martes, 3 de septiembre de 2013

Gay Lantern




En un revolucionario intento de luchar por la diversidad y combatir la homofobia la DC comics, la empresa que “inventó” a los superhéroes allá por la infame década del 30, anunció en 2012 que uno de sus superhéroes más importantes saldría del closet y asumiría su homosexualidad públicamente, delante del correctísimo Superman, el caracúlico Batman, el burlón Guasón e incluso de los mismísimos fans de los comic books, que, por alguna razón hasta ahora sociológicamente inexplicable, son -en una gran mayoría- varones heterosexuales (al menos, de palabra).

Los cínicos de siempre se apresuraron a señalar que sólo éso les faltaba inventar a los directivos de DC comics para llamar la atención de los medios sin necesidad de aumentar los gastos por publicidad, mientras algunas locas luchadoras pertenecientes –o no- a los movimientos LGTTB, expresaron su conformidad (¿conformismo?) con la idea de que haya un personaje gay leído (y quizás imitado) por niños y adolescentes de EEUU y algunos países de su esfera económica.

Saliendo de la aburridamente repetitiva discusión ética de motivos y razones, lo cierto es que para algunos fans de los comics la noticia generó cierta preocupación.

Claro que cabría preguntarse, como sabiamente hizo Homero Simpson una vez, si a alguien debería importarle lo que piensan los fans. Más aún cuando son una manada de gordos barbudos con ojotas que se la pasan en internet con una mano en el mouse y la otra en la pija, la coca y/o la porción de pizza.

Pero importen o no las opiniones de los lectores de comics, la noticia generó cierto revuelo que un año después todavía no termina en algunos threads de comentarios que nadie lee. Incluso cuando ya las ventas del personaje en cuestión siguen igual que siempre, el debate sobre si un personaje de comic puede y/o debe ser gay, continúa.

Preocuparse por la orientación sexual de un personaje que no existe puede parecer incluso más estúpido que preocuparse por la orientación sexual de un personaje que sí existe. Es decir, quizás valdría más preguntarse si Tom Cruise o John Travolta se la comen o no en vez de preguntarse si Batman y Robin hacen tríos con Alfred o si la Mujer Maravilla realmente vivió toda su adolescencia en una isla tropical poblada sólo por mujeres con armadura sin hacer una tijereta ni en sus clases de lucha amazónica en el lodo. Igual, por supuesto, también hay gente que se encarga de preguntarse sobre la sexualidad de las personas reales.

Incluso hay gente que vive de ello, qué le vamos a hacer.

Pero cuando uno piensa que muchos niños crecen jugando a que son Superman o Batman, la cosa cambia un poco y entonces algunos empiezan a pensar si realmente esos tipos musculosos con capa son buenos modelos a seguir cuando empiezan a representar o encarnar ideas no tradicionales.

Porque claro, mucho no importa que un superhéroe de comic sea violento, machista, agresivo, incluso asesino, pero que sea puto es otra cosa, porque, con la misma lógica de Vladimir Putin, muchos creen que está bien que los niños puedan ver violencia pero no que vean homosexualidad.

Y ojo, que lo que menos quiero es que los superhéroes dejen de ser violentos, machistas o lo que sea. Sólo me río (o me entristezco) con la hipocresía miope de siempre que tienen los homofóbicos, que encima a veces parecen hasta convencidos de que prohibiendo algo van a lograr que desaparezca. Porque una cosa es usar ese argumento de pretexto para matar o perseguir gays, como hacen en Rusia, Irán y cia. algunos oportunistas con pretensiones de neonazis, pero otra cosa es realmente creer que tamaña huevada sea cierta, como parece ser que creen algunos conservadores.

Y pensar que, aunque tantos fans del comic actual se llenan la boca con eso de proteger las tradiciones y la moralidad, a los mismos comics de superhéroes les tocó su caza de brujas en su momento (pero, por supuesto, ninguno de ésos giles aprendió nada ni así). En la década del 50 el senado yankee armó flor de kilombo contra las historietas gracias sobre todo a las hoy increíbles -y hasta jocosas- investigaciones del doctor Wertham y, para calmar las consciencias, fundó un organismo de censura que convirtió a las historietas en soporíferas aventuras sin la menor alusión a sexo, drogas, violencia, sangre, etc., justo cuando la televisión comenzaba a instalarse en los hogares restando horas al tiempo tradicional de lectura de niños y adultos.

Por supuesto, la censura no duró mucho y pronto los superhéroes comenzaron a luchar con narcotraficantes y proxenetas además de los siempre simpáticos extraterrestres y científicos locos, hasta llegar al punto de convertirse ellos mismos en violentos vigilantes de tétricas ciudades que harían parecer a la insegura Buenos Aires de la que tanto se quejan los caceroleros una feliz aldea pitufa.

Y así, un poco rezagados pero sin poder evitar seguir el signo de los tiempos- los comics llegaron al punto en que un superhéroe puede ser gay.

Tampoco es que sea la primera vez que hay un personaje gay en los comics. Del lado de los “malos” estuvieron siempre. Del lado de los buenos, sin declararse, hubieron también algunos. Y ya en la década de los 80 comenzó el tema a tratarse desde diversos ángulos, con un poco más de objetividad o, al menos, a visualizarse: la primera vez que Batman salió a combatir el crimen fue derechito -como haría cualquiera que se planteara ser Batman- a la zona roja de ciudad Gótica donde terminó agarrándose a piñas con un par de travestis en lo que, sin saberlo, también fue su primer encuentro con Catwoman (rarísimo que un travesti fuera siquiera DIBUJADO en un comic, aunque fuera del lado de los “malos”). 


Poquito después, con un enfoque un poco más comprometido (bastante pobre para los cánones de ahora pero revolucionario en su época) Flecha Verde persiguió a una banda de “mataputos” en Seattle (primera vez, que yo sepa, que un superhéroe defendió a los gays).


Pero ésos son ejemplos prehistóricos, obra de artistas de vanguardia como lo eran Frank Miller y Mike Grell en ése entonces. En los 90 y, por supuesto, en el nuevo milenio, se visualizó el tema mucho más. De hecho, la Marvel comics se adelantó con la salida del closet de varios de sus personajes aunque, que yo sepa, de mucho no le sirvió.

Entonces ¿porqué luego, en 2012, después de tanta agua bajo el puente, saltaron tantos guardianes de la moral y las buenas costumbres a espantarse por el anuncio de DC?

Porque ahora, al parecer, la cosa era distinta. Porque se trataba de volver gay a un personaje “mainstream”.

Es decir, a un personaje de los más importantes, de los clásicos, ésos que se publican mes a mes, desde un poco antes de la Segunda Guerra Mundial y que siguen encantando a nuevas generaciones.

O sea, a casi nadie le importa si BatWoman (una equis total) es torta o NorthStar (otro equis, y no solo por ser de los X Men) se casa con su novio.

Pero que alguno de la Liga de la Justicia, de ésos que se sientan en la mesa redonda que flota en un satélite vigía para luchar por la justicia, la verdad y el modo de vida americano, salga del closet, es una noticia un poco más bomba.

¿Y a quién le tocó? Tengo que confesar que mis apuestas estaban con Aquaman...o sea, un rubiecito que se hace el macho sobrador con barba, un garfio en vez de mano y duerme con los peces en vez de aprovechar la onda que tiene con Wonder Woman da para pensar cualquier cosa. 

Pero debería haberlo pensado un poco mejor. El más indicado era Green Lantern, por supuesto.
 Y no, no porque sea fácil cambiar Green por Gay, o porque tiene un “anillo de poder” (lo cual hubiera sido más que suficiente) sino porque era el personaje idóneo desde todo punto de vista.

Para empezar, no hay un solo Green Lantern, hay cientos. Miles. En todo el universo.
 Resumiendo la historia (pedorrísima), los Linterna Verde son una especie de policía intergaláctica que combaten el mal en todo el universo. Hay Linternas Verdes en todos los tiempos y lugares, de todas las razas, sexos, credos y edades. A cada uno le es asignado un sector del universo para actuar como defensor del bien. Y la tierra, por supuesto, es uno de los lugares donde hay Linternas Verdes. 


Ya con esa premisa era fácil pensar que, en medio de tantos locos diversos sueltos en el universo entero con anillos de poder, alguna vez tenía que tocarle a alguna loca defender a su planeta o sector de la galaxia o lo que sea.

De hecho, en nuestro planeta, hubieron varios Linternas Verde… ¡Incluso uno fue negro! Por ende, resultaba fácil hacer gay a Green Lantern, ya que, si el personaje no funciona se lo cambia por otro, como han hecho siempre.

El primer Linterna Verde de la historia se llamó Alan Scott y peleó en la Segunda Guerra Mundial con capa con cuellito, antifaz y pantalones ajustadísimos (¡cómo no se dieron cuenta entonces!). 


El segundo se llamó Hal Jordan y es el que más conocemos visualmente los que fuimos niños en la década del 80 ya que fue el utilizado en dibujos animados y figuritas. 

(Sorry, Hal, imposible no poner ese encuentro con Batman en un blog gay)

Después, entrados los 80, vinieron John Stewart, el primer Linterna Verde negro (con su esposa que también era negra y tenía su propio anillo), Guy Gardner, un ex paciente mental con doble personalidad (a veces es Rambo, a veces es Ned Flanders) Kilowog y Arysia (unos extraterrestres horrendos que nunca supe porqué se vinieron a la tierra) y, ya en los 90, Kyle Rayner, artista gráfico y dibujante de historietas –nada menos- con mucha más imaginación que los otros para usar el anillito, supuestamente.

Fue durante las andanzas de Kyle Rayner como Green Lantern, en la segunda mitad de los 90, que se introdujo el personaje de Terry Berg, un pendejito rubio, lampiño de cola redonda (un pasivo Belami, digamos) que se enamora de Kyle y trabaja como su asistente personal. Aunque lamentablemente nunca pude leerlo de primera mano, los guionistas crearon una interesante relación entre ellos: la del típico gay inexperto y jovencito enamorado de un “artista” hetero que medio lo ningunea, medio le presume, medio lo usa.

Los guionistas explotaron este subplot al máximo en un episodio que hasta fue galardonado con premios GLBTT donde Terry era golpeado casi hasta morir por un par de matones homofóbicos y Kyle no llega a tiempo para ayudarlo. 

En ese momento, justo igual que ahora, estaban re de moda los llamados “crímenes de odio” (mejor dicho, estaba de moda hablar de ellos), así que quedaba justo (qué bien nos vendría un Green Lantern en Rusia ahora).

Pero bueno, aunque Kyle Rayner, artista-sensible-neoyorquino-con amigo gay y barbita sexy hubiera parecido el Linterna más indicado para decir “me la como y qué”, de todos los Green Lanterns la DC escogió al primero, al original, a Alan Scott, para que cambiara el verde por el arco iris (y me alegro, porque lo de Kyle hubiera sido muy Will & Grace).

La cuestión es que el tal Alan Scott tiene una historia larguísima (unos 70 años, nada menos) desde su primera aparición durante la segunda guerra mundial. Pero, ahora, en el siglo XXI, la DC decidió relanzar por enésima vez la historia del personaje desde cero. Ya saben, los personajes de comics nacen, mueren, se reencarnan, se exilian a otra dimensión y vuelven al futuro o al pasado o al presente con otra edad, otro traje y –quizás alguna vez- otro sexo. Aparecen versiones del mismo personaje que viven en tierras paralelas (de hecho, Hal Jordan era al principio una especie de versión más moderna de Alan Scott pero que vivía en otra tierra).

Y éste es, entonces, un nuevo origen para Green Lantern, que ahora es de nuevo Alan Scott, sólo que gay.

Pero algo que pocos saben (incluídos muchos de los actuales fans de comics) es que antes, a principios de los 60, Alan Scott se casó en secreto con Rose/Thorne (Rosa/Espina), una extraña mujer con dos personalidades (una mala y una buena) que terminó abandonándolo en su luna de miel por miedo a que su personalidad mala (La Espina, claro) lo matara.  .

Por supuesto, como en toda buena novela, después de abandonar a su hombre, Rosa/Espina se enteró que estaba embarazada de él y tuvo dos gemelos, un nene y una nena, que en el futuro serían los gemelos Jade y Obsidian.

 Pero de nuevo Rosa/Espina (no me digan que no queda como telenovela mexicana) decide abandonarlos por miedo a matarlos y los da en adopción a dos parejas diferentes, por lo que los gemelos crecen separados. Jade (Jenny Lynn Hayden) crece en un hogar clase media prototípico y se convierte en una jovencita ochentosa piola y charlatana de piel verde que sueña con ser actriz y q posee los mismos poderes de su padre (aunque sin el anillo) mientras que Obsidian (Todd Rice) crece con un padre alcohólico con el que se lleva para el culo (el abuso –no sexual- queda sólo sugerido) y llega a ser un pibe taciturno y melancólico con el poder de convertirse en sombra y –más interesante- de obligar a las personas a enfrentarse con la oscuridad de su propia alma.
Es decir, que si Obsidian te toca con su sombra te ves forzado a verte tal cual sos y enfrentarte con todo aquello que no te gusta de vos mismo y que negás, aquello que llevás siempre oculto “en las sombras” de tu alma. Buuu.

No es que éste sea un concepto muy original. De hecho, hoy en día está gastadísimo. Pero lo interesante es que Obsidian/Todd Rice, mucho tiempo después de aparecer mensualmente en la revista Infinity Inc a mediados de los 80., de tener algunas esporádicas apariciones en diversos títulos, de probar un tiempo como supervillano y de ser, en los 90, un miembro de la Liga de la Justicia, terminó entrando al nuevo milenio encarando su propia oscuridad y salió del closet, poniéndose de novio y todo con un tal Damon Matthews en la revista Manhunter (sí, significa lo mismo pero no tiene nada que ver con la página de Manhunt). Digamos que tardó más o menos 20 años en asumirse, aunque sólo parezca haber envejecido 20 meses (¡ojalá fuera así la vida real!)

Así que, por si parecía poco que Linterna Verde sea gay, hay que decir que el hijo del Linterna Verde gay era gay antes que su padre fuera gay. Es un poco difícil de entender porque la “continuidad” de los comics es más complicada que la de Dinastía y Los Simpsons juntos.

Digamos que, en una primera continuidad, cuando Alan Scott era el Linterna Verde original (no gay), tuvo un hijo gay (Obsidian, llamado Todd Rice por su padre adoptivo). Ahora, en la nueva continuidad, Alan Scott es Linterna Verde y es la nueva estrella gay del universo DC mientras que Obsidian, al parecer, sigue saliendo con Damon (el chico que conoció en Manhunter, qué mal suena) aunque todavía no sé si van a cambiarles la relación o qué han hecho porque hace tiempo que no leo nada.

De todas formas, lo interesante de todo ésto es que, sin quererlo y sin saberlo, la DC comics publicó durante años -concretamente desde 1983 hasta 2004- la historia de un gay tapado no asumido con tantas coincidencias con las locas tapadas de la realidad que hasta asusta.

Marc Andreiko, el escritor de Manhunter, dijo que se le ocurrió hacer gay a Obsidian porque leyendo sus aventuras pasadas notó que “nunca le había ido bien con ninguna chica”. Pero podría haber ido más lejos y notar que Todd no sólo “arruinaba” sus “citas” con mujeres sino que se conducía por la vida como un típico gay tapado y resentido cuya principal misión en la vida parecía ser amargarle la existencia a los demás. De hecho, ése era su superpoder. El tipo podía con total tranquilidad e impunidad mostrarles a los otros lo que se negaban a aceptar de sí mismos mientras él andaba por la vida negando su propia sexualidad.

Cuando Todd era miembro del grupo Infinity Inc (una juntanga de hijos y protegidos de los superhéroes originales de la Segunda Guerra Mundial), el guionista Roy Thomas (su creador) lo convirtió en el “chico malo” del grupo. En Infinity estaba Hector Hall (Silver Scarab) hijo del Hombre y la Mujer Halcón originales, un rubio fachero de ojos celestes, con las 6 abdominales marcaditas, estudiante de medicina, forrado en guita, con algunos discursos de yankee republicano y que, por supuesto, chocaba con Todd continuamente. Hector y Todd tenían una relación más o menos copiada de la de Cyclops y Wolverine en los X Men, aunque sin la competencia por la misma mina, ya que aunque  Hector estaba de novio nada menos que con la despampanante Lyta Trevor (Fury) hija de la Mujer Maravilla original (¡nada menos!) Todd no sentía ninguna atracción por ella. Sólo odiaba a Hector porque era un rubio con guita. 

Pero, haciendo una lectura un poquito más sutil aún de aquellos inolvidables comics excelentemente guionizados por Thomas en su mejor momento y con los dibujos del por aquel entonces novato pero originalísimo Todd McFarlane (el creador de Spawn ¡nada menos, again!) podríamos hasta decir que Todd (Todd Rice, no McFarlane) estaba caliente con Héctor. Y cuando digo caliente me refiero a que se moría por chupársela a Héctor pero como no se atrevía a admitirlo reaccionaba asquerosamente contra él buscándole roña, contradiciéndolo, rebajándolo, sacádole el cuero, dándole piñas de vez en cuando y también, por supuesto, como buena loca ciclotímica, pidiéndole perdón, reconciliándose con él, ayudándolo con el traje, tapando rayos que iban contra él, etc. 

Una verdadera novela gay que si yo, a mis 14 años –cuando leí por primera vez Infinity -, hubiera sido un poco más avispado, habría disfrutado mucho más. Pero claro, en aquella época todavía no sabía ni lo que era una loca tapada.

Y si alguna loca romanticona está pensando en ponerse a leer Infinity en 2013 sólo para comprobar mis teorías, le recomiendo que no lo haga, porque después de este bien contado y hermosamente dibujado histeriqueo entre el hijo de Hawkman y el hijo de Green Lantern, todo se va al carajo pero en serio. Héctor es asesinado, (creo que por un dios egipcio o algo así) y su espíritu se va a vivir a la dimensión de los sueños donde también irá Lyta y tendrán un hijo en el reino de Sandman (sí, el de la canción de Metallica) pero luego Sandman les robará el hijo y Héctor desparecerá mientras Lyta se vuelve loca (en una fabulosa y colgadísima historia escrita por Neil Gaiman, nada menos al cuadrado) y volverá a ser resucitado como el nuevo Dr Fate con el hijo de ambos como nuevo Sandman...

...mientras que Todd andará histeriqueándole a Nuklon (un pelirrojo musculoso de 2, 25m de alto) hasta volverse “malo” y “curarse” de su maldad, para volver otra vez con Nukloncito a la Liga de La Justicia , (que por entonces lideraba Wonder Woman, lo cual seguramente contribuyó a que Todd sintiera un poco de “girl power” y se inspirara para salir del closet) y enamorarse finalmente del mencionado Damon Matthews, un personaje secundario en Manhunter, con quien viviría (y hasta donde sé, sigue viviendo) una relación de pareja abierta y desprejuiciada al estilo Manhattan (y que ¿paradójicamente? se parece mucho a Héctor).


Sí, así son los comics. Y éso que sólo resumí lo principal.

Como último dato, cuando Todd andaba en la liga con Wondy, Nuklón, que siempre encarnó al típico grandote sencillo, honesto y pelotudo, le preguntó con toda su inocencia si era gay. Y Todd respondió: “¿porqué esa manía de etiquetar?”.

Cartón lleno.

Yo nomás le hubiera agregado el “¡ay!” al principio de esa frase tan querida por las locas en proceso de asunción.

La cuestión es que Obsidian/Todd Rice, a pesar de ser un personaje interesante de por sí y de haber sido guionizado y dibujado por algunos de los grandes autores del comic book norteamericano durante los últimos 30 años, fue siempre un personaje de segunda. Con bastante carisma para ser uno de los Infinitors más queridos y reciclados, pero de segunda al fin.

Ahora le toca a su papá ser el gay de la DC comics. Todavía no he leído nada de la nueva carrera gay de Alan Scott. Sólo espero que tenga la suerte de ser guionizado por algún nuevo Miller o, aunque sea, un nuevo Thomas, para que esté lejos tanto de la moralina políticamente correcta como de la rebelión queer vacía.

lunes, 1 de julio de 2013

Charla sobre el orgullo en Manhunt




Sr. X: Hola, te mando este mensaje porque ví que en tu perfil ponés fotos tuyas en la marcha del orgullo. Me llamó la atención ver eso en éste mar de culos y pitos.
Vi que en las pancartas que llevas se leen las consignas “matrimonio igualitario ya” y “que nadie te prohiba amar” con la foto del Papa tachada. Más allá del tema del matrimonio igualitario me gustaría preguntarte una cosa: ¿No crees que la marcha del orgullo crea una imagen equivocada de los gays? Cuando la gente común ve tantas locas llenas de plumas y travestidas ¿no te parece que piensan que los gays somos todos fenómenos raros? ¿No te parece que la marcha contribuye a que nos sigan discriminando y viendo como enfermos en vez de ayudar a integrarnos? El mundo ya está lleno de gente que piensa que los gays son todos afeminados ¿no te parece que la marcha consigue que se convenzan de éso?
Si no querés contestarme, al menos te pido que lo pienses. Un abrazo.

Rubio: Hola.
No.
No creo eso.
La marcha no crea una idea equivocada de los gays. La idea, que NO es equivocada sino que es un estereotipo que engloba a muchos gays, es previa a la marcha. Los afeminados existen y algunos van a la marcha. Los no afeminados, también existen y algunos van a la marcha. Pero alguna gente sólo se molesta en ver a los afeminados.
De todas formas, los que vamos a la marcha precisamente creemos que no está mal que un hombre sea afeminado. La marcha es justamente un acto de protesta contra las personas/instituciones que creen que los gays pueden y/o deben ser discriminados por el hecho de que son diferentes. Para mí, los que están equivocados son los que piensan que a los hombres que son diferentes (por ser afeminados, travestidos, o lo que sea) hay que considerarlos como enfermos. Para mí se equivocan los que creen que hay que insultar, humillar, perseguir, torturar o hasta matar a los hombres que son afeminados o que no lo son pero tienen sexo con otros hombres.
Te puedo asegurar, porque fui, que a la marcha van gays afeminados y no afeminados, van travestis, lesbianas, transexuales, etc. Y también van heterosexuales, hombres y mujeres, que son parientes o amigos de gays o que simplemente creen en la idea de luchar por vivir en un mundo donde no se hagan distinciones por género u orientación sexual.
Lo que pasa es que la gente que no va nunca a la marcha y la ve por tv o por las fotos de los diarios ve lo que la prensa enfoca, que es obviamente siempre las carrozas con la gente bailando o los que están travestidos, porque justamente es lo raro o especial que tiene la marcha del orgullo.
En todo caso, vos mismo lo dijiste “el mundo ya está lleno de gente que piensa que los gays son todos afeminados”. Es decir, vos mismo estás contestando tu otra pregunta. La marcha no crea esa idea. La idea ya está.
Lo que hace la marcha, o lo que intenta, es luchar contra la idea de que es correcto discriminar a los diferentes y, por el otro lado, fortalecer la idea de que por ser diferentes no tenemos porqué avergonzarnos ya que creemos hacer lo correcto por más que la sociedad, la Iglesia o quién sea piense que estamos equivocados.

Sr X: Bueno, gracias por responderme tan educadamente. Veo que te sabés expresar y que tenés tus ideas sobre el orgullo y demás. Pero igual no me contestás lo que yo te estoy preguntando. Yo te pregunto a vos qué pensás sobre lo que REALMENTE causa la marcha en la sociedad. Más allá de TU idea, que puede ser muy correcta, sobre lo que significa la marcha, te pregunto si sos consciente de lo que la gente piensa cuando ve un monton de gays actuando como locas todas juntas. Te pregunto si sos capaz de salirte de tu ideal sobre el orgullo -que es un concepto inventado en otra época en otro país en un contexto diferente- y pararte acá, hoy, en Córdoba, y ver lo que la gente que no tiene la más puta idea de lo que es el orgullo piensa cuando ve una marcha de fenómenos que no sabés lo que son bailando y mostrando las tetas. ¿Sos capaz vos de razonar sobre lo que logra la marcha independientemente de lo que creés que debe lograr según tus ideales? Eso me gustaría que me respondas.

Rubio: Yo no sé lo que la gente piensa. Vos parecés seguro de saberlo.
Yo sólo diría que puedo intuir lo que piensan. Y ahí sí te digo que intuyo que muchos (la mayoría quizás) deben sorprenderse, alarmarse, sentir desagrado, asco, etc. Es lo más probable.
Y, sin embargo, voy a la marcha.
Primero, por un interés puramente egocéntrico: me gusta formar parte de un movimiento que comenzó antes de que yo naciera y que seguro seguirá cuando me muera y que tiene una historia de logros y fracasos, de héroes y traidores, de mártires y de ídolos que me conmueve, que me llega, que me atraviesa intelectual y emocionalmente.
Segundo, porque creo que la marcha logra cosas concretas, principalmente visibilizar a los gays (y lesb, trav, etc.) frente a una sociedad que está en un momento de cambio crítico con respecto a las sexualidades y frente a una prensa que nos invisibiliza consciente o inconscientemente la mayoría de las veces. Además, es una forma de presionar a la política y a los políticos para que incluyan nuestros problemas y demandas en sus proyectos, para que nos tengan en cuenta como colectivo y como votantes.
Tercero, para hacer bulto, porque cuanta más gente vaya, más fuerza tiene la marcha para lograr esas cosas y otras.
Cuarto, porque es un espacio más de lucha. No es el único. Quizás no es el mejor. Sí diría que es el de mayor peso histórico hoy día. Pero, para mí, es un espacio más.
Yo, por lo menos, tengo varios espacios de lucha. Lucho por el orgullo cuando no oculto que soy gay a mi familia, a mis amigos, a la sociedad en general y les muestro que soy feliz así como soy; cuando me beso o me doy la mano en público con mi pareja (cuando la tengo), cuando discuto con personas homofóbicas tratando de que tengan en cuenta otros puntos de vista, cuando trato con respeto a los que son diferentes, cuando evito usar las palabras “puto” o “loca” o lo que sea como insulto, etc. Y, lo que es más importante, cuando íntimamente estoy feliz y orgulloso de ser quien soy.
Quinto, porque quiero estar al lado de toda la gente que cree que es posible luchar por un cambio, que se puede vivir en un mundo mejor. Quiero acompañarlos a ellos, estar al lado de ellos y no al lado de los que piensan lo contrario. Porque aunque yo pueda ser cínico o descreído a veces, prefiero estar del lado de la marcha y no del otro lado.
La marcha quizás provoque desagrado en mucha gente. Quizás afirme la idea de que los gays son todos afeminados, o enfermos, o lo que sea. Pero es justamente contra esa idea que se hace la marcha. La marcha está diciendo “estamos orgullosos de ser así, dejen de discriminarnos”. Es un llamado a la humanidad, al sentimiento de humanidad,  y seguramente muchos no querrán oírlo y seguirán atesorando sus prejuicios. Pero también seguro habrá muchos que sí querrán oírlo, como yo y todos los que van. De hecho, cada año va más gente.

Sr. X: Que visión más idealizada que tenés de los gays y de la marcha. Ahora te entiendo mejor. Vos vivís en un mundo de las posibles realizaciones, de las revoluciones que nunca llegan. Que lindo vivir así, ser tan idealista y romántico. Seguro sos muy feliz en tu nube porque nunca bajás a mirar la realidad.
No te das cuenta o, peor, te das cuenta pero no te interesa lo que realmente hacen tus actos, total, vos estás en tu hermosa lucha. No te das cuenta de que la gente no tiene una puta idea de lo que es el orgullo gay. No te das cuenta que donde vos ves luchadores ellos ven maricas enfermas. No te das cuenta ni siquiera de que entre todos esos luchadores debes ser vos el único que piensa como pensás. No ves que alrededor tuyo, en esa marcha que tanto idealizas, está lleno de locas que sólo van ahí para mostrarse, travestis que van a mostrar el trajecito que se hicieron, locas que van para poder bailar y gritar como putas arriba de una carroza y delante de las camaras, para llamar la atención porque es el único lugar y momento en que pueden hacerlo. No te das cuenta de que está lleno de locas que van simplemente a ver con quien coger.
Vos vas pensando que peleas por un mundo mejor mientras alrededor tuyo están todos loqueando igual que en cualquier maricoteca.
Disculpáme, no sé si reírme o sentir pena por vos. Supongo que porque sos tan joven no te das cuenta de donde estás. Quizás un día puedas madurar y ver el mundo real. Sólo espero que no te duela mucho cuando eso pase.
Pero sabés lo que me da bronca, que por pelotudos como vos, y perdonáme que te lo diga así pero para mí sos un pelotudo, que creen en todas esas giladas nos metan a todos en la misma bolsa. Nos tachan a todos de putos enfermos por esas marchas ridículas llenas de locas promiscuas y encima vos estás feliz porque crees que estás haciendo una buena obra.
Yo creía que a la marcha iban sólo a coger pero también vas vos cargando tus ideales y tus banderitas y tus consignas ridículas y encima creyendotelas. Espero que al menos hayas cogido con alguien.

Rubio: Parece ser que te molesta ver gente divirtiéndose, loqueando, pasándola bien, quizás mejor que en el boliche, o –¡madre mía!- cogiendo. Debe ser muy triste sentir desagrado o molestia frente a la felicidad o alegría ajenas, real o fingida. De todas formas, ése no es el punto.
El punto es que me da mucha gracia que una persona como vos me diga idealista. Aunque no es la primera vez que me pasa que un idealista me acusa de idealista.
Primero me gustaría señalarte que todo este tiempo vos me has estado hablando desde lo ideal, es decir, tus ideas sobre la marcha (que tampoco son sólo tuyas sino que, como bien has observado vos mismo, son las mismas que tienen muchos). Yo, en cambio, te he hablado desde lo concreto, desde mi experiencia real de haber participado en varias marchas.
Yo no sé si vos has ido o no, lo que sí veo es que tenés construida una idea de cómo es la marcha muy común entre los que nunca fueron. Quizás ahora me salís con que siempre vas, aunque lo dudo, ya que sólo leyendo tu discurso, las palabras y frases que usás, como maricoteca o locas promiscuas, deduzco que detestás mezclarte con otros gays. De todas formas, incluso aunque vayas, quizás sos vos el que no está viendo lo que pasa a su alrededor porque, como ya te dije, a la marcha va toda clase de gente, incluso heteros. La realidad es ésa, aunque vos sólo quieras ver las fotos de las travestis en tetas que tanto te escandalizan.
Si estás en la marcha, te das cuenta que es precisamente una marcha de la diversidad. No es sólo un rejunte de locas que están buscando pija, aunque las haya. E incluso, si así fuera ¿cuál sería el problema? Volvemos a lo mismo de antes. Si una persona es afeminada y/o promiscua ¿merece ser discriminada? Si vos creés que sí, no sigamos discutiendo más. Porque entonces sería obvio que estamos parados en veredas diferentes desde las que sólo vamos a poder chocar y me alegraría mucho de no estar en tu vereda.
Volviendo a la marcha, te digo lo que yo he visto ahí: ví gente que iba, como vos decís, a figurar, a mostrarse, ví gente representando a lugares gays, ví muchos de organizaciones políticas que no tienen nada que hacer ahí pero quieren hacerse los progres, ví mucha gente que iba en grupos de amigos quizás simplemente por hacer algo en grupo, ví gente de levante y en la última ví un pibe que me pegó una ojeada muy sensual pero, lamento informarte (ya que para vos parece tan importante) que no cogí con él porque no tenía ganas en ése momento y además, de ahí me iba a una fiesta. Y me hubiera gustado ver más gente y espero que, como dicen todos los pronósticos, en la próxima hayan muchos más, por más que ninguno tenga una puta idea de lo que es el orgullo gay porque lo importante es hacer bulto. La marcha ya tiene sus consignas, si se llena de locas que van a coger solamente, las consignas siguen en pie.
Por otro lado, sería genial si realmente fuera como decís, si realmente pasara éso de que todos van a la marcha a ver con quien coger. Al menos, a mí me produce alegría que otra gente la pase bien –y sobre todo con el sexo-. No me produce ninguna molestia ni rencor ni me lleva a señalar acusadoramente a las “locas promiscuas” el saber que muchos van a la marcha sólo a ver con quién cogen. Tampoco me produce desagrado ni risa ni odio ni nada ver a una loca muy afeminada o a una torta muy machona o a una trava en tetas, o lo que sea. Como tampoco me molestan las locas no afeminadas o los heteros o lo que sean, que también van. Y no me molestaría que terminara todo en una gran orgía.
La marcha seguiría siendo la misma. Quizás, incluso, mejor.
Pero no, es aburrida por momentos, con locas que miran y miran y no concretan, locas que van sólo a ver el show de la Jenny y Diana y después se van, gente que habla por los parlantes y no se la entiende, choripaneros y vendedores de coca haciendo su agosto, en fin, es algo muy alejado del gay pride que podés ver en un capítulo de The L Word o de Queer As Folk. Se parece más a un cacerolazo cualquiera.
Y, te digo la verdad, yo no voy a la marcha sintiéndome un luchador sino que voy con mis dudas . No con las que vos planteás, no pienso en éso de qué dirán las viejas que nos ven desde los balcones. Pienso más bien en la organización, en si se me ocurre algo para hacerla mejor, en si se me ocurre algo mejor que la marcha para luchar. Y a veces tengo ideas, a veces no. A veces me atrevo a decirlas, otras no. A veces las pongo en práctica y otras no. Porque sé que no soy el Che Guevara, sé que vivo cómodamente dentro de los espacios que la sociedad me deja para vivir y que estoy mejor que mucha gente GLBTT y peor que otros.
Pero a la hora de tener una ideología, y ahora sí hablemos de ideales, quiero tener la ideología del orgullo porque a mis oídos suena mejor que cualquier otra que haya escuchado. Yo hago lo que puedo hasta donde mi inteligencia y mi fuerza me lo permite en los lugares en que estoy. La marcha, como te dije, es sólo un espacio más. No estoy comprometido 100% con la lucha por el orgullo –de hecho, con ninguna lucha- y para ir a la marcha no hace falta estarlo.
Lo que pienso, y acá sí me arriesgo a suponer sobre vos (tal como vos lo has hecho sobre mí), es que estoy mucho más comprometido que vos. Porque yo jamás usaría las palabras que vos usás en el tono despectivo que las usás, ni siquiera en una discusión anónima en una página berreta como ésta.
Por éso, a tus ojos, yo soy un idealista romántico, sólo porque quizás me muevo un poquito más que vos y vos lo notás.
Te aseguro, de nuevo, que no lo soy. Y la verdad que me hayas dicho idealista –y joven, incluso pelotudo- no sólo me de gracia sino que me encanta, porque te juro que no me siento ninguna de esas cosas pero me encantaría poder sentirme así.

Sr. X: Te pido disculpas si te ofendí. Veo que tenés bien firmes tus ideas. Te felicito por éso. Pero igual creo que seguís sin ver las cosas que tenés a tu alrededor.
No te voy a criticar más tus convicciones y tus ideas sobre la marcha porque veo que de ahí no te voy a mover. Veo que has puesto tus ideales a un nivel del que nunca nadie te los va a poder bajar. Solamente vos algún día capaz que quieras hacer el clik.
Te repito, ya que te encanta, que sos muy joven. Cuando pase el tiempo capaz veas las cosas de otra forma. Suerte.

Rubio: No tengo idea cómo veré las cosas en el futuro, ni me preocupa. Si me estoy equivocando, me enfrentaré a las consecuencias cuando me toque. Pero ahora decido pensar como pienso porque es a donde he llegado (y hacia donde voy).
Veo que te despedís sin argumentarme más, por lo que sólo has conseguido reafirmarme. Ahora, yo te quisiera hacer una sola pregunta, bastante sencilla ¿Alguna vez fuiste a una marcha del orgullo?

Sr. X: Sí, fuí. No sólo a las de acá sino también a las de Buenos Aires y  decidí no ir nunca más porque no me representa para nada. Yo no me pongo pelucas ni bailo como una loca arriba de un auto con el culo al aire. Soy un tipo normal. No soy el machazo de américa, pero tampoco soy una marica histérica. Y conozco muchisímos gays que no van a la marcha precisamente por eso, porque ven que no los representa. Ven un montón de locas afeminadas y dicen “yo ahí no voy ni en pedo”. Y no estoy diciendo que este mal que sean afeminados, pero lo que digo es que no me representan a mí ni a ellos.
¿Vos cómo te sentís yendo a esa marcha que teóricamente pelea por los gays cuando está lleno de gays que no van y que están en contra de que se haga? ¿No te sentís un poco tonto de pertenecer a un supuesto movimiento que dice representar al colectivo gay o GLBT o como quieras llamarlo y que sólo reúne a una parte mínima de ese colectivo?

Rubio: Para nada. La marcha no es para todos los gays. Es sólo para los que están orgullosos de serlo, sean afeminados o no. Es para todos los que compartimos la idea del orgullo o queremos pelear por ella.
Yo tampoco soy afeminado (o no mucho) y a la marcha van muchos chicos que tampoco lo son. Lo que nos aglutina es la idea del orgullo o la idea de pelear contra la discriminación o de bancar la diversidad, de pedir leyes que nos protejan, etc. O sea, nos une el pelear por nuestros derechos, humanos y civiles.
Yo no tengo ningún problema de marchar al lado de un gay afeminado. O de una trav o de quien sea. Es más, me siento feliz de hacerlo. Y cuando vienen las cámaras a filmar y sacar fotos, es obvio que se tienen que concentrar en aquellos que más encarnan la diversidad porque son justamente los que más sufren la discriminación. A mí, con mi remera y mi vaquero y mi cara de nada, nadie me va a prestar mucha atención. Si la marcha fuera un desfile de chongos con cara de orto, cualquiera diría que es una marcha al pedo porque los gays que somos más “discretos” no somos tan acosados como los que sí. Además, obviamente llama más la atención lo diferente que lo normal.
Otra opción sería que me trasvista yo o me comporte como afeminado aunque no lo haga o no le sea en lo cotidiano, pero eso sería hipócrita y al pedo. Me alcanza con ir y sumarme al movimiento y marchar al lado de todas las personas, afeminadas o no, travestidas o no, promiscuas o no, que van a la marcha porque, con todas nuestras diferencias, estamos peleando por lo mismo.
Si vos o todos esos muchísimos gays que decís conocer no se sienten representados o se sentirían incómodos de marchar junto a un afeminado, hacen muy bien en no ir a la marcha porque la marcha, por más que está peleando por sus derechos también, no es para ustedes. Te repito, es para los que nos sentimos orgullosos de ser como somos, seamos afeminados o no, y para los que queremos estar junto a los marginados y discriminados que no se rinden para darles fuerza, para darnos fuerza mutuamente. No es para los gays que prefieren quedarse cómodamente en una posición de privilegio, sin jugarse, juzgando de lejos y tachando de maricones a otros gays que no tienen vergüenza de ser como son.

Sr X: ¡Ah, pero qué bueno! Ahora vos que sos tan luchador e igualitario me decís que la marcha no es para mí ni para los que son como yo. Qué bien. Me encanta cómo te funciona la cabeza. Si están de acuerdo conmigo, pueden entrar, sino, no. Si son maricones alocados, bienvenidos, si son locas del closet o simplemente tipos normales que son gays, chau, les prohibís la entrada. Me da asco ese totalitarismo que tienen los que se creen con más derechos que otros sólo porque van a una marchita del orgullo. Al final vos hacés lo mismo que criticás en mí. Después no te sorprendás si somos tantos los que no nos sentimos representados por gente como vos.

Rubio: Querido, yo no te prohibo ir simplemente porque no puedo. No controlo quién entra o no entra a la marcha (lamentablemente). Cualquiera puede ir o dejar de ir. Vos no estás yendo porque no te sentís representado. Muy bien. Aplaudo tu decisión, me parece coherente. Alguien como vos, que cree que el orgullo está "demodé" no tiene nada que hacer en una marcha del orgullo. Sin embargo, siempre vas a ser bienvenido y nadie te va a pedir ningún requisito para que participes. Nadie prohibe la entrada a nadie y de hecho en la práctica sería imposible hacerlo. Si no estás yendo es por tu elección, tal como has afirmado hasta ahora.
Ahora, si tanto te preocupa el tema, armá una contramarcha con los que piensan como vos, o andá a la misma marcha representando a los que crees que no están representados, o acercáte a discutir con los que están ahí sosteniendo la idea del orgullo. O hacé lo que mierda se te cante el culo para pelear por tus ideas, que no son las del orgullo. O no hagás nada, quedáte rezongando en internet o en donde puedas y criticando a los que hacen algo que creés incorrecto. Es un mundo libre y hay libertad de expresión incluso para los cómodos y quedados y pesimistas como vos que no mueven un dedo más que para criticar negativamente.
Vos decís que la marcha no te representa. Te equivocás. No te representa en el sentido de que no te identificás con los gays que marchan, porque son afeminados o por lo que sea. Pero sí te representa en el sentido de que representa la lucha por tus derechos como gay, aunque no participes de ella.
Es gracioso pensar que personas como vos, que no quieren ir a la marcha porque son demasiado machitos y prefieren criticarla con tanta saña antes que los vean marchando al lado de esas "despreciables maricas afeminadas", hoy pueden casarse, adoptar, tener la posibilidad de pedir amparo judicial si son discriminados en algún ámbito por su sexualidad, y tantas otras cosas gracias a todas esas “maricas”, afeminadas o no, que tuvieron los huevos de enfrentarse a la policía, al ejército, a la Iglesia, a la sociedad entera para lograr un mínimo de derechos humanos que antes nos estaban vedados.

Sr X: Yo no te niego todo lo que se ha logrado. De hecho, porque soy mayor que vos yo vi muchas luchas y te puedo hablar mejor que vos del movimiento gay y de todo lo que se ha avanzado en estas ultimas décadas. Justamente por eso puedo decirte que el “orgullo gay” hoy en día no tiene sentido porque ya se han logrado muchas cosas. Por éso es que yo hace más de 10 años que no piso una marcha ni nada por el estilo porque ya no tiene el sentido que tuvo en otra época. Ahora es un concepto demodé, sirvió en su momento y dio su batalla, pero ahora lo único que provoca es que la gente se espante. Ahora estamos más integrados a la sociedad, estamos en un momento diferente ¿No sería mejor que en vez de seguir con las pelucas y los tacos tratáramos de mostrarnos como personas normales que somos?
A mi me parece que un desfile de chongos, como vos decís, es hoy día mucho más preferible que un desfile de locas kilomberas. Porque eso demostraría que los gays somos como todos los demás, que podemos vivir en sociedad, respetando las leyes como todo el mundo. Eso es lo que crearía integración. Ya no tiene sentido mostrarnos tan locos, ahora tenemos que mostrarnos más tranquis. Eso pienso yo, al menos. Qué opinas?

Rubio: Bueno, ahora estás hablando en otro tono. Primero criticabas desde afuera y hablando de “ellos” (o sea, las locas). Ahora te ponés a criticar un poco más constructivamente incluyéndote por fin cuando decís “mostrarnos”. Ahora que te quedaste sin argumentos por fin hablás de los gays como un “nosotros”.
Igual, te digo, no estoy de acuerdo con vos para nada. Para empezar, se ha logrado mucho, sí, pero no es suficiente porque la discriminación sigue. De hecho hace un par de años un tipo fusiló a una chica porque era la novia de su hija (buscá Pepa Gaitán en el google por si no sabés de quién hablo) y hace poquito  una loca pelotuda de San Isidro fue agredido físicamente en una fiesta sólo por ser gay, por no mencionar la cantidad de casos de los que ni nos enteramos de violencia y discriminación. Mientras sigan pasando esas cosas, el orgullo y la marcha se super justifican.
La única razón para que no se justifiquen más es que la discriminación desaparezca. Y si hay que cambiar la marcha o modificar la idea, tiene que ser porque se encontró una forma mejor pero NUNCA porque queremos normalizarnos. Eso sería retroceder.
El gay que quiere mostrarse tranqui tiene que aprender a convivir con la loca que quiere seguir siendo afeminada, promiscua y kilombera, y lo mismo la loca kilombera tiene que aceptar compartir la lucha con la loca tranqui. De hecho, en la marcha, como ya te dije, hay de todo, por suerte. Hay muchos que hemos aprendido a respetarnos, a entendernos, incluso a amarnos a pesar de nuestras diferencias gracias, en parte, a la marcha.
Que ahora muchos gays de clase media puedan (podamos) tener un montón de derechos que antes no o que no hay en otros países no significa que tengamos que dejar de defender la diversidad o atacar a los gays que no quieran acoplarse a un modo de vida burgués y prefieran seguir cogiendo a diestra y siniestra en vez de casarse y adoptar huérfanos, o seguir soltando plumas en vez de hacerse las machas.
El gran problema que hay hoy es el mismo que hubo antes. Para un puto no hay nada peor que otro puto.
Y dejáme decirte una cosa, que seas más grande que yo o que hayas presenciado cosas que yo no, no te autoriza a hablar mejor que yo del “movimiento gay” como vos lo llamás (yo no lo llamaría así). Podés haber sido testigo de muchas cosas y sin embargo no haberlas entendido. De hecho, para tu información, en Córdoba hasta ahora se han hecho sólo 4 marchas del orgullo y la diversidad. Si es cierto que hace 10 años que no pisás una marcha, entonces nunca fuiste a una marcha en Córdoba. Y la verdad, dudo de que hayas ido a alguna en Buenos Aires o en ninguna parte.

Sr X: Ok, mirá, sólo tenía ganas de molestarte un poco. Cuando ví tus fotos ahi en la marcha me parecio muy loco que las pusieras cuando todos aca muestran lo que tienen para coger. Capaz que vos creías que mostrando eso eras más cogible y por eso te escribí para ver que decías. En realidad me pareciste un tipo lindo y quería sacarte charla. Vos vas a la marcha y a bailar y vivis rodeado de gays porque sos joven y tenes facha. Yo ya no salgo ni tengo ganas de estar rodeado de gente gay porque lo único que hacen es ver si tenes buen físico o no y éso no me lo podés negar.

Rubio: No lo niego. Vos también seguramente buscás personas de buen físico o que te parezcan lindas y a las que te parecen feas ni bola les darás. Así somos todos. Gays o no.

Sr. X: Qué cruel que sos, pibe. De nuevo te digo, sos así porque sos joven.

Rubio: ¿Porqué soy cruel? ¿Por decir la verdad?

Sr. X: Lo decís de una forma que delata que no has sufrido lo bastante, sino no lo dirías así.

Rubio: Para mí es así. Vos también te estás poniendo en una pose de víctima y te creas tu propio infierno. Hay tipos grandes atractivos y tipos jóvenes desagradables. Y de hecho yo no soy tan joven.

 Sr. X: Vos tenés más chances que yo. En fin, lo que te estoy tratando de decir es que para vos es más fácil pensar como pensás. A vos no te falla la confianza ni las fuerzas para mezclarte con la gente. Yo ya estoy viejo y chinchudo y tengo pocas ganas de “luchar” como vos decís.

Rubio: Seguro tiene que ver. Pero vos ahora que decís que estás viejo y chinchudo dentro de unos años lo vas a estar mucho más y te vas a sentir más débil y más indefenso. Y en ese momento en que vas a necesitar que te ayude alguien, que te acompañen, alguien que te respete y se pueda parar a pelear por vos cuando vos no podés hacerlo ¿A quién vas a preferir de tu lado? ¿A alguien como yo o a alguien como vos?

Sr X: Me mataste.

viernes, 3 de mayo de 2013

Pobrecitos los Bi




Ahora resulta que tenemos que compadecernos de los bisexuales, quienes, según serios estudios de la Universidad de Columbia citados nada menos que en el blog de Manhunt (no, más datos que el nombre de alguna lejana universidad del primer mundo nunca dan) padecen no sólo la misma discriminación que sufren los homosexuales sino que son discriminados dentro del propio colectivo LGBTIQ (a esta altura ya no sé si me olvidé alguna letra o puse alguna de más).

Sí, gente, pobrecitos los bi. ¡Paren de cuestionarlos, che! ¡Stop BiFobia Now!!!

Basta con éso de que son putos reprimidos que no quieren aceptar su homosexualidad o que son heteros curiosos u homosexuales en vías de desarrollo o “algosexuales” a medio camino de definirse.
Los bisexuales están en plena lucha por la reivindicación de sus derechos a ser reconocidos, llamados e identificados como bisexuales y no como el resto de la chusma LGBTIQ (o como mierda se siglee).

En serio, che, ¡piensen un poco! No es lo mismo que te digan bisexual a que te digan homosexual. No es lo mismo que te digan bisex a que te digan homo. Tampoco es lo mismo que te digan bisexual a que te digan puto, trolo, maricón, chupapijas, enfermo, desviado, antinatural, etc.

Es decir, preguntémosle a cualquier hetero (u homo) promedio qué palabra usaría para designar a un puto de una manera más “educada”. Seguro nos dice “gay” u “homosexual”. Quizás hasta crea que decir “anormal” o “desviado” es una manera menos heavy de decir “puto”. Pero nunca nos va a decir “bisexual” para reemplazar a “puto”. Salvo, claro, que lo forcemos a pensar en la diferencia y, en un esfuerzo mental y ético por aumentar su poder de prejuicio, termine diciendo que los bi también son todos putos.

Aunque claro, son putos pero no tanto, porque también (según declaran) cogen minas.

Hay que entender que los bisexuales chupan pijas pero también conchas... ¿Y a quién le importa lo que haga cada uno en la cama, dirán ustedes? ¡A los bisexuales, para empezar, por supuesto! Quieren que quede bien en claro que además de gustarles la pija les gusta la concha, es decir, no son taaaan putos como un puto.

Los bi, que quede claro, no son de esas locas mariconas en serio (a las que sí se puede defenestrar y acusar de putos sin ningún reparo) que también chupan pijas como los bi pero se tapan los ojos si ven una concha o sienten escalofríos al pensar en una mujer desnuda. No, no, no. Los bisex son locas más machas, viste. Por más que también te las encontrás haciendo las coreos de Madonna o Brittany cada sábado en medio de alguna pista o las ves devorando penes detrás de un eucaliptus cualquier noche en el parque, son más machas que un homosexual. Porque (según ellas) también se comen una concha o chupan una teta de vez en cuando.

Es más, seamos generosos y crédulos como sus madres y dejemos el paréntesis del “según ellas” por un rato para suponer que realmente cogen con mujeres además de hacerlo con hombres ¿Porqué la necesidad de contarle al mundo que también les gustan las mujeres además de los hombres? ¿Es por un ataque de honestidad que los obliga a declarar su bisexualidad a sus potenciales parejas para que éstas no se sorprendan si los ven mirando (o cogiendo) a alguien del otro sexo? No, porque, de nuevo según la Universidad de Columbia (y según lo que he escuchado a más de un supuesto “bi”), los bisexuales nunca confiesan su orientación sexual a las personas que conocen con fines sexuales y/o amorosos, ya que temen ser tachados de gays reprimidos por los gays o de poco heteros por las mujeres.

Entonces, si no lo andan confesando en su vida privada a sus potenciales parejas (¿víctimas?) y sólo les gusta pregonarlo en perfiles de manhunt, facebook u otras páginas anónimas o decirlo de la boca para afuera delante de algún grupo de locas para hacerse las machas (como hacen muchas locas “bi” en fiestas y boliches) o escribir ensayos en la Universidad de Columbia o (¡Dior mío!!!) en blogs anónimos ¿Cuál es el verdadero sentido de decir que uno es bi? ¿Es porque realmente tienen un interés de clasificador purista en querer ser parte de la B en la sigla LGBTIQ o es porque quieren que se los reconozca como putos no tan putos?

De hecho, un bisexual comprometido con la lucha por los derechos LGBTIQ o, simplemente, preocupado por la discriminación, exclusión, acoso y asesinato contra los diferentes ¿No haría mejor declarándose gay para sumar una voz más a los que intentamos demostrar que no nos da vergüenza serlo ni nos consideramos inferiores a otros por serlo?

¿Realmente el bisexual logra algo con decir “paren, che, no me pongan en la G, pónganme en la B?
Sí. De hecho, logra algo parecido a todas las locas que intentan quedar menos locas declarándose bi (o -para el caso es lo mismo- machito, casado, tapado, discreto, masculino, canuto, cero ambiente, etc.).

Es decir, logra quedar menos puto.

Porque claro, el bisex es muy macho como para ponerla dentro de una concha pero no tan macho como para bancarse la discriminación que se banca un puto. Prefiere diferenciarse un poco y obtener una mayor cuota de privilegio dentro del colectivo LGBTIQ, ya que, dentro de ese grupo de inadaptados a la sociedad patriarcal-falocéntrica-misógina homofóbica-machista (alcanzaba sólo con machista, pero bueno) es uno de los que más (o el que más) posibilidades tienen de “pasar” por macho.

Es decir, que si hiciéramos un gradiente clasificatorio de heteros, homos y demás orientaciones, teniendo en cuenta un simple criterio machista que suele aplicarse cotidianamente, podríamos esbozar un ránking más o menos así

  1. Hombre Heterosexual (no se come ni la punta)
  2. Hombre Bisexual (se come la punta y el tronco pero también come cachucha)
  3. Hombre Transgénero masculino (quizás no se come la punta pero come hormonas, sólo que si no avisa nadie sabe que puede decirle puto)
  4. Hombre Intersex masculino (más o menos idem anterior)
  5. Gay Activo Masculino (suponiendo que exista, no se come la punta –al menos por la cola- pero igual se le puede tratar de puto si se declara gay)
  6. Gay Pasivo masculino (se come la punta y el tronco pero no te lo imaginás así que no podés decirle puto a menos que él declare serlo)
  7. Gay Activo Afeminado (no se come la punta pero debería hacerlo)
  8. Gay Pasivo Afeminado (se come la punta y el tronco y merece ser tachado de maricón, puto, trolo y quizás hasta golpeado y asesinado por ello)
  9. Hombre Transgénero o Intersex afeminado (si se come la punta o no, a nadie le interesa entenderlo porque o es demasiado complicado o, simplemente –y gracias a Foucalt- podemos decir que son monstruos y listo)
  10. Lesbiana Masculina (no se come la punta pero igual es mujer, por lo tanto, inferior)
  11. Lesbiana Femenina (se la coma o no, calificaría casi como una mujer)
  12. Mujer Heterosexual (se la coma o no, es mujer)
  13. Travesti (se la coma o no, ni siquiera llega a ser mujer)
  14. Mujer Transgénero o Intersex (se la coma o no, “eligió” ser mujer)

Se podrían discutir las posiciones y las descripciones. Se podrían quitar o agregar más  categorías, pero simplemente la intención era mostrar la importancia del machismo a la hora de construir una categoría de género o de orientación sexual o lo que sea.

Porque, en definitiva, seas lo que seas, lo que termina importando a la hora de los privilegios es si sos hombre o no. Si sos macho o no. Si te la comés, o no. Si te rompen la cola o no. Y éso sin mencionar la cantidad de hombres que dicen ser heterosexuales y también se la comen, pero entrar ahí sería complicarnos al pedo.

Pero, simplificando, podríamos decir que aquel hetero declarado que come pijas sin que nadie se entere estaría más o menos haciendo lo mismo que hace un bisexual -sea cierto que es bisexual o no- al avisarnos y prevenirnos de que NO es homosexual. Lo que le importa a un bi que se reivindica como bi no es la honestidad de aclarar su orientación sexual (por más que también pueda haber algo de éso) sino, simplemente, quedar más macho y más cerca de pertenecer e integrarse a una sociedad machista que concede privilegios a los machos. Es decir, no sólo tiene un interés puramente egoísta de mejorar su situación personal sino que –lo quiera o no- refuerza al machismo y –por ende- a la homofobia sólo por el hecho de sumarse a los que creen que los machos son superiores.

Dejemos las ironías y las ingenuidades de lado ¿Cuántos bisexuales se ven con una bandera que diga “aguante la bisexualidad” en una marcha del orgullo o cualquier otra manifestación pública (claro, no pueden ir porque los ven las novias/esposas)? ¿Cuántos bisexuales escriben en sus perfiles “soy bi, orgulloso de serlo y contento de codearme con gente gay, trans, trav, queer, etc. que son seres humanos iguales a mí” y cuántos escriben “soy bi, machito, cero plumas, cero ambiente, odio a las locas, no quiero nada de maricotas ni de cosas raras”? ¿Cuántas locas dicen que son bi o casados o hasta se muestran con alguna mina para que la mayoría de las locas (también, tan machistas y homofóbicas como cualquier bi) adoradoras de la pija le pongan unos puntos más sólo por el hecho de que son más “machos”? 

No sé, yo tengo 33 años y hasta ahora JAMÁS en mi vida me he cruzado con un bisexual, es decir, con un verdadero bisexual. Con alguien que diga ser bi porque realmente es bi y no porque quiera sumar puntos de alguna manera en algún contexto.

Para mí, la bisexualidad, al menos hoy, es sólo una mentira más a la que recurren algunas locas traumadas con la idea de crearse una imagen más masculina. Si hubieron bisexuales en la Grecia Clásica o si uno es “normalmente bisexual” hasta los 18 años, como decía Aristóteles, no sé ni me interesa. Los bisexuales en la sociedad occidental en el siglo XXI NO EXISTEN. Le pongo la  firma. Es más, si existieran no deberían existir o, al menos, deberían callarse su bisexualidad y declararse gays para ayudar a combatir a la homofobia. Pero claro, como no es ésa su real intención, los bisex de la Universidad de Columbia y de otras partes pseudocientíficas van a seguir abogando por la B de la LGBTIQ.

El día que me encuentre con un bisexual que diga serlo sin necesidad de defenestrar implícita o explícitamente a los maricones, entonces veré si me replanteo mis ideas. Mientras tanto, los bi que se declaran bi me van a seguir dando la misma risa que me dan los equis que se colocan tres o cuatro apellidos para que la gente sepa que, estirando un poco las ramas de parentesco, descienden de alguna familia pudiente del siglo XIX o hasta quizás de la época colonial. O peor, de los equis zurdoprogres que saltan de alegría cuando pueden demostrar que tienen algún indio ranquel mezclado entre la hojarrasca de su árbol genealógico.

Por lo pronto, mi única tenue esperanza de creer en la bisexualidad ha sido conocer un par de lesbianas que alguna vez tuvieron novio y que se plantean volver a estar con un hombre cada vez que sus novias y/o tortas casuales no las hacen sentir como quieren sentirse ¿Capricho de nenas malcriadas o verdadera inclinación por ambos sexos?

Creo que nunca lo sabré, porque las particularidades y vericuetos de la sexualidad femenina me interesan tanto como un partido de fútbol o un programa de Tinelli.

Igual, que exista o no la bisexualidad me sigue pareciendo una discusión estúpida y sin sentido, porque nada cambiarías si existen realmente los bi. Lo importante es ver qué se busca y qué se logra con afirmar que existen o que no existen, pero éso es lo que los defensores de la bisexualidad no quieren pensar o ni siquiera saben que se puede pensar.

Y, para terminar, una vez un cerebro heterosexual picarón publicador de chistes de gallegos en el face me espetó en medio de un asado: “Si no creés en los bi porque nunca te cruzaste uno, entonces yo no creo en los ladrones porque nunca me robaron”.

Respiré hondo, contuve mi deseo de tomar el tenedor de dos dientes con fines asesinos y le contesté “Tenés razón, a mí tampoco me robaron nunca. Y tampoco ví nunca a un ladrón pidiendo que le reconozcan su identidad de ladrón y no su identidad de puto”.

Al pedo, porque los cerebros de esa clase no entienden las sutilezas ni las ironías, les resbalan alevosamente.
Igual intenté llevarle la discusión hacia el plano de los derechos de las minorías mencionando los casos de personas LGBTIQ (sí, incluyendo la B) asesinadas, discriminadas, burladas, etc. sólo por el hecho de amar a personas de su mismo sexo y hasta le pregunté directamente si era más importante determinar la existencia o inexistencia de algo que permitir y/o colaborar con la muerte y la infelicidad de otros seres humanos.

Pero no hubo caso, él seguía con su juerga filosófica de la ventana que se rompe en el bosque y no hay nadie para verlo. Desistí cuando me citó aquello de  “Bienaventurados los que no necesitan ver para creer...”.

Sí, sí, soy Tomás y vos sos Jebús, querido. Mejor sigamos discutiendo sobre el cacerolazo.





miércoles, 22 de agosto de 2012

Cicatrices del shiro


Tengo 33 años y creía haber vivido ya todas las formas posibles de levante.

Me mandaron cartitas secretas cuando iba a la escuela (nunca supe quién pero recuerdo sus errores de ortografía), el hermano de un amigo me intentó violar en un baldío frente a mi casa pero justo cayó mi amigo a buscarlo (jamás lo perdoné, a mi amigo, por supuesto), una gorda con lentes y dientes salidos me pintó la vereda frente a mi casa con un “te amo” gigante seguido de mi nombre (fue la primera vez –pero no la última- que ser gay me sirvió de excusa perfecta), me dijeron “¿querés coger?”, me dijeron “¿querés ser mi novio?”, me dijeron “te pongo una naranja en la boca y te la chupo hasta tomar Mirinda” (¡tenemos un ganador!), me propusieron una relación formal en una mesa con mantel rojo, velas y copas de cristal (no sé cómo aguanté la carcajada) me ofrecieron plata por sexo (y a veces acepté), me guiñaron el ojo, me siguieron por la calle, me invitaron cafeces por millones, me palparon, me exhibieron, me mostraron, me vinieron a decir las cosas más zafadas con aliento a vodka, me mintieron, me dijeron la verdad, me mandaron mensajes eróticos por cel o por Internet y bueno, muchas pero muchas formas de levante más viví, sufrí y gocé.

Pero nunca, nunca, nunca antes me habían tirado una piedra en la espalda.
Resulta que estaba yo una tranquila noche hamacándome en la plaza...ok, ok, no podía conectarme al chat esa noche y necesitaba sexo sí o sí así que tuve que ir a la plaza...cuando de repente se cruza frente a mí un chico de mi edad (o más, por supuesto) que me clavó la mirada como si yo fuera una McBurguer con fritas y él un diabético en tratamiento.
Pero, como suele ocurrir cuando uno está hiperarchirecontra caliente y desesperado por coger, me hice el difícil y no le devolví la mirada. En realidad hacía poquito que llegaba yo a la plaza y quería ver más opciones antes de decidir. Además el tipo usaba una remera militar onda camuflada, lo cual en un lugar así sólo puede restar puntos.

Pero el muchacho parecía convencido porque dio media vuelta y volvió a pasar y repitió la operación otra vez. En su segunda repetición decidí mirarlo a los ojos para darle a entender que no me gustaba pero, apenas lo miré, él desvió la mirada y se quedó parado mirando un poste de luz como si fuera una obra de arte, todo con actitud confusa y tímida. Entonces me dí cuenta que el tipo estaba esperando que yo lo avanzara...¡encima éso! Por supuesto, me quedé en mi hamaca mirando para otro lado con decisión hasta que el tipo repitió su itinerario y fue a sentarse en un banco unos metros detrás mío.

Ahí pensé que se iba a ir al rato pero, de pronto, empecé a escuchar el sonido más horrible que te pueden hacer cuando estás shirando: “¡chist!”

¡Por Dior! Debería escribir un manual para shiradores y repartirlo gratis en la plaza: “No usar remeras camufladas, No chistar, silbar, toser ni hacer ningún sonido para llamar la atención, No enseñar la pija para después poner la cola, No llevar dinero ni objetos de valor, No aceptar nada de los policías y -lo más más importante- No usar medias de referí de fútbol, short de rugby blanco y musculosa negra (menos cuando tu cuerpo delata más tiempo pasado en panaderías que en canchas)”.

A lo que iba, chistar es la cosa más estúpida que podés hacer. Al menos para mí, aunque se lo he oído decir a varias locas también. La cosa es que de golpe los chistidos cesaron y pensé que aquella loca chist-tonta había entrado en razón por fin. Pero de golpe sentí como un suave silbido en el aire y un golpazo tremendo en mi omóplato derecho. Me dí vuelta y ví una piedra que pesaba por lo menos medio kilo caída en el suelo y unos metros más atrás, la loca de la remera camuflada saludándome  tímidamente con la mano.

Por un momento, que no entendía lo que pasaba, pensé que me estaban atacando y me iban a robar y -con suerte- violar. Pero no, era sólo que como los chistidos no le habían funcionado, aquella loca pelotuda me tiró una piedra para llamarme la atención.

A veces, cuando estás en el chat, alguien te abre una ventana o te manda un mensaje diciendo “hola” y vos les contestás “hola” y al ratito te dicen “bueno, no me vas a decir nada?” o algo así. Yo antes pensaba que estas personas tenían un simple problema de vanidad exagerada, onda “te hablo yo para darte permiso de hablarme a mí, que soy tan divina”. Pero últimamente me estoy convenciendo que el problema es, en realidad, neuro-conductual. Y éso no es ningún término científico: o sea, o carecen de neuronas (muy probable) o no saben cómo conducirse en sociedad. Cuando uno inicia una conversación con un “hola”, lo normal, natural, esperable y –sobre todo- aconsejable, es proseguirla. Pero existen locas que no aprendieron éso, al parecer.

Y existe ésta loca (porque quiero creer que es la única en el mundo) que te shira y te shira al punto de chistarte para llamarte la atención y, si no te le acercás a hablarle después de su tremendo esfuerzo de sociabilización, te caga a pedradas.

Pequeño grito que le pegué, por supuesto. Más bien pequeños gritos. Y, tal como esperaba, la loca con toda su timidez y carencia de normas sociales civilizadas (ponéle), se levantó y salió disparada para otro lado al  apenas escuchar mi inicial “¿Pero vos estás loco, pedazo de enfermo...?”.

¡Dior mío! ¡Lo que hay que vivir en esos lugares de shiro! Antes te tenías que cuidar si venían 4 o 5 pendejos en patota a robarte las zapatillas o dos canas a darte un discurso moral sobre la sexualidad con tonada de barrio Ituzaingó Segunda Sección (si es que no te hacían el verso de que eran bisexuales, pero éso lo dejaré para otro post) o un colgado a preguntarte qué vendías o a venderte algo. Pero ahora te tenés que cuidar de las mismas locas shiradoras que recurren a métodos cuasi neandhertales para hacer que te les acerques.

Digo yo ¿Dónde quedó el “¿che, loco, tenés hora?” o el “¿che, loco, tenés fuego?”  ¡Ya no hay temor a Dior!

Ahora entiendo porqué esas locas que te hablan en el chat sólo para que las hables vos me caen como una pedrada en la espalda, aunque claro, no duelen tanto.