para que le pasara droga.
Así, el pastorcito, que se llama Ted Haggard, perdió su alto y bien pagadito puesto de líder religioso y se tuvo que eclipsar por un tiempo.

Acá lo tienen a Ted Haggard en contacto
con Jebús.
Mientras tanto, Mike Jones, el taxi boy, apareció en varios medios contando la experiencia. En una entrevista, dijo que él no sabía nada de su cliente y se sorprendió al verlo en la tele hablando contra los gays. Fue entonces cuando pensó en deschavarlo y grabó las conversaciones por teléfono y demás. Y lo hizo.
Por eso muchos creen que todo fue preparado por alguna organización gay para hacer quedar mal a los que se oponen a que los gays tengan los mismos derechos que los heterosexuales. Pero el que llamó para comprar pija y droga fue el pastorcito, así que no hay vuelta.
Esta historia es mucho más larga y además sigue. Ahora, Ted Haggard, salió a decir que se curó de la homosexualidad en un rancho celestial y en su página sale con toda su familia sonriendo como yankees boludos.
Si no me creen, vean wikipedia o la página del reprimido éste.
Pero bueno, a mí lo que me interesó fue lo que dijo el tal Mike Jones. En un momento el entrevistador le preguntó “¿Y cómo era el sexo con su cliente?”.
Y el tipo contó que en realidad no tenían sexo sino que primero él le entregaba la droga para que se diera.
Después se desnudaban en plena oscuridad y se sentaban uno frente a otro. Teddy empezaba a masturbarse y le pedía a Mike que hiciera lo mismo. Al rato, le tocaba un poco las bolas y empezaba a pajearlo. Después se acostaba en la cama y se masturbaba él mismo hasta acabar.
Y chau, hasta la próxima, que sería unas semanas después y prácticamente igual.
Esta musculoca desagradable es la heroína de
esta historia: Mike Jones
Muchos tipos son así, sólo quieren “pajearse con otro macho”. Lo que no entiendo es que apaguen la luz, porque no lo ves al otro como para excitarte. O será que tienen miedo a mostrarse.
O será, más bien, que por ser oscurantistas prefieren la oscuridad.
Y ojo, puede ser que haya gente que disfrute teniendo sexo así. Y está muy bien, si es lo que te gusta, hacélo. Ahora, si lo hacés porque sos un cagón que no se atreve a otra cosa, andá urgente a un psiquiatra antes que empecés a hablar con
Los tipos como este Ted Haggard son unos cagones que no se atreven a vivir a pleno.
No se atreven a que los vean desnudos, no se atreven a ver mucho, no se atreven a tocar (salvo los genitales), no se atreven a besar, acariciar, franelear. Y de la penetración, ni hablar.
En fin, no se atreven a pasarla bien.
Y están los que dicen “éso es sexo entre machos”, es decir, pajearse juntos y tocarse un poco. Yo diría justo lo contrario, es sexo entre tipos tan pero tan maricones que ni se atreven a coger bien.
Igual, hasta ahí, eso sigue siendo asunto de cada uno. El pastor éste podría pasarse la vida teniendo sexo en la oscuridad -perdón, pajeándose en la oscuridad- para después ir a bautizar nenes en el río. Y con la misma mano...como hacen tantos otros.
Y la verdad que, mientras nadie lo sepa ¿qué importa, no?.
Ahora, ¿porqué esta loca tapada y traumada tiene la necesidad de salir a hablar contra los gays? ¿es una imposición de su Iglesia? No, porque podría quedarse callado, hacerse el boludo o buscar una posición conciliadora.
Pero no, el tipo, después de pajear a un desagradable gordo musculoso, sale a gritar que las locas arderemos como ardió Sodoma por cometer actos impuros.
¿Porqué?
Un abogado diría “porque es una forma de cubrirse”. Un psicólogo diría que hay un problema de aceptación personal y por eso ataca a lo que ve mal en él. Un cínico diría “porque así gana plata”.
Y capaz todos tengan algo de razón.
Pero yo diría, simplemente, que es porque no coge bien.