sábado, 18 de marzo de 2017

Todo sea por un Chivas


Estoy sentado en un sillón cubierto de una tela blanca, que parece toalla de motel, en la galería de una casa gigantesca la cual se erige orgullosamente en su mal gusto de diseño apresurado dentro de uno de los aburridos countries  que hay camino a La Calera.

Hay un sofá y otros sillones, también cubiertos de telas blancas, además de banquitos sin respaldo y sillas de algo que parece una especie de mimbre sintético color marrón caca.

Sobre esos inexplicablemente protegidos sillones se apoyan los culos -seguramente vírgenes- de un montón de conchas descerebradas que luchan entre sí por meter el chiste más ordinario y soez dentro de una conversación de frígidas malcogidas haciéndose las putas liberadas como ya deberían serlo hace mucho por la edad y la plata que tienen pero que, lamentablemente para ellas, no son ni serán nunca.

Lejos, en la otra punta de esa interminable y dantesca galería donde se encuentra el asador, se reúnen los maridos, novios, hermanos y/o sacrificados soportadores masculinos de estos horribles ejemplares del bello sexo que aprovechan para escapar por un rato de sus brujas arruinavidas amparándose inteligentemente en el constante pedido de "quiero que seas más sociable con los maridos de mis amigas" de sus mujeres y en la pesada tradición argentina de que son los hombres los que saben sobre fuego y carne, mientras cuentan chismes sobre amigos ausentes y discuten deporte, economía y, con cierta prudencia, política.

Resumiendo, estoy atrapado

O me quedo en esa juntanga de sillones tapados con toallas de motel sintiendo cómo crece mi instinto femicida o me voy a escuchar chongos pelados, panzones y recatadamente homofóbicos (que igual comen travas y capaz crossdressers sin depilar) para aburrirme como tronco y sumar mayor carga a mi rebalsado instinto asesino con tortura previa que me provocan los hijos sanos del patriarcado.
Hay una tercera opción que sería entrar a la casa y meterme al cuarto donde están jugando con la play station 4 los continuadores de esos genes arruinados por el alcohol, los ansiolíticos, Tinelli y la reforma educativa de los 90. En otras palabras, la tercera opción es entrar a un infierno con la mayor tortura imaginada en mis peores pesadillas que me llevaría directamente al más desesperado de los suicidios.
También hay un patio enorme con una piscina iluminada como a 15 o 20 metros. Podría decir "voy a ver la pileta" y quedarme un buen rato ahí escondido tras las sombras que proyectan las mismas luces subacuáticas y disfrutando del aire fresco -aunque impregnado levemente de cloro- hasta que esté el asado o hasta que alguna concha o chongo aburrido tenga la misma idea y al verme allí se acerque a charlar pavadas que, con suerte, no superen el grado medio de mi umbral de vergüenza ajena. 
Pero justo cuando estoy por hacerlo, la conversación (que consistía en defenestrar a Macri aclarando que lo prefieren mil veces antes que a Cristina, con leves intentos de divagues sobre recetas caseras cool que incluyan cúrcuma, jengibre y/o leche de almendras o sobre los jardines de infantes y colegios más y menos deseables para internar un mínimo de 8 horas diarias a los críos a los que dicen amar más que a sus propias vidas) se ve interrumpida por una concha con lentes, pelo atado como pendeja de secundario y pollera de jean arrugada que pregunta: "Che ¿Qué libro me recomiendan para llevarme a Cancún?".

La concha alfa -una cuarentona de pelo corto con un leve parecido físico (y sólo físico) a Malena Pichot y que está sentada muy despatarradamente en medio del sofá ocupando el lugar donde entrarían dos conchas y media como ella- pega un respingo mientras busca con su mirada agradablemente sorprendida alguna compañera para bullynear a la lectora de libros de verano por ser una nerd inadaptada que aún abre esos raros objetos llamados libros. 
Pero se queda cortada, por que rápidamente todas empiezan a hablar de libros y descubren con sorpresa que todas -excepto la concha alfa, por supuesto- han leído El Tiempo Entre Costuras de María Dueñas. 

Pero éso no es todo...les ha gustado. ¡Y aún hay más! ¡Lo dicen sin avergonzarse!

La concha alfa dice riendo "Ay, a mí no me gusta leer". Lo dice dos o tres veces, tratando de interrumpir la conversación, pero la charla literaria se ha vuelto imparable y, como está al medio de todas, no puede escapar. 

"Sory, mamita -pienso, intentando disfrutar al máximo el leve placer sádico que me produce verla atrapada tanto física como mentalmente- vas a tener que pegar un salto volador estilo Chun Li o quedarte ahí a ver y escuchar mujeres que hablan de leer libros como si fuera un pasatiempo deseable. Igual no te preocupes, no creo que dure mucho."

La concha de lentes que inició la conversación explica -porque parece que se impone una explicación a su deseo de leer- que a ella no le gusta meterse al mar y que se queda sola en la playa mientras su marido y sus hijos se pasan horas jugando en el agua así que no le queda otra que leer. "Viste que el sol en la plasha no te deja ver bien la pantalla del cel" añade, como reforzando sus excusas para justificar el condenable pecado de abrir un libro, aunque sea en vacaciones.

- "¡Ay, nena! ¡Escuchá música!" propone la concha alfa con tono de madre hablando a una hija caprichosa que se queja de que nada la divierte.

- "Naaa, escuchar música es más aburriiiidooommm..." dice en tono de "cerrá la boca pelotuda" la concha beta, una peliteñida ruluda casi cincuentona que se portó muy mal en otra vida porque en ésta Dior la castigó haciéndola medir un metro noventa y otorgándole una capacidad impresionante para recuperar peso después de una dieta y/o lipo.

-"Ay, sho me puedo pasar todo el día con los auris puestos" retruca sutilmente la concha alfa, mirándome a mí por que seguro cree que mis sonrisas al mirarla fueron de apoyo y acuerdo y no de conmiseración y desprecio. Pero se queda algo contrariada al ver que no abro la boca para decir "Sí, la música es lo mejor" o algo por el estilo.

-"No sé" sigue la cuatrojos con fobia al mar "Un libro por lo menos te distrae un rato. Además es más fácil de llevar..." dice en tono de bibliotecaria militante que enumera las ventajas prácticas de los libros frente a las NTyCs, pero se ve interrumpida por la concha alfa que grita:

-"¡Ah, éso sí!" le concede, asintiendo lenta pero exageradamente como si fuera un profesor que alienta a su  alumno preferido en el examen oral "¡Y no gastás batería! ¡Jajajajaja!".

La carcajada de la concha alfa es demasiado exagerada y desubicada para la simpleza y opacidad de su pavo chiste pero algunas de las conchas ríen levemente, quizás por piedad, mientras cruzan entre sí rápidas miradas que resumen parte de mis peores pensamientos sobre ese desmejorado clon de la Pichot. Dos de las conchas, una linda otra fea, ya directamente hacen silencio y no acompañan las risas ni por piedad. El breve reinado de la concha alfa se acerca a su fin, pero se empeña en fingir que no se da cuenta despatarrándose al máximo en su trono de toallas de motel y aumentando aún más el volumen de su ya de por sí insoportable voz de posible soprano.

Y entonces, ocurre la catástrofe.

La anfitriona -antigua amiga y compañera de colegio que en los 90, mientras políticos y empresarios paranoicos hacían construir el country donde ahora habita estaba seguramente bebiendo cerveza de pico o jugando al metegol despreocupadamente en algún kiosco boliviano de Alto Alberdi y que gracias a los bondadosos hados ha devenido en esposa de dueño de empresas innombrables incluso ante mí- dice, con la mejor intención de hacer participar a todos en la charla: "Rubio es de leer mucho, él te puede aconsejar bien". 

Las conchas hacen silencio. Va a hablar el puto.

Caen sus hombros pero se tensan sus cuerpos, como gatas juntando fuerzas, mientras la concha alfa ya la concha beta tuercen su cuello al mismo tiempo hacia mí y la concha mar-fóbica aprieta sus labios y clava sus ojos lentudos en los míos, esperando en silencio mi oráculo.

Puede que escupa una ironía ácida estilo Pinti o Graham Norton la cual deje clavada para siempre una dolorosa daga de humillación y vergüenza en la concha alfa (siento que hay varias que esperan éso, sobre todo la concha beta cuyos ojos brillan como seguro brillaban los de las mujeres de París mientras veían a María Antonieta apoyar su cuello en la guillotina) o puede que simplemente me sume a su inquisidora cruzada anti-libros y pro-auris para convertirla en mi futura benefactora cuando estemos cenando con los machos y se ría de mis chistes en retribución. 

Puede también que les revele un maravilloso autor que les cambiará o hará más soportables sus archiburguesas vidas o puede que introduzca temas innombrables en sus libros (comprados en Amazon vía link pasado por algún amigo o amiga del mismo bando) o en sus mismas vidas (compradas en la prostitución matrimonial vía cita o encuentro casual arreglado por algún amigo o amiga del mismo bando), como son el sida, los transexuales, el post-porno, el nudismo, la pederastia, el comunismo, el socialismo, el sionismo o -incluso- el kirchnerismo.

Puede pasar de todo por que, después de soportar tanto en sólo media horita de cumpleaños de ahijado de country, ya estoy como cualquier personaje del MK9 tras recibir los golpes necesarios que cargan la fatality brutality hara kiry y sobre todo conchality.

Pero entonces me acuerdo de que mi ex compañera -con alto peligro de prontamente convertirse también en ex amiga- es libriana y odia los conflictos -sobre todo si son en su casa- y también recuerdo fugazmente todas las veces que me acompañó con su mejor onda de hetera desconflictuada a Hangar o al Beep o incluso a Piaf, sin contar el inolvidable gesto de su marido de conseguirme -¡y regalarme!- entradas para el Sticky And Sweet Tour antes de que salieran a la venta y de embriagarse conmigo tantas veces con Whisky importado para el que jamás puse un peso por que con un gay que no le va a presentar minas (supuestamente) ni pasar videos de burros cogiendo adolescentes camboyanas (eso sí que seguramente no) su esposa sí lo deja beber. Ah, y claro, de elegirme padrino de su primogénito que, aunque lo adore, aún no sé si poner ese gesto en la columna de ventajas o desventajas.

Así que movido por la piedad y por el cariño a los buenos viejos tiempos y por mi lamentable afición al Whisky caro, decido no apretar el botón R de la fatality y pongo mi más angelical sonrisa -que sólo guardo para cuando tengo la enorme suerte de cruzarme con un activo madurito aún en forma que tiene el morbo de sentirse macho cogedor con un pasivo más joven, mezclada con una inconfesable sensación de paternidad frustrada- para mirar a la concha que ama la lectura playera -que no para de temblar detrás de sus lentes- y decirle tímidamente "Y...no sé ¿Qué géneros te gustan?".

Las conchas se relajan y a la vez se decepcionan. No estoy buscando pelea. Tampoco voy a tomar partido por nadie. No hace falta prepararse para poner caras de sorpresa, disgusto o pánico ni para soltar una carcajada que celebre el chiste del puto.

Pero la cuatrojos se pone más nerviosa por que parece que no entiende qué tiene que ver la palabra "géneros" con los libros que se va a llevar a Cancún para no aburrirse tanto mientras elige perderse de momentos inolvidables con su familia en vez de enfrentar su TOC con el océano.

Entonces interviene de nuevo la anfitriona, empeñada en que la reunión salga bien, pero que se da cuenta de la insalvable diferencia de idiomas de sus invitados y la rema diciendo "Claro, a mí por ejemplo me gustan las novelas nomás".

Pero la concha beta, que no está satisfecha de no tenerme de aliado o que quizás me quiere de contrincante, me lanza"¿Cuál es tu escritor favorito?".

"Marguerite Yourcenar" le digo sin vaselina mientras clavo mis ojos en los suyos pero que irremediablemente se desvían unos centímetros hacia arriba al percatarse por primera vez del horrible espectáculo que dan sus cejas las cuales de golpe me dan unos comprensibles deseos de  tener una bordeadora de pasto.

-"¿Y ésa quién es?" pregunta la concha alfa al aire y sin mirarme, feliz de que le haya dejado un flanco descubierto para intentar atacarme mientras entrecuza las manos sobre su pancita de fernet con coca y post partos mal recuperados que ya apunta directamente al techo de lo despatarrada que está. 

-"Es una escritora francesa" dice sorprendiéndonos una concha morocha que había estado muda hasta entonces y que de golpe genera una conexión invisible conmigo que se refuerza más al decir "Algunos de sus libros los tradujo Cortázar...".

-"Ah, me suena a zurdita entonces, jajaja" interrumpe rápidamente la concha alfa, con tono de esposa de milico y esta vez apoyada por primera vez en la noche por la concha beta que en tono irónico suma un inexplicable:

-"Y símmm, viste como son los frannnnccceses" que supongo tendrá sentido en la carpeta de "prejuicios contra franceses" del minúsculísimo cajón de "prejuicios xenofóbicos contra países del primer mundo" del inconmensurable armario de "Prejuicios xenofóbicos" que se encuentra en el infinito salón de "Prejuicios generales para sentirme que soy superior a todos, incluyendo al primer mundo" de su paupérrimo archivero mental de mierdas inservibles donde hasta podemos encontrar odiosos entrecruzamientos y asombrosas coincidencias entre la izquierda y los franceses.

Y ahí sí se me nubla todo. No soy zurdo ni francés (gracias a dior), pero en ése momento lo soy más de lo que jamás podría serlo un hijo del Che Guevara con Simone de Beauvoir.

Tengo dos opciones.

Una es posar mi mirada suavemente sobre los ojos de la concha alfa, sin dejar por ello de mirar intermitentemente a la concha beta, y decir simplemente: 
"Sí, bolú, Obbbvvvio. Me parece lógico que a una persona que tiene un bagaje cultural tan pobre como el tuyo le suene zurdo Cortázar, Yourcenar o cualquier nombre o palabra que, mínimamente, se aleje de ese pequeño conjunto de autores y libros que explotan el mercado de las amas de casas aburridas y probablemente hartas de las abúlicas vidas que eligieron con la sola idea de escapar de la excitante, divertida, maravillosa pero peligrosísima y cruenta realidad por lo que necesitan distraerse un rato con algún romance ajeno atravesado de suspense y eternas descripciones de los sentimientos de la protagonista ante las casuales y casi siempre forzadas vicisitudes que le hace vivir el autor sin llevarla jamás a perder su situación de princesa malcriada pero poniéndola en peligro para finalmente reafirmarla mediante algún movimiento barato del argumento que, por más que sea un simple cliché utilizado cientos de veces en la historia de la literatura, seguro las sorprende gracias a su penosa carencia de lectura acumulada y hasta con suerte les crea una vertiginosa y conmovedora sensación que acaba por convencerlas de que disfrutaron enormemente la lectura de un aburrido y ordinario libro pasatista que, en definitiva, es quizás el máximo placer al que seres como vos pueden aspirar en el mundo de la lectura el cual -por suerte para tu vergonzosa y cuasi analfabeta ignorancia- cada vez es más rechazado en este mundo repleto de pobres de espíritu que sin embargo no se privan de posar en determinadas situaciones como los intelectuales pensantes que deberían ser gracias a la enorme cantidad de recursos materiales con los que cuentan por ser hijos y/o esposos/as de parásitos tercermundistas que basan su riqueza material -y por ende espiritual- en las cada vez más decrecientes ganancias del sistema que genera la pobreza y la inseguridad de las que constantemente se quejan como si fueran castigos divinos inmerecidos (y no consecuencias lógicas del sistema exclusivo del que se alimentan) sumadas a pequeños y grandes ingresos facilitados por la corrupción y el robo de guante blanco que también explican tu rapidez clasista en tachar de zurda a una autora -a la que ni conocés y a la que difícilmente puedas llegar a disfrutar dadas tus penosas limitaciones intelectuales y existenciales determinadas por tu falso, cobarde y ridículo clasismo- pero que bien podría ser definida como clasista desde el momento en que sus libros cuentan con una amplitud de vocabulario, una exquisitez de gramática y una soberbia de descripción de tiempos, lugares y personajes que sólo son posibles de lograr cuando tenés el privilegio de bañarte en la luz que irradia la escritura humana universal a la que, lamentablemente, sólo pocos privilegiados pueden acceder y que, de entre ellos, sólo muy pocos tendrán el valor de abrir sus psiquis para dejarse incendiar, abrasar e -irremediable pero gloriosamente- consumir por esa pasión desbordante que es el fuego de la creación artística -representada en este caso por la escritura- que puede conducirte a un mundo de goces y sensaciones tan inconteniblemente poderosas que hasta la más minúscula chispa de ellas incendiaría de cuajo a los corazones secos de todos los countries del mundo y que incluso podría llegar a funcionar como la cura de esa antigua y siempre renovada forma de miserable infelicidad humana que tus amigas cool suelen llamar vacío existencial y que es provocada por esa misma sequedad sentimental que los obliga a renunciar a toda forma de compromiso o riesgo que implique un mínimo de valentía, pensamiento o arrojo y que los conduce inevitablemente a habitar en medio del enorme prado de mediocres insatisfechos que mediante cobardes y torpes fingimientos de intelectualidad, riqueza o extravagancia ante otros mediocres iguales o peores a ellos mismos, buscan desesperadamente la confirmación de que son especiales -cual teenagers inseguros que publican millones de selfies para encontrar esa foto que finalmente les diga "sí, sos lindo"- mientras que todos los que mínimamente nos hemos acercado a ese goce inalcanzable para tu poco cultivado espíritu reímos y nos compadecemos a la vez de la insoportable pobreza espiritual en la que te ves condenada a vivir y en la que penosamente vas a morir haciendo ihumanos esfuerzos hasta el último de tus segundos por negar que existe esa intimidante luz que te hubiera dado la felicidad y la plenitud total a las que tu patética bestialidad no se atreve."

La otra es devanarme los sesos por hacer un comentario que me deje bien con mi amiga la anfitriona, que también me coloque en un plano de leve simpatía con esas conchas a las que recién me presentan (y a las que espero no volver a ver nunca pero que quizás tenga que hacerlo) y que a la vez me permita acostarme cada noche sin tener el remordimiento de haber traicionado leve pero innegablemente mis principios intelectuales, espirituales, literarios, políticos, sociales, etc. todos los cuales son profundamente misántropos.
La respuesta, como siempre, me la da mi diosa.

-"Mirá, nena" le digo con el más rubio y más tarado de mis tonos a la concha lenteja iniciadora de este terrible y jaquecoso debate que ha centuplicado por mil mis deseos de tener una bomba, una metralladora o aunque sea un cuchillo de manteca, (aunque no sepa manejar adecuadamente ninguna de esas cosas) "lleváte Sex de Madonna a Cancún y vas a brishar".

El levísimo pero apropiado chiste me vale una desubicada carcajada de la concha alfa, una risa rápidamente autosofocada de la concha beta que todavía da batalla, una rara expresión que cruza la confusión total con la sonrisa de circunstancias de la concha con lentes, un suspiro de alivio de mi anfitriona, unas risas generales y comentarios jocosos de un par de conchas del decorado y, por supuesto, una sonrisa leve y deliciosamente sardónica de la concha morocha.

La conversación se desvía entonces por los diferentes y previsibles derroteros que provoca la mención de Madonna como son la música de los 80, las viejas que se mantienen en forma, los discursos feministas y otros seres únicos en el mundo como Bono, Mick Jagger y el Indio Solari.

Zafé.

Y como si Dior aprobara mi piadoso y misericordioso gesto, siento de repente una mano caliente que se apoya suave y franeleramente en mi hombro mientras oigo una voz masculina con deje de pucho y whisky gritar con falsa violencia "¿De qué se ríen las chicas?" y sin esperar respuesta lanza rápidamente en otro tono mucho más bajo y plañidero pero con violencia más real la autoritaria frase de: "Gorda, andá poniendo la mesa que ya está". 

Los culos vírgenes empiezan a despegarse rápidamente de sus asientos para ayudar con los platos, para ir a ver a los críos, para lavarse las manos o para fumarse un pucho mientras el único culo de la reunión que ha sabido disfrutar inteligentemente de sus mejores años (y espera seguir haciéndolo) no puede evitar un momento de tensión y preguntas al oír por primera vez en una larga hora de conchas parlantes la voz de un pene que, aunque cargada de un odioso machismo, suena como una cascada después de atravesar un desierto.
Pero la tensión desaparece y las preguntas se contestan rápidamente al darme vuelta y ver la siguiente parte de mi tortura que me espera en esa larga mesa en torno a la cual ya están sentados unos cuantos penes con cara de cansados y en la que ya se están acomodando la concha con lentes y la concha beta.

No me siento capaz de seguir aguantando un minuto más en heterolandia y se ve que el sentimiento se refleja en mi cara por que el marido de mi ex compañera me susurra  satánicamente: "Tengo un chivas y un blue label. Te quedás ¿no?" casi con el mismo tono que mi padrino me susurró en una aburrida navidad a mis 13 o 14 años: "Tengo Venus codificado, decíle a tu viejo que te quedás a cuidarme la casa, que yo me voy de joda. Eso sí no me manchés nada ¿no?".

-"¡Obviooo!" le contesto, pensando que él está incluso peor que yo y que necesita mi apoyo (por más paradójico que éso suene) "Pero podríamos ir empezando ahora para degustar mejor el asadito ¿no?" añado con el tono con que le pedía a mi papá que empezáramos a untar pan en la salsa antes que se sentaran todos a comer y con la seguridad de obtener siempre un rapido y calladito .

-"Están en mi mesa de luz en la parte de abajo. Entrá por la puerta ventana por que Natalia está en la cocina. Yo me choreo dos vasos con hielo y nos vemos en cinco detrás de la pileta, antes que terminen de sentarse todos" me dice rápidamente y se va caminando distraída pero directamente hacia la heladerita que hay a unos metros mientras yo me levanto para apresurarme a seguir sus instrucciones

"Por suerte se dice en cinco y no en cuatro" pienso con cierto remordimiento al pensar en lo que diría Nati si supiera de estos pequeños diálogos entre su marido y su amigo gay aunque después de lo que ella me obliga a padecer no tendría el menor escrúpulo en hacer una orgía con su marido, su padre, su hermano e incluso su primo gordo si supiera que éso le haría algún daño.
Lo peor de todo es que si es atrás de la pileta donde nadie nos ve, no le importaría.

jueves, 2 de marzo de 2017

El Sexo En Tiempos De Grieta




Unas horas después de que Macri ganara aquel histórico ballotage en el 2015, una loquita k de 24 años -que se había pasado el último mes militando como nunca antes para evitar ese desenlace fatídico- puso de estado de face "A los macristas, ni un pete".
Recuerdo haber empezado a comentarle algo así como "Pero qué te hacés la solicitada" o "¿Desde cuándo la chupás tanto, meamarr???". 
Pero claro, no daba. 
No era un buen momento para ponerme a boludearla ni a discutirle nada, sobre todo por que efectivamente la loca, igual que muchos creyentes k de las bases del partido, salió a la calle a hablar con la gente (mientras Cristina mantenía un silencio casi sepulcral y Scioli comenzaba a dar muestras de vida propia) y a tratar de convencer a todos con los que se cruzaba de que Macri era una especie de demonio corrupto y lavador de dinero que sólo quería ser presidente para aumentar tarifas, despedir gente, cerrar fábricas, eliminar subsidios, quitar planes sociales, eliminar retenciones e impuestos a las exportaciones en general, endeudar al país, desligar al estado nacional de las paritarias y, como si esto fuera poco, otorgar a su familia y amigos perdones de deudas multimillonarias y conceder las mejores rutas aéreas  a sus propias empresas (bueno, esto último no estaba en la "campaña bu" pero lo agregué yo por que tengo la ventaja de leer las noticias de hoy).


Pero sacando el pequeño aunque encomiable respeto que me generó esta loquita por militar tan esforzadamente por sus creencias en sólo un mes haciendo esa inservible campaña del miedo (que hasta el cerebrito poco complejizador de Pamela David se vió obligado hace poco a admitir en vivo su cumplimiento) también me retuve a comentarle algo por que mi enorme y nada encomiable conocimiento de las locas y sus berrinches me advirtió que era pura pose.
Supuse que si se le cruzaba un chongo macrista que tuviera al menos buenas gambas o buenos brazos o buena pija y anduviera con ganas de largar unos chorros, la muy puta no se iba a quedar con la boca cerrada, por más que estuviera llorando por Cristina.
Pero me equivoqué.
La grieta argentina resultó ser más grande que nuestras ganas de coger.



De golpe, lo que había sido antes una leve tendencia, tanto de los k como de los anti k, de coger sólo con los que estaban dentro de tu partido político se volvió una especie de mandato
Si hay familias, parejas, amigos y compañeros que se han dejado de hablar porque unos son k y los otros anti k, era lógico esperar que a la hora de ponerla o dejársela poner, los argentinos empezaran a pedir credenciales políticas además de todo lo que venimos pidiendo desde siempre (que podríamos rápidamente resumir en lomo, jeta, pija, culo, plata y juventud).
Y claro, no es sólo con los gays. Ya era la época de los Panamá Papers cuando Matías, un excompañero hetero recién divorciado empezó a pedir a todos sus amigos y conocidos que le presentaran conchas para desquitarse por 8 años de (en teoría) comerse a la misma mina. Y claro, yo pensé en mi amiguita Belén, una morocha ojos verdes que no se pone otra cosa que puperas así sea una mañana helada de julio (si yo tuviera su cintura, también viviría a pupera) y que encima tiene la voz parecida a la de Scarlett Johanson.
Obvio, ese juntadero de leche condensada, que era el Mati recién divorciado, se babeó una semana pensando en todo lo que le conté de mi diosa Belu, para colmo sumándole el mítico morbo de que las amigas de los gays son terriblemente putas.
Y Belén, después de ver fotos de Matías que le pasé por Face, me confesó que le parecía muy sexy su barba, sus ojos dulces y sobre todo, su prometedor bulto.
Así que, contrariando mis experiencias anteriores de arreglador de citas pero confiando en el irresistible encanto de ambos, los presenté por face. Y ese mismo día arreglaron una salida juntos.



Pero la madrugada del sábado en que ellos estaban en plena cita en algún bar de Güemes -mientras yo estaba en el patio de Zen mirando con quién andaban ahora mis ex amantes y los ex amantes de mis ex amantes que anduvieron con los ex amantes de mis actuales amantes (y así ad eternum)-  me llegó un whatsapp de Matías diciendo "Culiado, no me dijiste que tu amiga era k".
Supuse que el speed con vodka mezclado con fernet y cerveza en mi estómago me estaba haciendo ver visiones: que Matías -chongo hetero treintañero de la vieja escuela capaz de cogerse un poste de luz con hueco mientras tenga pollera- haya rechazado un diosón de 26 años sólo por su ideología k era más bizarro que ver a una pasiva a la que me cogí en 2004 toda inflada por los esteroides estrechando su brazo tatuado sobre los hombros de una drag queen con focos de luz puestos como tetas.
Al otro día, en la plaza de la intendencia, Belén me dijo que mi ex compañero era un machista, misógino, homofóbico, neonazi, neoliberal y otras cuantas innegables verdades más mientras echaba burro y menta en el mate y se hacía la que no notaba los 7 u 8 chongos que la miraban con hambre desde distintas direcciones.
Claro, Belén esa misma noche se fue de Güemes a Dorian y terminó en la casa de una loca fumanchera -pero con depto cheto en nva cba- que le prestó la pieza para que cogiera con el pelado de ojos claros que se levantó apenas movió las caderas en la pista mientras la fumanchera y sus amigas se reían de los nuevos colores que veían gracias a no sé qué ácido.


Y para esa triste noche de domingo Belén ya tenía un mínimo de 10 propuestas mientras Matías con suerte comería asado en lo de su hermano siempre y cuando su cuñada estuviera de humor.
Y sin embargo, era Matías el que la había rechazado primero al ver que Belén tenía una foto de CFK de protector de pantalla en su cel.
No, no era que Matías se dió cuenta rápido que Belén no le iba a dar bola y usó su kirchnerismo de excusa para rechazarla primero. Es que, según él mismo cuenta, cuando vió la foto de Cristina, Belén pasó de ser una pendeja sexy, desenvuelta y divertida a convertirse en una puta de mierda choriplanera defensora de choros y corruptos.
Y Belén, aunque se quedó con la duda de saber si el bulto del Mati era real o producto de unas medias hechas bollo dentro del slip (cosa que siempre creí), declaró que no tocaría a ese macrista ignorante clasista ahistórico y vendepatria ni con un puntero láser.
Estos y otros casos parecidos me dejaron verdaderamente preocupado.
Y no por mí, ya que la grieta para mí existe desde hace mucho y atraviesa todo tipo de cuestiones no sólo políticas. Toda mi vida he rechazado chongos hermosos y/o maricas divinas sólo por comentarios racistas, homofóbicos, machistas, católicos, ignorantes y, sobre todo, anti madonnistas. El factor k o anti k, no varía ninguna de esas cuestiones ya que imbéciles así hay de los dos lados.
Lo que sí me pareció preocupante era cómo esta nueva grieta, que nos habilita la posibilidad de resumir nuestros gustos y disgustos con la sola y simple letra k (que encima siempre estuvo de más en nuestro alfabeto), iba a afectar a la sociedad en general y a las locas en particular en esa eterna lucha y competencia por recibir y dar favores sexuales.


Los griegos tenían a Afrodita para la belleza y el amor y a Atenea para la sabiduría. Afrodita cogía y favorecía a los amantes que daban su vida por un momento más de hedonismo. Atenea era casta y favorecía las grandes aventuras donde los héroes se sacrificaban por ideales colectivos.
Eso debería ser suficiente para explicarnos que el sexo y la política no se mezclan. Pero los griegos también nos dejaron otras cosas para aprender como la democracia, la justicia y la bondad y muy bien no las hemos aprendido así que tampoco hay razón para que comprendamos la diferencia entre Venus y Minerva.
Y, finalmente, con todo este caos olímpico, grieta política, lecciones milenarias jamás aprendidas, broncas y revanchismos, pasó lo que tenía que pasar.

La catástrofe final

Era un domingo a la tarde. Yo estaba chateando aburridamente en Manhunt cuando ví una terrible discusión en el tablero general entre una loca anónima y una loca más quemada que Freddy Krueger, a la cual casi todos los gays de Córdoba conocen por el sobrenombre de La Mantis.
La Mantis es de esas pocas y selectas locas que parecen haber vivido siempre en el ambiente gay. Ya era famosa cuando yo fuí por primera vez a Piaf y la he visto luego en todos los boliches y emprendimientos gays en los que estuve. Su edad se pierde en la noche de los tiempos aunque podría llegar a calcularla si es cierta mi teoría de que un brujo sumerio teletransportó una señora gorda de barrio Las Palmas para cruzarla con un escarabajo egipcio y producir a La Mantis (claro, alguna loca estúpida con escasos conocimientos de biología habrá visto el parecido físico de la Mantis con un escarabajo y le clavó "Mantis" por que le sonaba a insecto).


Y no se apresuren a tacharme de mala, gordofóbica o, quizás, macrista por elaborar mi teoría del origen secreto de la Mantis por que la Mantis es una loca mala. Es de esas locas que no se relacionan con nadie, a pesar de tener edad y experiencia para conocernos a todos y todas. De esas que van al boliche a mirar con desprecio a los demás mientras beben un trago barato y tratan de levantar pendejos ofreciendo plata que después no dan (no, no me pasó, pero me contaron...¡en serio! si me pasaba a mí, la Mantis ya estaría muerta) y que si se te acercan para charlar por que te ven cara conocida es sólo para decir que odian a las locas de mierda y a los ghettos de mierda para locas de mierda y que son todas unas locas de mierda, etc. mientras te ahoga con su mal aliento.
La cuestión es que la Mantis jamás levantó nada en ningún lado y, que sepamos, sólo ha cogido con taxi boys que se la tienen jurada por no pagar o por dar billetes falsos. Hasta hace poco, que la Mantis fuera rechazada y vilipendiada universalmente dentro del ambiente gay era lo normal, aceptable y hasta diría justo.
Pero ese domingo en manhunt, era la Mantis la que rechazaba públicamente a otra loca acusándola de ser k (sí, chicas de Macri, la Mantis es macrista. Manéjenlo como puedan, si pueden).
¿En qué mundo estamos viviendo que la Mantis se da el lujo de rechazar a alguien? ¿Hasta qué otros bordes apocalípticos nos llevará esta grieta que está destruyendo a la sociedad argentina?
¿No sería hora de que nos dejemos de joder y nos volvamos a unir antes de que nos devore una plaga de langostas o de que locas malcogidas empiecen a actuar como divas y a negarnos sus whatsapp?



lunes, 20 de febrero de 2017

Los Verdaderos Peligros Del Progreso Tecnológico


Hace un par de años, uno de mis ex compañeros de colegio que ahora es arquitecto envió al grupo de egresados -que una compañera ex gorda y ex bullineada armó en Whats App- una foto de un plano con unas indicaciones de cómo cambiar las puertas.
A los diez o quince minutos mandó un "Ups, perdón". Alguno le hizo el chiste que se imponía sobre los arquitectos que diseñan chupados y lo que va a salir de esa casa y alguna puso un "jajaja" y se acabó. El grupo siguió igual, saturándose de chistes malos que rayan o son directamente machistas y/o homofóbicos, memes que ya vimos todos en Face y fotos de los hijos de aquellos insensatos que se condenaron de por vida siendo padres.
Aquello (además de todo lo otro) era un aviso que me mandaba Dior para salirme de ese infausto grupo y no quise verlo, porque un tiempo después yo mandé al mismo grupo un ¿inocente? "tenes lugar?" un sábado a las 5 37 am.
Por supuesto, los dos imbéciles que estaban chateando a esa hora (uno está en Francia y el otro en Japón) se quedaron mudos un par de minutos. Después pusieron "Rubio, en qué andás?". Y al ratito se desató una catarata de comentarios TOTALMENTE ERRÓNEOS sobre mi vida sexual. 
De hecho, parece que algunos se despertaron (o estarían despiertos sin participar en la estúpida charla del nuevo francés y el nuevo japonés) sólo para poder decir "La rubia está a full", "Que pasó rubio? tan tarde y todavía no cogiste????", "Vení a casa, Ru, te prestamos el sofá pero ojito con lo que traes" etc.

Iba a poner una foto de una ex compañera viendo su cel, pero para la vida virtual mejor son los modelos.

Por supuesto, no había forma de salvarla. Quizás podría haber inventado alguna historia pero estaba medio en pedo, saliendo de Zen con un embole terrible por que lo mejor que me había pasado en la noche era un gordo barbudo con lentes que se me acercó a hablarme de Judith Butler en el balcón de arriba y una loquita que bailó conmigo sólo para beber de mi cerveza. Cuando pasa éso, empezás a mandar mensajes a diestra y siniestra a todos tus huesitos del whats app y te conectás a manhunt, a contactos sex o a lo que sea para ver qué enganchás rápido antes que salga el sol y todos nos volvamos cenizas de vampiros fracasados que no consiguieron ni la más minúscula y flácida carne para chupar. Y claro, si todo eso falla, todavía queda el parque, salvo que te hayas puesto los zapatos caros (como era el caso de esa noche) o andes sin auto.
La cuestión es que, en ese estado de embriaguez y embole es fácil confundirse de conversación. Sobre todo si hay dos giles aburridos que están chateando sin parar y a cada rato te aparece un nuevo mensaje de su conversación encima de las otras que estás teniendo. Así que tuve que reirme y hacerme el superado y decir un par de chistes onda "Callense manga de envidiosos, sigan hablando de si Talleres hizo un milagro con San Lorenzo mientras yo me voy a coger" (ni viviendo en el culo del mundo dejan de pensar en Talleres estos imbéciles fútbol-lobotomizados"!). 



De más está decir que todo ese día y por lo menos hasta el lunes, fui el tema candente de ese aburridísimo y sin sentido grupo de Whats App y, por un par de días, zafamos de los memes de Macri y Cristina.
Y por supuesto, hasta hoy siguen haciendo chistes sobre el tema, mandando de vez en cuando un "tenes lugar?" o un "cuánto de mide?" zafado o preguntando si ya limpié mi depto. Todo lo cual confirma mi teoría de que los heteros creen que los gays vivimos cogiendo y demuestra que sus vidas sexuales apestan lo suficiente como para armar un escándalo por enterarse que yo sigo cogiendo con desconocidos a los 36 años.
O quizás (y mucho más probable) no tenemos nada más interesante de qué hablar.
Pero el tema de este post es otro.
Ya hace tiempo que me daba cierto resquemor abrir la galería de fotos de mi cel y ver fotos de pijas y culos (propias y ajenas) entre medio de las fotos de algún sobrino o ahijado en la playa, del lemon pie  perfecto que hizo una tía y te lo mandó como para decirte "a ver cuándo venís a visitarme", de scans o fotos de documentos del laburo que es caro mandar por fax o del plato de sushi que se está comiendo un imbécil en algún restaurant caro (o no) y te lo manda creyendo que pensás "qué cool que sos comiendo sushi" en vez de "qué mierda me importa lo que te llevás a la boca ni en dónde, pelotudo"...(bueno, cuando se trata de sushi -o cualquier comida- realmente no me importa).
Sí, existen funciones para poner fotos ocultas, para crear albumes en otro lado, para esto y para aquello. Pero ¿quién se pone a hacer éso? Tenés que estar muy al pedo. 
Digamos la verdad, las fotos que realmente nos gustan o queremos conservar las subimos al Face o al Instagram o, en un rapto de locura enfermiza impensado y rarísimo, las bajamos a la compu con el cable o algún proceso raro que incluya wi fi entre el cel y la compu sólo para guardarlas en alguna carpeta de fotos para el recuerdo que, si llegamos a abrirla alguna vez en el futuro antes de borrarla por equivocación o de que muera con la computadora, sólo nos servirá para pensar "¡Con razón me anda tan lenta la compu! ¡La tengo llena de porquerías!".
A lo que voy es que raramente nos sentamos a borrar fotos, videos y archivos. La mayoría del tiempo andamos por la vida llevando fotos y videos de todo tipo, incluso muchas que servirían para hacernos (o hacerle a alguien) un revenge porn, con el riesgo de que se nos caiga el cel en algún lado o nos lo chorifiquen y caiga en manos de un alma maligna que lo use para chantajearnos.
Pero, de todas formas, ese riesgo es fácil de disminuir tomandonos un tiempito por día o por semana para borrar lo más comprometedor o para crear algún tipo de carpeta oculta.
El peligro que es imposible de evitar es el de mandar sin querer una foto o un video a quien no debíamos. Esta vez fue sólo un estúpido aunque insalvable "tenés lugar?" en un grupo de gente que me conoce de chico, que sabe que estoy soltero y que aunque crean que me voy a morir embichado o asesinado en una zanja por tener sexo casual entienden que es una vida posible y normal para un gay soltero en sus últimos años de treintena. Pero la próxima puede ser mandarle mi culo abierto a mi viejo, mi pija parada a mi vieja, mi video mamándola a mi tía, el video en que me la maman a mi sobrina como también una foto o video de algún otro culo u otra pija o algún otro acto sexual que me mandaron y no borré.


Por que si bien el cyber acoso y el revenge porn ya se han cobrado víctimas, por lo menos hay leyes en las que te podés amparar para pelear contra los que te acosan (y supongo que en el futuro el cuerpo legal referido a internet va a ser cada vez más grande y complejo, es decir, más tramposo). 
Pero de los errores propios no te salva ni la ley, ni Macri, ni Dior ni Madonna.
Está el caso extremo de la gente que tiene dos celus, uno para esposos/as, novios/as, flia, amigos y el otro para sexo y trampa. Pero ya es un quilombo tener un sólo cel, estar acordándotelo y vigilándolo todo el tiempo como si fuera tu alma...¡imagináte tener dos!.
Con las cuentas de Face o de cualquier red social es más fácil. Hasta podés usar la misma contraseña para que no sea demasiada carga para tu memoria. Pero tener dos celus no sólo es kilombo si no que también es aceptar que tenés una vida privada que no compartís ni con tu esposo/a.
No sé, en cualquier momento explota todo. 
Estamos a sólo un clik de envío para que pase la catástrofe.
En cualquier momento le mando mi culo o mi pija a mi tía y me quedo sin lemon pie casero de por vida. 
(¡Todo en este mundo se complota para que aprenda a cocinar!).
Creo que, desde los primeros y horribles tiempos del Sida, jamás habíamos vivido tan en peligro las locas con vida sexual activa.

viernes, 10 de febrero de 2017

The Deeper I Go, The More That I Know


Cuando era adolescente, odiaba profundamente ir a bailar.
Claro, estaba obligado a ir a boliches heteros con mis amigos heteros, que buscaban, coqueteaban, histeriqueaban, chapaban (así se decía en los 90) y, con muuuucha suerte, cogían con mujeres heteros.
¿Puede haber una plan más aburrido para un gay? (no, no me calentaban mis amigos heteros: eran o feos o gordos o jugadores compulsivos del street fighter-cosa que yo, como Chun Li, también era- o, simplemente, aburridos)
No sabía que ya existían boliches gays en Córdoba. Y aunque lo hubiera sabido tampoco me hubiera atrevido a ir, tema del que ya hablé bastante acá.
Pero bueno, ahora que tengo 36 añitos, que conozco lugares gays que tengo dinero propio, auto, depto limpio y (digamos) medianamente ordenado para traerme un levante ¿Estoy saliendo todos los findes a reventar la noche? ¡No! Porque no tengo amigos con los que salir.
Resulta que están todos casados o en pareja así que cuando los agito para ir aunque sea media horita a mirotear locas, me contestan con un rotundo y certero:"¿para qué voy a salir si no puedo levantar a nadie?".
Es un argumento incontestable, pero sé que no es cierto. Tanto a mí como a ellos nos gustaría poder decir que son sus parejas los que los tienen castrados y atados a la casa mediante escrupulosas manipulaciones o escandalosas escenas producidas por los celos. Pero no, son ellos los que están con la panza mirando el techo mientras dejan que Netflix los lobotomice como antes los lobotomizaba el face, el youtube, el msn, Tinelli y, por supuesto, el Street Fighter.
La vida  actual está terrible y cruelmente diseñada para que los gays tengamos que tener problemas a cualquier edad a la hora de salir a divertirnos. O bueno, también podría pensar que a los 36 años ya debería estar casado o en pareja y pasar mis noches de viernes y sábados mirando series en la cama.



Lamentablemente -o afortunadamente, ya la verdad no sé- a esta altura de mi vida ADORO salir a bailar. Después de pasarme años yendo obligadamente a lugares heteros llenos de heteros, no hay nada que me ponga más contento que poder ir a un lugar gay que esté lleno de gays. Incluso hoy, que ya pasó tanto tiempo y tanta agua bajo el puente (y tanta leche por...).
Y, como la mayoría de la gente, no me sale ir a bailar solo. 
¿De dónde viene esa estructura tan fuerte que tenemos todos -tanto heteros como gays- de pensar que salir solos es de locos? ¿Será por que recordamos a esos viejos con cara de depravados que nos miraban desde la barra mientras agitábamos nuestros encantos en la pista? ¿Será por que ir a bailar es un momento donde tenés que demostrar que tu vida es un éxito y tener amigos divertidos, lindos y bien vestidos es parte de ser exitoso? ¿Será por que tenemos que pagar el alcohol solos en vez de ir a medias o aprovecharnos de la generosidad semi inconsciente de algún amigo borracho que no para de comprar tragos?
Buen tema para hablarlo con un terapeuta (si tuviera) con un antropólogo (si conociera alguno que no viva fumado) o para armar algún futuro post.


La cuestión es que, el viernes pasado, me harté de las eternas negativas de mis amigos para acompañarme al boliche (que encima vienen acompañadas de fabulosas y tentadorísimas contra-invitaciones a sus casas para comer, ver películas y/o jugar a las cartas) y decidí salir solo.
Como siempre me pasa en esos momentos críticos de enfrentar situaciones nuevas, recurro a mi diosa -que por suerte ya vivió todo y tiene una respuesta para todo- y recordé el aburridísimo aunque inquietante video de una de sus mejores canciones: Deeper And Deeper.
Si Madonna salía sola en 1993 ¿Por qué no puedo hacerlo yo en 2017? 
Encarándolo así, era más fácil, así que me bañé, me peiné los rulos, me corté las uñas, me llené el bolsillo de forros y tic tacs, agarré las llaves de mi fiel peugeotito y enfilé para la peligrosa, insegura y casi intransitada avenida Julio Roca, donde se encuentra Zen.


Mientras manejaba, pensaba que estaba haciendo historia en mi vida. ¡Era la primera vez que salía solo a bailar! Bueno, en realidad no lo era, lo había hecho a los 21 o 22 años, pero en otro contexto y por otros motivos.
Ahora sí existía peligro.
Podía ser que esa noche me transformara en uno de esos viejos que se la pasan toda la noche apoyados en una pared mirando a los demás bailar y divertirse. O podía ser que me transformara en uno de esos viejos que se pasan toda la noche bailando solos y borrachos en medio de la gente causando risas, asco y/o pena. 
Ambas opciones eran terribles, pero igual entré a Zen, decidido a empezar una nueva etapa de mi vida donde no necesitara agarrar en público el brazo de alguna amiga para que no me juzguen.
Ok, estaba temblando por dentro, lo admito. Con cada loca que me miraba más de un segundo, mi mente gritaba irremediablemente: "Está pensando que sos un solterón fracasado, sin amigos, insoportable, degenerado, sinvergüenza y hasta quizás asesino serial, zombi y/o extraterrestre".
Pero pronto me dí cuenta que era mi cabeza, que nadie me prestaba mucha atención y que, aunque no lo pueda creer, no soy el centro del mundo de los demás.
Aún no sé cuál sentimiento es peor, pero sigo con mi aventura. A poco de entrar pedí una cerveza para darme ánimos y me apoyé inevitablemente en la barra para tomarla. Y ahí estaban. Otros tipos solos, apoyados también en la barra, bebiendo y mirando gente.
Estaba a punto de empezar a clasificarlos según edad, ropa, apariencia, bebida que consumen, postura corporal, etc (para así poder encontrar algo en lo que los viera inferiores a mí y asi poder pensar que los perdedores eran ellos y no yo) pero mis prejuiciosos intentos se vieron interrumpidos por un suave toqueteo en mi brazo (las locas no nos golpeamos) y un altísonante "¡Rubio! ¿Sos vos? ¡Tanto tiempo!".
Era una loca con la que había cogido quizás en 2004 (o quizás 2006, qué se yo) y que después había cruzado en fiestas, boliches y redes sociales a lo largo de los años. Me dijo un par de pelotudeces sin sentido y casi inmediatamente me preguntó así, sin vaselina "¿Estás solo?".
Y ahí mi indomable y orgulloso espíritu aventurero se arrugó igual que pito frente a culo sucio y dije, fingiendo despreocupación: "No, estoy con unos amigos, pero no sé dónde andan".
"Ah, sí, los míos tampoco sé donde andan..." siguió él.
Y siguió hablando boludeces mientras yo lo odiaba internamente por obligarme a ser cobarde. ¿Porqué no le pude decir "Sí, vine solo"? ¿Quién es esta loca que ni recuerdo cómo se llama -ni cómo cogía hace 10 años o más- para que me importe lo que piense de mí? ¿Cuando Madonna se encuentra con el clon de Axl Rose le dice "Sí, vine sola" o "Estoy con la Cindy y la Tina y la Annie, que andan por ahí?"



Bueno, el moco estaba echado y no había nada que hacerle, así que toleré un rato de charla pelotuda típica de boliche y me despedí para ir al piso de arriba, mientras pensaba que "Es la primera vez. La próxima ya me voy a atrever a decir que salí solo".
Y entonces, de nuevo intervino la maldita justicia poética y en la punta de la escalera casi me choqué con otras dos locas que conozco por ser amigas de un amigo. Ahí nomás me atacarton con un "¡Hola Rubio! ¿Qué hacés? ¿Viniste con el Gonzalo?".
Mi respuesta fue un confuso "No...emm...estoy con...con otra gente".
Lo dije bajito, esperando que la música tapara mi cobarde respuesta. Pero me escucharon y contestaron "Ah, bueno, ya me parecía, por que a la Gon ya no la dejan salir más ¿viste? jaja, el novio es re mala onda...etc etc etc".
Estuve un rato con ellos y de nuevo me alejé. Había fracasado por segunda vez en enorgullecerme de mi independencia. Y lo peor de todo es que empezaba a notar un patrón: había salido solo pero el boliche estaba lleno de locas conocidas y ex amantes. Y todos me iban a preguntar "¿Con quién viniste?" o "¿Estás solo?".
¿Cómo no lo pensé antes? Si llevo saliendo como 17 años sin parar dentro de un ambiente bastante reducido como es el ambiente gay, es inevitable que pase.
Empecé a pensar en irme, pero no. No me iba a dejar ganar. Me iba a quedar y a disfrutar mi salida solo aunque todo el boliche hiciera fila para preguntarme "¿Viniste solo?".


Pero ¿cómo se puede disfrutar una salida solo?
Bailar solo, ni en pedo. No podría. Además, no le veo lo divertido.
Beber alcohol solo es casi tan divertido como jugar al ajedrez solo.
Observar a la gente...bueno, sí, es algo que me encanta. Pero no tengo con quién intercambiar mis interpretaciones de lo que veo, y no me iba a poner a anotarlas.
Lo único que queda es ir directo al grano, a la principal razón por la que uno sale.
Con esa idea, me acerqué a un pendejo que más o menos me gustaba y que me había pegado unas cuantas miradas desde que entré.
Como yo estaba solo y era mayor y a él se le notaba que era pasivo, le hablé primero.
También me preguntó si estaba solo. Y de nuevo, como un idiota, le dije "No, estoy con unos amigos".
Charlamos un rato y, después de comprobar nuestra incompatibilidad ideológica, política, intelectual y -sobre todo- musical, le dije "Me voy a comprar una cerveza, ya vengo" que en lenguaje gay de un viernes a la noche en Zen significa "Hasta nunca" y me fuí para la otra pista.
Allí tuve más aventuras de encare, a veces yo a veces el otro, y en todas dije "Estoy con unos amigos, no sé dónde andan".
Al final, me dí cuenta que no era tan grave el conflicto ético interior que me planteaba no decir que estaba solo y me olvidé del asunto.
El destino entonces pareció recompensar mi despreocupación y apareció un morocho hermoso de musculosa roja que dejaba ver todo un brazo tatuado. Nos sonreímos apenas vernos y al ratito estábamos charlando. Y al otro ratito, estábamos tranzando mal.
También me preguntó si estaba solo y ya, en modo automático, le dije "Estoy con unos amigos" y me lo tranzé rápido para evitar pensar de nuevo en éso.
Estuvimos un buen rato en la pista tranzando, charlando, descubriéndonos gustos comunes y calentándonos mutuamente, hasta que lo invité a mi casa y me dijo "Bueno, me despido de mis amigos, me acompañás al baño y vamos ¿Querés?".
Se despidió de sus amigos mientras yo me hacía la diva sosteniéndole la mano y lo acompañé al baño. Y mientras lo esperaba en la puerta (no tenía ganas de esperar un inodoro ni de que alguna loca borracha me mirara la pija en el vigitorio) ví una travesti como de 60 años recostada contra la pared del baño de mujeres. Estaba borracha o drogada, con la sonrisa desviada, mientras una mina, bastante borracha también, trataba de arrastrarla con ella y le decía "Dale, Naty, vamos". Se caían en el piso mojado (vaya a saber con qué) y se paraban de nuevo y los tacos se les doblaban y se caían de nuevo. Y se volvían a levantar riendo y puteando y cayendo de nuevo.



Eran la viva imagen de la decadencia que comienza a aparecer de diversas formas a las 4 y media de la mañana por todos los boliches de la ciudad.
Mientras veía eso, pensaba en mis amigos, todos durmiendo abrazaditos a sus parejas en sus casas después de ver dos o tres capítulos de algo en Netflix y listos para empezar el día en unas horas mientras que yo estaría cogiendo con un desconocido al que probablemente no volvería a ver nunca.
Fue uno de esos momentos reveladores en que parece que estás viendo dos caminos.
Uno parece llevar a que los futuros sábados de tu vida a las 4 am estés resbalando y doblando los tacos sobre agua con mierda.
El otro parece llevar a que los futuros sábados de tu vida a las 4 am estés durmiendo tranquilamente en tu cama junto a la persona con la que compartís tu vida.
No tuve la menor duda de cuál camino prefería yo.
Cuando mi morocho salió el baño me dijo "Bueno ¿querés buscar a tus amigos para despedirte o les mandás un whatss app?"
Y por fin pude contestar "No vine con amigos, vine solo".



Me miró como si yo fuera un extraterrestre y me dijo "¿Solo??! ¿Pero no me habías dicho que viniste con amigos?"
"" le dije "Pero es mentira. Vine solo. Me encanta salir solo. Me encanta saber que la estoy pasando bomba mientras mis amigos la pasan bomba durmiendo".
De nuevo me miró raro pero me reí y se rió. Y nos fuimos.
Y cogimos.
Y no lo volví a ver ni pienso hacerlo por que se puso meloso por whatss app y yo quiero estar soltero para poder salir solo de nuevo este viernes y todos los viernes que aguante mi cuerpo.

                                             

sábado, 22 de octubre de 2016

Are you INTO the world like me?



Hay gente que se va a quejar pase lo que pase y vivamos como vivamos.
No importa que estemos tocando el cielo con una mano, siempre se van a fijar en porqué la otra mano no lo toca o dónde tenemos apoyado el culo o por qué necesitamos tocar el cielo, etc.
Y hay artistas como Moby que van a lucrar vendiendo sus obras melancólicas, apocalípticas, mala onda y, generalmente en blanco y negro, a esa gente.
No tengo nada contra Moby -ni contra ningún artista- y me parece genial que haga lo que hace. A veces me aburre, a veces me gusta como para escucharlo un rato, jamás me entusiasmó ni me fascinó y, lo mejor de todo, nunca me molestó. Ni ahora que sacó su nuevo video.
Lo que sí me molesta es la gente que te lo quiere vender como un filósofo o un dueño de la verdad.
O sea, sí, vivimos en un mundo lleno de autómatas que se la pasan mirando su celular. ¿Y? Antes miraban la tele y leían revistas pelotudas, antes escuchaban radio y antes, no sé, miraban caer las hojas de los árboles o le buscaban formas a las nubes. La decisión/posibilidad/elección/condenación de ser un autómata no depende de qué usés para serlo sino de tu falta de decisión/posibilidad/elección/condenación de no ser un autómata.
Yo no sé qué es lo que le ve la gente de lindo al mundo sin internet. Hay veces que incluso me cuesta recordar qué hacía yo hasta mis 21 años que viví sin ella. Pensándolo bien, tenía muchos ratos al pedo y de aburrimiento que ahora, si los tengo, son por decisión propia de dejar un rato la compu o el cel para descansar los ojos y el cuerpo o, simplemente, porque me aburrieron.
Creo que éso es lo que más me gusta de las nuevas tecnologías, que ahora los momentos de aburrimiento son una elección y no una condena.
Porque gracias a la web ahora puedo leer todos los libros a los que antes no podía acceder por falta de plata o, peor, porque a mi ciudad no llegaban o no estaban en un idioma que yo supiera. También ahora puedo ver todas las películas, series, animaciones, etc. que siempre quise ver y rever y miles más que ni sabía que existían o que creía inalcanzables. Y ni hablar de la música ni del resto de las artes.
Claro, al principio todos decían "¿Pero cómo vas a bajar música, películas, libros, etc? Es injusto para los autores". Pero no, la realidad es que ahora los autores pueden producirse y editarse a sí mismos sin necesidad de productoras y editoriales que antes lucraban a full con sus obras, estafando tanto a los artistas como a los consumidores. Y el artista que no se quiera producir o editar a sí mismo simplemente puede pagarle a otro que se encargue de hacerlo.
En los 90, si no era por las revistas asquerosas como Rock & Pop o 13/20, yo no me enteraba de qué hacía Madonna, si iba a sacar album nuevo o salir de gira o coger con otro chongo o, simplemente, si estaba viva o muerta. Ahora tengo contacto directo con ella a través del face e Instagram. Obvio, no hablo con ella ni ella sabe que yo existo, pero ahora veo lo que ella hace o dice sin intermediarios, veo las fotos que se saca en el baño o en la cama y las pelotudeces que se le ocurre poner a ella y no a otro que hable por ella. Y, encima, lo veo al instante, sin más filtros que los que quiera poner ella (o, en todo caso, la gente que ella elija para crear su cuenta y no un periodista estúpido tercermundista que capaz entiende mal o traduce mal o inventa lo que no sabe).
¿Es una estupidez enterarte de lo que hace Madonna día a día? Seguro. Pero la vida también se compone de estupideces y al menos puedo elegir enterarme sobre las estupideces de la gente que me interesa y no de las que me impone Tinelli, Magnetto o quien sea.
¿Queremos hablar de cosas que -al menos para los activistas con consciencia social- no son estupideces? Bueno, si no fuera por internet yo ni me enteraba lo que estaba pasando/pasa en Rusia  o Jamaica o Nigeria (por nombrar algunos casos) con la población LGTB porque, hasta el día de hoy, en ningún diario, programa de tv, radio, etc. se habla de éso. Y lo mismo con muchísimas otras cosas que están pasando y a los que arman las noticias no les interesa contarnos (o no les pagan para ello).
Y ni hablar de la cantidad de artistas, escritores, pintores, periodistas, blogueros, opinólogos, etc. a los que uno puede seguir directamente, al instante y gratis. Acá el único peligro que veo es el del tribalismo, porque al final uno sigue a todo lo que le gusta y acuerda y desecha lo que detesta o lo que le aburre y termina encerrándose con gente que piensa igual que uno, que lee lo mismo que uno, que disfruta lo mismo que uno, etc. Pero bueno, es también algo que uno puede evitar manteniendo contacto con alguna gente y opiniones diferentes (por lo pronto, no he eliminado del face al esposo facho de una de mis amigas ex-zurda y leo online los diarios de derecha, de izquierda, de centro y los de derecha que dicen ser neutrales).



Por otro lado, los apocaliptólogos que celebran el video de Moby se quejan de que la gente se la pasa mirando su celular y no miran la realidad de al lado. ¡Holaaa!! ¿Qué querés que mire? Si al lado tengo a una persona aburrida, estúpida o desconocida y en el cel me están hablando mis familiares, mis mejores amigos o sale una noticia de la gente que admiro o de los temas que me interesan, OBVIO que voy a mirar el celular y perder contacto con quien tengo al lado. No me desconecto de la realidad sino que elijo con qué parte de la realidad conectarme. Si al lado mío pasara algo que me llama la atención o que me interesa, dejo el cel y presto atención a lo que me rodea. Si no ¿Qué sentido tiene?
Algunos te dicen que es de mala educación ponerse a mirar el cel en medio de una charla. Yo coincido hasta cierto punto. Si estás hablando de algo importante y necesitás que el otro te escuche porque le vas a hablar de plata, sentimientos o algún asunto impostergable, bueno, obvio que le vas a decir que suelte el cel o lo que sea que lo distrae y te atienda. Pero si estás hablando pelotudeces y el otro deja de escucharte para mirar su cel, en vez de enojarte...¡dejá de hablar pelotudeces! 
¿Porqué tenemos que atender a las pelotudeces de los demás si tenemos algo mejor que hacer? Y éso que yo, personalmente, uso muy poco el celu fuera de casa y en general prefiero escuchar pelotudeces que estar pendiente del face (donde, al fin y al cabo, también hay bastantes pelotudeces que no me importan). Pero si otra persona se pone a mirar su cel y no atiende a la conversación, la verdad no me ofende para nada si es una conversación banal. 
Además que hoy en día cualquier charla te lleva a "¿Viste lo que dijo tal, lo que puso tal, el video de tal, la publicación de tal?" y a fin de cuentas vas a terminar sacando el cel para mostrar un videito o para leer algo o para buscar info de algo. Nuestras charlas ahora son interactivas y, si bien detesto tener que mirar un video que me muestra alguien porque "lo tenés que ver", es inevitable que así sea.
Hace poco uno de mis mejores amigos se fue a vivir a Santa Cruz y gracias al celu es como si lo tuviera acá. De hecho, ayer le sacaba fotos al lugar donde estaba y la gente con la que estaba (sin que me vieran, obvio) y se los mandaba y comentábamos todo como si estuviéramos juntos. Sí, obvio, preferiría mil veces que estuviera acá pero, hasta cierto punto, prefiero que esté allá porque está viviendo una experiencia nueva que le gusta y le sirve y le hace bien y no dejamos de comunicarnos. De hecho, hasta hablamos más que cuando estaba acá por que viviendo en la misma ciudad uno supone que tarde o temprano va a encontrarse o comunicarse con sus amigos y al final pasan días o semanas y no hablás nunca.
Y ni hablar de los amigos que viven en Córdoba pero están en la otra punta. Atrás quedó esa horrible época de "A las 12 en la puerta del Olmos" para quedarte esperando 2 o 3 horas como un pelotudo porque el otro no tenía forma de avisarte que no iba o que no conseguía colectivo.



Comunicarse, informarse, entretenerse, conseguir lo que uno quiere ahora es más fácil, más rápido y más barato o incluso gratis. Pero claro, si uno quiere puede verle el lado negativo y decir que la gente se la pasa todo el día conectada con extraños sin crear vínculos humanos reales y sacando fotos para subirlas y aparentar una vida mejor de la que tiene. Y bueno, antes las tías solteronas ponían fotos de modelos hermosos en los portaretratos de sus cómodas para inventarse novios en una lejana juventud donde eran bellísimas (y no había fotos para comprobarlo o denostarlo). La mentira y el autoengaño no es culpa del celular o de la internet, en todo caso es culpa de la gente fea que no tiene vida. 
La gente que no sabe vivir y disfrutar en la vida real, tampoco sabrá hacerlo en la web. O quizás la web les da la posibilidad de crearse una vida irreal más linda y disfrutan un poco así, quién sabe. Autoengañarse les hace daño a ellos mismos y, salvo que sean unos pedófilos encubiertos o unos hackers de esos que no sabemos si existen, ¿A quién van a engañar? A estas alturas, el que cree en una foto irreal de alguien en un chat pedorro y se larga a conocerlo y enamorarse en vez de antes pedir confirmación por cam, face, instagram, whatsapp, etc. se merece que lo caguen por pelotudo.
También ahora todo el mundo filma y saca fotos de todo lo que pasa al instante. ¡Genial! Así no dependemos sólo de periodistas que responden a sus empleadores sino que vemos lo que pasa con más fidelidad, desde distintos puntos de vista y a veces en directo. 
Estamos siendo casi como dioses y sigue habiendo gente que se queja. Claro, los más viejos que de pedo saben prender la compu se quejan porque se sienten desplazados ¿Y cuándo no se sintieron así los viejos? 
Ahora, una persona joven que usa la compu y el cel para labura/vivir y se siente superior porque no usa las redes sociales y encima se mete al face o a los comentarios de una noticia del video de Moby para decir que no las usa (???) y vive una vida natural y humana...que alguien le pegue, por favor.

lunes, 3 de octubre de 2016

Pagáme que me vibra


Jamás creí que viviría para ver el día en que una pasiva cobre por que le hagan vibrar el culo, pero la tecnología avanza a pasos tan agigantados que tal aberración está pasando en este mismo momento.
Así es, hasta hace poco, las locas y no tan locas con lomo más o menos respetable (y, por supuesto, unas cuantas creídas muy caraduras) te cobraban por hacerte un show privado por cam, que supongo sería desnudarse, masturbarse, quizás meterse algún juguete o incluso cumplir algunas órdenes sucias que les mandaras.
Para eso, tenías que pagar con tarjeta de crédito y mandar unos "tips" (propinas) a algún modelo que estuviera online y tenías tu showcito privado. Pero ahora, gracias a un consolador que se conecta por internet, si mandás un tip podés hacer que el aparatito le vibre dentro del culo al modelo de turno.
El aparato se llama ohmibod, y en realidad es un consolador diseñado para ser controlado remotamente con un teléfono inteligente. En vez de estar doblando el brazo hasta tu culo para apretar un botón, ahora sólo te insertás el ohmibod en el ano y con tu telefono controlás las vibraciones y los movimientos que hace, mientras chateás, twitteás, revisás el mail, te sacás una selfie o posteás en el face.


Hace mucho que en Manhunt tenés la posibilidad de ver modelos transmitiendo en vivo. De hecho, uno mismo puede crearse una cuenta y empezar a transmitir para que te vean en cualquier lado del mundo. Si bien soy demasiado pudoroso, moralista y paranoico como para mostrarme yo, tengo cero problema ético con ver a otro, así que de vez en cuando probé entrar a ver cómo era la onda, ya que tenés varios minutos gratis.
Y me aburrí como ostra. Ver a un tipo, sea lindo o feo, que está como autómata frente a una cam mientras le llegan mensajes de alabanza a su físico de parte de todos los que lo están mirando es tan entretenido como ver una porno que ya viste. En dos ocasiones me pasó de llegar a entablar una conversación e incluso seguirla por skype, una vez con un colombiano y otra con un ruso. Pero en general, la capacidad de diálogo de los modelos se limitaba a "hi" "what s up, bud" y "thanks, man". 


Supongo que si apretás el botón de propina y ponés el número de tu tarjeta de crédito, se volverán un poco más interesantes o, al menos, se mostrarán en bolas.
Pero el tema es que hay muchos que se muestran en bolas sin que les pagues. Y, por otro lado ¿Da para pagar por ver a un tipo desnudarse cuando en internet abundan los videos y fotos porno gratis?
No sé, personalmente me puedo excitar viendo una porno que tenga a dos o más tipos cogiendo, pero jamás me excitó ver a un tipo solo desnudarse o masturbarse. Entiendo que puede haber gente que le excite éso y también entiendo que puede haber gente que se excite con lograr que un tipo se desnude por plata, al fin y al cabo es una forma de experimentar poder o dominio sobre otro.


Pero a mí, que ya las mismas pornos me aburren y sólo veo partecitas, que me aburren el sexo por cam y los shows de strippers o de pajeros, el mundo de las cam no me puede ofrecer mucho.
Lo que sí me parecía interesante era leer las conversaciones, ya que el chat con el modelo es público. Recuerdo haber leído un usuario que trataba por todos los medios de levantarse a un modelito que tendría 18 años como mucho tratándolo de la forma más desagradablemente paternal que se le ocurría. De hecho, le decía "Qué bueno que hoy te sientas bien, ayer estabas un poco deprimido no?" y la drama queen cuasi menor de edad le respondía:"Sí, hay días en que me siento mal y otros en que me siento bien" (¿No será de acá que Macri saca sus brillantes frases?).
Igual, prenderse en la conversación de otros puede ser enfermizo, repulsivo, patético e indicar que uno no tiene vida pero, sobre todo, puede ser aburridísimo, así que tampoco por ese lado me inserté al mundo de las cam.


A veces, ver una foto de un modelo que está riquísimo te tienta y apretás sobre la imagen para ver su cam y, como suele ocurrir, la foto es una obra de arte del fotoshop y la cam te muestra que en la realidad esos seres no existen.


Otras veces, ver la foto de un modelo horrible te sorprende y te metés a ver si realmente un tipo así de feo puede ser modelo. Y sí, puede serlo, e incluso quizás hasta cobre algún tip de vez en cuando, porque andá a saber cómo les funciona la cabeza a los que pagan por ver modelos masturbarse. No quiero ser prejuicioso (desde cuándo!!?) ni moralista, pero ya el hecho de que paguen por ello creo que debería considerarse síntoma de algún problema psicológico o, por lo menos, síntoma de que el sistema capitalista se está cayendo a pedazos con filtraciones de capital tan carentes de sentido.
En fin, los que pagan a los modelos que se exhiben por cam son un mundo aparte y sin duda constituyen un fértil campo de exploración para la psicología (por no decir psiquiatría) la antropología (por no decir zoología) y la blogología (por no decir el alpedismo). 
Entiendo que pagarle a un tipo lindo (o feo, si es lo que te gusta) para que te muestre el pito, la cola o lo que sea por cam puede darte cierta sensación de poder. En mi caso me causaría frustración por que, si fuera a pagarle a alguien (cosa que no haría ni que me paguen a mí), sería para coger de la forma que yo diga, en el lugar y tiempo que yo elija, por lo menos. Pero, repito, entiendo que alguien quizás experimente algún tipo de satisfacción pagándole a un modelo para que se desnude por cam.
Lo que no entiendo es cómo te puede generar algún tipo de satisfacción pagar para que le vibre la cola a una pasiva que está tirada frente a una cam con el ohmibod clavado en el centro del orto. 


O sea, sí, sería una extensión de ese placer de tener control sobre otra persona. Sería incluso causar una sensación física en el otro sin necesidad de experimentar un contacto físico (¡Hola,traumados por el HIV y las ETS o las prohibiciones del Levítico! Me parece que los romanos que compilaron libritos de fábulas para armar la biblia sólo predicen el infierno para los hombres que se acuestan con hombres pero no dicen nada para los hombres que aprietan botones para hacer vibrar culos de otros).
Finalmente, las predicciones futurísiticas del cine y la tv se están cumpliendo. Como Homero Simpson en la visión del futuro de Bart, que chupa un cable para saborerar un helado cibernético o como Sylvester Stallone y Sandra Bullock en esa película pedorra que ni recuerdo el nombre donde tienen sexo a distancia usando unos cascos cibernéticos que les mandan imágenes eróticas de ellos mismos ¿Hemos llegado por fin a un momento donde para tener sexo sólo tendremos que apretar botones, bajar apps y pagar con tarjeta?


Obvio que no, anoche cogí con una persona de carne y hueso (bueno, eso creo al menos) y esta noche cogería de nuevo con otro. Quiero creer que esa gente que paga por hacer vibrar los ohmibod que se clavan las pasivas de las Manhunt Cams también tienen sexo real y carnal y que una cosa no quita la otra. 
Ahora, más allá de todos ésos obvios cuestionamientos morales sobre la tecnología y la deshumanización que ya nos tienen hartos a todos, a mí lo que me parece terrible, revolucionario y cuasi -apocalíptico es que alguien pague por el placer de una pasiva. 


O sea ¿Desde cuándo ver a una pasiva gozando con un consolador es algo excitante? 
Incluso ponéle que te excite éso ¿Desde cuándo pagar para que a una pasiva le vibre el consolador se volvió algo deseable, cool y merecedor de nuestro dinero?? 
Los que pagan por hacer vibrar culos de pasivas ¿Son activos degenerados de mente sucia y pechos peludos que se les cae la baba cuando ven a la pasiva retorcerse de placer gracias a sus tips o son locas tan pasivas como las otras que simplemente gastan su dinero en lo que está de moda, aunque esa moda implique un cuasi lesbianismo via internet entre pasivas?
Sí, sí, ya sé, cada cual hace de su culo un florero (o un receptor de ohmibods) y gasta su dinero en lo que se le cantan las pelotas. 
El tema es que si mañana estuviera de moda pagar para, ponéle, financiar abortos ¿Lo vamos a hacer aunque seamos católicos ProVida sólo porque lo hacen todos?
Anyway, si sos pasiva y te divierte pagar por hacerle vibrar la cola a otra pasiva, adelante. Te están esperando un montón de pasivas alrededor del mundo con el ohmibod en su lugar.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Carlos Jáuregui cerró la grieta


Bueno, por fin una buena.
Después de pelear mucho (yo, no: no vivo en Buenos Aires, pero las locas y no locas gay friendly de allá pusieron un huevo más admirable que el mío, que sólo puedo poner me gusta en el face) la estación del subte que cruza las porteñas y clásicas calles de Pueyrredón y Santa Fe, se va a llamar Carlos Jáuregui.

Mientras escribo ésto, me parece escuchar la voz de alguna típica loca envidiosa/malaonda/apática y con pretensiones de apolítica diciendo: "¿Y a quién le importa cómo se llame una estación?".
Bueno, el hecho de ponerle el nombre de un gay a una estación, importa. Sobre todo si pensamos que en el mundo hay países que prohíben hasta que se hable o se mencione algo positivo a favor de la homosexualidad o que se reconozca que un gay puede merecer que se lo honre y recuerde por sus actos y logros. Y mas aún si pensamos que en Argentina, a pesar de todos los avances que hemos tenido en los últimos tiempos, todavía hay gente que hace lo posible para que nos parezcamos más a Rusia o a Nigeria que a Dinamarca o Suecia.


Sólo por éso es importante. Pero también lo es por el hecho de que sea para Carlos Jáuregui.
Sí, ya hay una plaza con su nombre en Buenos Aires. Y necesitamos muchas más con su nombre y con los de Perlongher y tantos otros en Baires y en todas las demás ciudades argentinas.
Yo no conocí a Carlos, murió cuando yo tenía 16 años, es decir, cuando lo más cercano a un gay que yo conocía eran Gasalla y los bailarines de Madonna. Lo conocí mucho después gracias a su legado.
Y ése legado es importante por diversas razones.


Muchas veces he escuchado a los k atribuirse como un logro propio todas las conquistas que se lograron últimamente para el colectivo gay. Y a los anti k los he visto retrucando con el argumento de atribuirle al kirchnerismo un pragmatismo oportunista, propio de todo populismo, por el cual terminó haciendo pasar como suyas conquistas propias de una época que tiende a una ampliación de derechos al menos en Occidente.
Ambas posturas son comprensibles políticamente y, como todas las otras cuestiones en las que se enfrentan los k y los anti k, nunca se van a poner de acuerdo.
Pero después tenemos a esa tercera postura que viene de la izquierda (o, al menos, de uno de los 8324957400320455 partidos en que se divide la izquierda argentina) , que dice "no es una conquista de un gobierno sino del pueblo".
Por supuesto que la izquierda, al igual que los anti k, sólo está intentando restarle rédito político al kirchnerismo con esa afirmación. Pero, al fin y al cabo, tiene algo de cierta. Las conquistas las logra el pueblo, la gente. Un grupo de personas o, al menos, una persona que salen a protestar, a gritar, a cortar calles, a pintar pancartas, a quedar como unos locos malcogidos frente a la gente y, si tienen suerte, a lograr que los medios de comunicación y los organismos legislativos les presten atención y pongan sus reclamos en sus agendas.


Claro que, al fin y al cabo, es el gobierno el que termina tomando la decisión de incorporar esos reclamos y promover cambios legales que realmente alteren la situación. Y ahí no tenemos que ser ingenuos: ni atribuirle al kirchnerismo -o a Cristina- una total y maravillosa predisposición para escuchar los reclamos de los gays ni tampoco negar que efectivamente durante su gobierno se atendieron algunos de esos reclamos y se promovieron leyes para ampliar derechos y crear una sociedad más justa e igualitaria. Fuera por convicción o por opotunismo, se hizo. Y para los que vivían con esos derechos cohartados, lo que importa es que se haga, no que se demuestre convicción con discursos bonitos y progres. Y todos deberíamos alegrarnos y festejar que se haga, seamos k, anti k, zurdos, apolíticos, zombies o lo que sea.


Entonces, concedamos al kirchnerismo ese mérito, pero también revisemos la historia y veamos quiénes salieron primero a cortar calles y a quedar como unos locos protestones que, muchas veces, se ligaron burlas, insultos, escupidas y palos cuando no cárcel, exilio, persecución, tortura y muerte por pelear por lo que creían.


Tarea agotadora si las hay ésa de revisar la historia. Sobre todo porque cada revisión ofrece su propia versión y entonces tenemos que ponernos a revisar las revisiones. Y éso sin mencionar a los oportunistas de siempre, como Bruno Bimbi que, sin querer desmerecer su trabajo, aprovechó la sanción del Matrimonio Igualitario y sacó un libro bastante denso y pretencioso donde pretendía contar cómo fue que se logró esa ley. 
Pero podemos desmadejar un poco la cuestión si pensamos en los precedentes. Porque antes de lograr una ley de Matrimonio Igualitario, hubo que lograr muchas otras cosas.


Para empezar, hubo que lograr que existieran personas que pelearan por los derechos de los homosexuales. E incluso antes de éso, tuvieron que existir homosexuales que se reconocieran a sí mismos como homosexuales y no tuvieran vergüenza de reconocerlo. Es decir, hizo falta homosexuales orgullosos de ser quienes eran.
Lamentablemente en éso, la Argentina no fue pionera. Los primeros gays argentinos y orgullosos que se conocen surgieron después de lo de Stone Wall en yanquilandia. Y su accionar, si bien comenzó antes de la última dictadura con el FLH, recién comienza a lograr conquistas concretas con el retorno de la democracia.


Carlos Jáuregui fue uno de esos pioneros. Entre sus mayores logros se destaca ser el primer presidente de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) que también es la primera organización homosexual que logra ser reconocida institucionalmente. Desde allí y desde su accionar político cotidiano, que continuó incluso después de abandonar la CHA, peleó por lograr una mayor y mejor contención legal, sanitaria, cultural y emocional para todas las personas LGBT.


No voy a escribir acá su biografía, cualquiera puede googlearla y hasta hay un grupo muy piola en el face sobre él. Además, lo más importante que se puede decir de él, creo yo, es que tuvo los huevos necesarios para enfrentar un contexto de mierda al que intentó cambiar. Y sin su lucha (y la de muchos otros) es más que probable que los argentinos de hoy no tendríamos ni Matrimonio Igualitario, ni Ley de Identidad de Género ni esta sociedad que, relativamente hablando, respeta a la diversidad, por mucha Cristina o mucho Piter Robledo (y bueno, para mantener la neutralidad política había que mencionar algo del PRO para equilibrar, aunque fuera éso) que tengamos o hayamos tenido.


Tampoco es casual que, en la votación para aprobar o no el poner el nombre de Carlos Jáuregui a la estación, haya ganado el sí por unanimidad. A pesar de estos temibles vientos derechosos que soplan en Argentina, en América Latina y, lamentablemente, en todo Occidente, se han logrado conquistas que nos han dejado en un lugar más alto. Tan alto que hasta miembros del PRO, un partido que no se autodefine nunca pero que por los hechos concretos es de una derecha a veces extrema, votan a favor de usar el nombre de Carlos Jáuregui. Eso demuestra que bajar del piso de derechos en el que estamos es, al menos en lo inmediato y en lo cultural, difícil. 
Sobre todo si, en la campaña para conseguir el sí a usar el nombre de Jáuregui, se logró que gente que anda en espacios tan distintos como Estela Carlotto y Beatriz Sarlo. se pongan de acuerdo en dar el sí.
20 años después de su muerte, Carlos Jáuregui logró que la grieta se cierre aunque sea para la foto.




Y para cerrar el post, una de las infaltables amigas de Gustavo Pecoraro, principal responsable de ésta campaña. Besis y felicitaciones desde Córdoba.