jueves, 22 de agosto de 2019

Bastardos Con Gloria


Había una vez –hace unos 990 años, para ser más exactos- un chico llamado Guillermo que nació en una tierra situada al norte de Francia habitada por hombres que venían de más al norte todavía y que, por lo tanto, se llamaba Normandía.

Guillermo era nada menos que el hijo del dueño y señor de toda Normandía, el duque Roberto el Magnífico (o Roberto el Diablo, según quién), situación de la cual era posible estar orgulloso y contento.

Pero, como todas las personas, Guillermo también tenía una madre, y su madre era sólo Arlette (o Herleva, según quién) hija de un curtidor de cuero que vivía cerca del pueblo de Falaise a quien, cuenta una leyenda, Roberto el Magnífico/Diablo había visto lavando unos trapos en el río y encandilado por la belleza de la joven se había bajado de su caballo de un salto para cogérsela ahí mismo sobre el barro y la ropa sucia. O -cuenta otra leyenda- había mandado a buscarla con un caballo y un cortejo de servidores para recibirla en su castillo y cogérsela ahí mismo sobre su ducal y medieval camastro de paja, seguramente lleno de  más barro y ropa aún más sucia.

Salís a lavar la ropa y de golpe..."¡Oh, un duque!
¡Y quiere coger conmigo!!". 
Qué hermosa época
la Edad Media. Hoy tenés que entrar a una app
de sugar daddies llena de locas viejas que
encima están más muertas de hambre que vos
(y son aún más pasivas).

De ésto último, Guillermo no estaba muy orgulloso ni contento.

De hecho, tenía grandes problemas para asumir que, por parte de madre, descendía de simples cuereros y que, por esta razón, su todopoderoso padre no había podido casarse con su hermosa pero simplona madre. Ya de chico, abofeteaba a todo aquel que se atrevía a siquiera insinuar que su nacimiento no había sido legítimo y el sólo oír la palabra “bastardo” lo hacía enmudecer de rabia antes de empezar a repartir trompadas y, más tarde, cuchillazos, lanzazos y espadazos.

Por lo tanto, cualquiera que quisiera hacer enojar al pequeño Guille, lo único que tenía que hacer era pronunciar aquella detestable palabra que desquiciaba al único hijo varón del duque normando. Era algo infalible. 

Y así nació el apodo con que sería conocido Guillermo: Guillermo el Bastardo.

Guillermo el Bastardo hubiera sido totalmente olvidado por la historia si su padre se hubiera casado con una princesa y engendrado un hijo varón con ella. Pero resulta que Roberto el Magnífico/Diablo, que apenas tenía 24 años cuando nació Guillermo, andaba muy afligido por toda la gente a la que había matado, torturado, mutilado, flagelado y despellejado en su corta pero intensamente medieval vida (pensar que hoy uno a los 40 de pedo pisó una cucaracha alguna vez). Sobre todo lo torturaba la muerte de su hermano mayor, que había muerto envenenado "misteriosamente" en la celda en que el mismo Roberto lo puso después de rebelarse contra él para vencerlo en batalla y robarle Normandía. 

No es de extrañar entonces que el Magnífico/Diablo, como buen gil de la época, escuchara la prédica de un par de monjes malcogidos que amenazaban con el infierno a todos los que no se arrepintieran de sus pecados y decidiera arrepentirse pero a lo grande, peregrinando a Tierra Santa. Así fue que el casarse y tener un hijo legítimo quedó pospuesto para la vuelta.




Mientras el duque se sacaba la corona y preparaba su traje de mendigo y su bastón de eremita,  hizo jurar a sus barones que reconocerían a Guillermo como futuro duque de Normandía y hasta envió al muchachito a la corte de Francia para que se educara en el siempre luminoso París bajo la protección del rey Enrique I. Todos le dijeron al Magnífico/Diablo que sí, que se fuera tranquilo, que iban a cuidar el ducado para él y su hijo y que la pasara bomba llorando en el muro de los lamentos y que trajera unas aceitunas y un vinito árabe para la vuelta. Por supuesto, apenas se fue, muchos barones normandos se sublevaron y conspiraron contra el bastardito llegando al punto de intentar asesinarlo mientras dormía. El entonces pequeño e indefenso Guille se salvó gracias a un aviso de su bufón personal Gallet el Tonto o Gollet el Imbécil, según quién (habían historiadores en Inglaterra que discutían cuál era el verdadero apodo del bufón ¡lo que es estar al pedo!).

Y cuando llegó la noticia de que el Magnífico/Diablo había muerto en Jerusalém, todos los barones normandos declararon que no iban a seguir a un bastardo y comenzaron una guerra civil contra Guillermo el Bastardo que duraría 10 años.

Quizás si los barones normandos hubieran dicho que no aceptarían a Guillermo como duque por que preferían vivir sin señor feudal, por que les gustaba torturar y expoliar campesinos sin un duque entrometido que quería monopolizar la violencia o por que simplemente se les cantaban las pelotas, hubieran conseguido seguir así más tiempo. Pero cometieron el terrible error de decir que no lo querían por bastardo, consiguiendo que el hipersensible Guille se enojara tanto que se lanzara a rechinar sus dientes, comer espinacas y a entrenarse como milico para poder vengarse algún día. 



Con el tiempo, el bastardito se convirtió en un excelente soldado medieval que poquito a poco arrasó con todos sus enemigos y se hizo con todos los castillos normandos que le habían arrebatado.

Y fue así que Guillermo llegó un día a poner sitio a Alençon, ciudad que se le resistía. 

Mientras el  ya exitoso Guille se paseaba por su campamento discutiendo con sus soldados la mejor manera de tomar la ciudad, los desafiantes Alençonienses (o como se diga) colgaron pedazos de cuero sobre las murallas y empezaron a golpearlos con las lanzas fingiendo que los aporreaban como curtidores mientras gritaban “¡Cueros, cueros para el curtidor bastardo!”.

Rojo de cólera, Guillermo mandó cubrir las murallas de la ciudad con aceite y las incendió hasta los cimientos. Luego, dirigió un ataque furioso contra la irreverente Alencon y tomó prisionera a toda la población del lugar, ordenando a sus guardias que cortaran manos y pies de todos aquellos desgraciados y los dejaran tirados ahí para morir arrastrándose.



Meses antes, Guillermo había perdonado la traición de muchos de sus vasallos, incluyendo a su queridísimo (¡ejem!) primo Guy de Brionne y había permitido a las ciudades conquistadas continuar existiendo bajo su mandato siempre y cuando lo aceptaran como legítimo gobernante. Pero a los alençonianos no podía perdonarlos porque se habían atrevido a pronunciar la fatídica palabra que él no podía oír. Sólo cuarenta años después, unas horas antes de su muerte y pensando que se iba a ir derechito al infierno, decidió -como buen católico imbécilmente medieval que era- arrepentirse con su confesor de aquella salvajada y donar unas cuántas moneditas a algún monasterio lleno de locas closeteras para que rezaran por los mutilados alençonienses.

Pero el episodio de la amputación de pies y manos en Alençon no fue nada comparado con lo que vendría después. 

Resulta que el Bastardo, ya afianzado en su ducado y con sus veinte años cumpliditos, pensó que ya era hora de casarse. Y justo andaba soltera por ahí cerca nada menos que Matilde de Flandes, (o Matilda de Flandes, según quién) hija del conde Balduino V de Flandes el Barbudo (o el Gordo, según quién) y Adela (o Alix, según quién) de Francia, hija a su vez del rey de Francia. Matilde decía, además, descender de Alfredo Magno (o Alfredo el Terrible, según quién) que en aquellos tiempos era como descender de San Martín. O de Claudio Caniggia, si se quiere.

Guillermo envió entonces una embajada a Flandes para solicitar la mano de Matilde, pero justo la flamenca acababa de ser plantada por un abogado sajón muy rubio y muy blanco llamado Brithric el Níveo (o Brithric el Lechoso, según quién). Así que, como Matildita andaba con la autoestima baja, hizo lo que toda mujer y/o loca despechada haría: mandó a decir que jamás una princesa de su alcurnia consentiría en casarse con un bastardo.

Decidlle a ése sucio bastardo que sho soy demasiado para él...
y fijáos cómo hacer para que Brithric se entere de que un
importante y mishonario duque pidió mi mano.

¿Y qué pasó cuando Guillermo se enteró? El señor duque de Normandía, de nuevo rojo de cólera, agarró su caballo y cabalgó solito hasta la ciudad de Brujas, donde encontró a Matilde a la salida de una iglesia. Al verla, desmontó y, según algunos historiadores noveleros, le dijo “Recibí tu respuesta, he aquí la mía”. Y acto seguido, la agarró por las trenzas y la tiró al suelo, le hizo trizas el vestido, la cagó a trompadas, patadas, latigazos, escupidas y vaya a saber uno qué más mientras le soltaba palabras muy poco propias en la boca de un duque. Después, ya más tranquilo, se volvió a su ducado, dejando a la princesa flamenca inconsciente y tirada en medio de la calle.

Por supuesto, cuando Matilde recuperó la consciencia, lo primero que dijo fue “Quiero casarme con Guillermo el Bastardo, pero sha!!”

A mucha gente le costó entender aquella reacción y la creyeron loca. Incluso hoy más de un historiador comenta el cambio de opinión de la princesa flamenca como una curiosidad inexplicable. Supongo que ninguno de esos historiadores fue aporreado nunca por un duque normando de 1,78m (en aquel tiempo, éso era ser alto) con botas de cuero, piernas de rugbier y melena de vikingo. Al menos para mí, esos datos son suficientes como para entender –y felicitar- a Matilde, pero el tema de este post no son las betas sadomasoquistas del amor sino el enfurecimiento ante ciertos apodos, así que olvidemos esta encantadora y romántica anécdota histórica por el momento.

Pegáme y decíme Matilde cuando quieras, ducazo.

Después de unas ceremoniosas embajadas y visitas de cortejo más donde no hubieron insultos ni golpes (al menos en público), Guillermo el Bastardo terminó casado con Matilde de Flandes.

Y un par de meses después de su casamiento, ocurrió un milagroso cambio en Guillermo. De golpe, aquel severo y salvaje normando comenzó a reirse de su apodo. Hasta empezó a firmar todos los documentos con el nombre de Guillermo el Bastardo y nunca más tuvo un ataque de rabia al escuchar esa palabra si no que reía con todos aquellos que lo llamaban así y hasta se burlaba él mismo de su condición.

¿Qué había pasado? Algunas novelistas de Corín Tellado (sí, leo Corín Tellado y me la banco, como Guillermo) proponen la tesis de que el dulce y tierno amor de su esposa había apaciguado su temperamento al punto de lograr comprender mejor al mundo y a los demás. Otras un poco más eróticas (sí, también las leo) creen que el hecho de haberse casado con la mujer más rica de la zona, con la cual tuvo 10 hijos (uno de ellos fue mi ya posteado Guillermo Rufo, que les salió puto además de sadomasoquista) y se divirtió a lo grande, le hizo darse cuenta que no tenía por qué avergonzarse de nada. Y algún atlas histórico y chismoso del que nadie se molesta en comprobar las fuentes supone que la juiciosa y políticamente hábil Matilde le dijo a Guillermo que, si dejaba de enojarse tanto, la gente lo iba a querer y respetar más.

Fuera por la razón que fuera, el que había cortado manos y pies y abofeteado a una princesa por haber sido llamado “bastardo” ahora era el primero en hacer chistes con su ilegitimidad y en celebrar todo chiste que terminara con alguien llamándolo bastardo. Y, efectivamente, la gente dejó de llamarlo bastardo porque, si el duque no se enojaba, no tenía gracia.


Para colmo –y quizás en recompensa por ese cambio de actitud- unos años después, en 1066 para ser exactos, Guillermo desembarcó en Inglaterra, derrotó al rey Harold en la famosa batalla de Hastings y se convirtió no sólo en el nuevo rey de Inglaterra sino en el fundador de la nueva dinastía de reyes que, aún hoy, gobierna ese país (con algunos saltos familiares, parlamentos y revoluciones de por medio). Eso fue suficiente para que Guillermo el Bastardo pasara a la historia como Guillermo el Conquistador, nombre con el que pueden encontrarlo en cualquier lista de gente importante.


Hace unos meses, un señor anónimo me comentó que, si bien se divertía con mi blog, desaprobaba mi manera de referirme a los homosexuales como “locas”. 
Quise contestarle de esta manera.

Porque si la historia de Guillermo de Normandía enseña algo es que el día en que dejás de preocuparte por tu bastardía pasás de ser duque a ser rey. 

Sin duda a muchos gays no les gusta ser catalogados de “locas” porque el término suele usarse de modo peyorativo. De hecho, en alguna época era lo mismo que decir “puto” o “maricón”, hasta que los mismos gays comenzaron a llamarse a sí mismos de esa manera y a bromear con el término, privando a los heterosexuales y –sobre todo- a los homosexuales tapados, de un insulto más para denigrar a los gays.

El miedo a las palabras es más fuerte en aquellos que tienen algo vergonzoso de sí mismos para ocultar, como lo tenía Guillermo. Por éso, la mejor respuesta siempre es el orgullo. 

Decir "sí, soy bastardo, ¿y qué?", decir "sí, soy puto ¿y qué?" no sólo sirve para querernos un poco más a nosotros mismos por lo que realmente somos si no que también tira la pelota al otro, que de repente se ve obligado a explicar cuál es su problema con nuestra bastardía o nuestra homosexualidad. Lo pone en el lugar de discriminador, de intolerante, de vigilante, de chismoso, de moralista, de retrógrado, de vieja gorda de barrio. En una palabra, lo pone en el lugar de hijo de puta, que es justamente lo que  es pero no quiere reconocer bajo ningún concepto.

Es decir, lo enfrenta con su propia bastardía.

En esta época en que cualquier cosa que decís puede hacer que te tachen de machista, feminista, homofóbico, homofílico, kirchnerista, antikirchnerista, carnívoro, vegano, etc. vemos a muchos machirulos/homofóbicos/retrógrados preocupadísimos porque les hemos tirado la pelota en la cara y ahora tienen que decir "sí, soy machirulo ¿y qué?".

Y obvio, no es tan fácil estar orgulloso de que uno es un hijo de puta. 

Es más fácil estar orgulloso de que nuestra madre no era duquesa o de que nos gusta la pija pero no nos pasamos la vida odiando, discriminando, persiguiendo y/o asesinando.

martes, 8 de enero de 2019

El mejor lugar para coger


"Acá no coge nadie"

Esa terrible y absoluta sentencia la vengo escuchando desde que empecé a salir a lugares de ambiente gay y, por supuesto, la vengo leyendo desde que empecé a chatear en páginas de encuentros gays.

La escuché en Hangar 18, Piaf y en el Beep (sí, incluso en las épocas del pecaminoso y maloliente túnel) la escuché en Zen, Dorian, Europa (sí, incluso en las épocas de faso, merca y ácidos) y la escucho ahora en la Limbo y la United (con más merca y ácidos baratos que antes).

La leí en gay.com y en arnet (incluso en la época en que se chateaba sin foto ni cam) y la leo en Grindr y en cientos de páginas que le dan con un caño a ésa y otras apps gais diciendo que no sirven, que fomentan la discriminación al gordo/negro/amarillo/afeminado, etc., que todos usan fotos falsas, que todos hablan y nadie se junta, que directamente nadie habla, etc.

La escuché también, aunque parezca increíble, en el Parque las Heras (en las épocas en que los políticos no hacían campaña podando y alumbrando espacios públicos) y también en el Parque Sarmiento (¡casualmente ayer, nomás!) mientras veía los forros usados tirados en el suelo Y hasta la llegué a escuchar en el Dark Room de algún sauna mientras se oían a lo lejos los gritos de alguna loca que estaba siendo empalada en una cabina privada.



Allá por el 2002, cuando yo tenía sólo 20 añitos, los que decían "Acá no coge nadie" me parecían todos invariablemente viejos, feos, gordos, descuidados, alitosos o, simplemente, amargados.

Y ahora, en el 2018, cuando tengo sólo 28 añitos (con luz baja 27), también.

¿Quiere decir que nada cambió?

En parte pareciera que no.

Se mantiene ésa facilidad y apresuramiento que tenemos todos los seres humanos para echarle la culpa a los demás -o al mundo- de los fracasos propios en vez de revisar los propios errores. Como la zorra de la fábula, somos capaces hasta de auto-convencernos de que al cabo que ni queríamos coger cuando nos damos cuenta que nadie nos da bola.

Y para inventar excusas por las cuales no cogemos, las locas no somos realmente muy originales...


"Es que sho sólo vengo acá por la piel" se excusan en tono superado algunas viejas incogibles que prácticamente viven en el sauna cuando las mirás con cara de economista y les decís: "Che, con toda la guita que te gastás en saunas ¿por qué no te pagas 20 taxi boys por mes?".
Por supuesto, luego de ése breve diálogo sobre cómo el homo economicus homosexual debería maximizar sus beneficios (y de que vos -como toda loca medianamente normal- ya te echaste 20 polvos en el cuarto oscuro como para quedar tranquilo un par de días) las viejas "preocupadas por su piel" te ofrecen un par de billetes por -aunque sea- pajearse mientras te la chupan.


"Ay sí, es que sho vengo acá sólo por la música y los tragos" te dice alguna loca que está sola y desamparada contra la pared de un boliche y que se te pencó para charlar y, por supuesto, chupártela en el baño, en el auto o, con suerte, en tu casa pero, tras ver tu cara de orto, se da cuenta que no la vas a dejar chupar ni de la pajita de tu trago.


"Nada, estoy dando una vuelta nomás" dice una loca escondida detrás de un arbusto en el parque mientras se vuelve a subir los pantalones cuando ve que su pito a medio parar o su cola ya usada apenas unos minutos antes no te tienta lo suficiente como para salirte del caminito de tierra y llenarte de abrojos el pantalón.

Sí, excusas para cubrir fracasos propios a la hora de levantar hay miles y seguro las locas del futuro inventarán miles más. Y, por supuesto, la excusa del lugar es siempre la más usada. Siempre es más fácil y más lindo pensar que el lugar donde estamos es una mierda lleno de histéricos que no cogen nunca en vez de pensar que somos incogibles nosotros.

Pero la clave del problema está en que todas las excusas que queramos inventar, siempre las damos a posteriori. 

Porque, si bien podemos tener miles de inseguridades y problemas de autoestima reales o imaginarios, cuando las locas vamos a un boliche, sauna, tetera o nos metemos a una página de encuentros, casi siempre vamos en actitud DIVA.

No entramos, hacemos entrada.

No hacemos simplemente la cola para entrar al boliche sino que posamos y desfilamos y miramos de reojo con la esperanza de encontrar alguien que nos preste atención mientras esperamos para pagar la entrada.

No nos conectamos al chat sino que anunciamos que estamos en línea cambiando nuestro estado o nuestra foto para aparecer como nuevos miembros o mandando un guiño/zumbido/toque o cualquier cosa que, sin ser un simple e inocente "hola", indique que ya estamos listas para que nos manden un hola y nos saquen charla.

8
Ups, el primo de mi amigo me pidió que le enseñe a usar Grindr
y te mandé tap sin querer, pero BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
 vayas a pensar que una DIVA como SHO abrió tu perfil
y se dignó a mandarte un tap.
Incluso en lugares exclusivamente diseñados para ser -o convertidos en- cogederos como son el Sauna o el Parque, podemos ir con toda nuestra divez a exhibirnos con o sin ropa y salir intactas como vírgenes inmaculadas, ya que difícilmente otra loca nos avance o intente manotearnos si nos ve en pose de diva (sobre todo porque a pocos metros puede encontrar 10 locas en 4 abriéndose la cola y otras 5 pasándose la mano por el bulto para darse vuelta y abrir la cola cuando te les acercás).

En una palabra, cuando estamos en modo diva no iniciamos ningún tipo de contacto real o virtual, pero nos ponemos en pose de estar esperando a un iniciador. Una pose que -virtuosa, tímida y púdica como parece- no es muy diferente a la pose de las locas que tienen de perfil la frase "cojéme ya!" junto a una foto de su culo abierto en 4 o a las locas que efectivamente están abiertas en el parque o en el sauna. Pero la hipócritamente virtuosa pose de diva, en vez de invitar a un acercamiento, invita a una admiración.



Quizás por que tenemos algún complejo de inferioridad o por que realmente nos creemos DIVAS (o ambas cosas a la vez, claro) todas nos comportamos como llamativos óvulos que esperan una turba de espermatozoides luchando entre sí por obtener el primer lugar para penetrar nuestra membrana protectora.

El tema es que nos metemos a lugares donde TODOS los demás TAMBIÉN están en actitud óvulo y los pocos que andan en actitud espermatozoide avanzador son o ex-compañeros de nuestros abuelos (que encima tienen menos plata) o tipos que tienen una apariencia física tan atractiva como la de un espermatozoide. O, peor, que parecen óvulos sobrealimentados.

Pero sacando esas pocas excepciones, la mayoría de los gays que se sienten de medianamente cogibles para arriba (con razón o sin ella) se ponen en actitud de DIVA casi de manera automática cuando entran a un boliche o se conectan a un chat, por no mencionar a aquellos que viven en actitud de DIVA.



Y si andás con actitud de DIVA y la pensás mantener aunque te emborraches, te drogues o te colgués mirando videos porno toda la noche hasta que la leche se te salga por los ojos mientras calentás otras pijas y colas con tus fotos de perfil de DIVA, no vas a coger nunca. Porque si sos DIVA, no vas a ni siquiera tirar una mirada sugerente en medio de una pista a algún chongo que te parezca medianamente cogible, ni vas a tocar una pija o una cola en un dark room. Tampoco vas a dignarte ni a mandar un molesto tap en Grindr -aunque haya uno o varios perfiles que te hagan babear- ni un mísero guiño en Manhunt a una foto de pija o culo que más o menos parezca real  y no bajada de un blog porno.

Y, por supuesto, ni siquiera pensemos en una DIVA abriendo una conversación normal por que el solo hecho de mandar un simple "Hola" la haría descender de su pedestal.

Las divas hacen su entrada a una disco luciendo sus mejores pilchas (o se se conectan a una página de encuentros con su mejor book de fotos), se sientan toda la noche en un sillón de la zona VIP (o se quedan toda la noche conectadas contestando un mensaje cada dos horas) y luego se retiran sin dejar propina ni dar las buenas noches (o se desconectan sin siquiera clavar un visto).

Claro que son poquísimas las DIVAS que realmente logran mantenerse en esa actitud y en general lo hacen a costa de realizar una verdadera transformación reversa. Como cuando Superman pasa a ser Clark Kent (o, más gay pero menos famoso, como cuando She Ra vuelve a ser Adora), son muchas las DIVAS que se sacan a supervelocidad los Ricky Sarkany que cuidan como a su celular -también pagado en cuotas- para ponerse unas topper viejas y meterse en la oscuridad del parque a aplastar alacranes con sus rótulas mientras chupan pijas a medio parar de diversos borrachos que vaya a saber de dónde vienen.

Por el poder de GAYskull, la sofisticada DIVA desaparece y la simple PETERA aparece

O, en el caso virtual, no son pocas las DIVAS que se conectan a los dos segundos con su otro perfil cuya única foto es una cola abierta de par en par que incluye el número de whatsapp (y quizás hasta la dirección de su casa) escritos abajo con el paint para abrirle un chat al chongo al que le histeriquearon toda la noche con la frase "cogéme ya" seguida de "dale, que en media hora tengo que ir a laburar".

Pero dejemos esos vergonzosos y tragicómicos Behind The Scenes y volvamos al tema central del "Acá no coge nadie": resulta obvio que si estás con actitud de diva, no vas a coger por más que estés en medio de una orgía donde todos son activos furiosos que no vuelcan hace un mes y vos la unica pasiva de cola depilada.

Ok, no estoy diciendo nada nuevo. Hasta Mahoma sabía que si la montaña no venía a él, él tenía que ir a ella. Todo el mundo sabe que hay que ponerle pilas a la noche para que pase algo.

Pero si todo el mundo lo sabe ¿porqué sigo escuchando hasta el día de hoy esa incansable frase de "acá no coge nadie"?

Porque, en el fondo, la mayoría de las locas, seamos lindas o feas, gordas o flacas, viejas o jóvenes, blancas o negras o amarillas, activas, pasivas, versátilas, sólo peteras o algún otro de esos raros roles nuevos, queremos ser DIVAS.

Queremos ser taaan lindas y atractivas como lo éramos a los 22,, cuando nos miraban con hambre aunque nos pusiéramos un sobretodo color beige. O, si siempre fuimos feas -incluso a los mágicos  e irrepetibles 22- queremos estar taaaan solicitadas como la primera vez que fuimos a un boliche o sauna gay (donde los asiduos de siempre nos miraron como a carne nueva, que realmente lo éramos)  o la primera vez que entramos a un chat o alguna app de contactos gay y nos saturaron la casilla de mensajes sólo porque éramos nuevos y aparecíamos primeros en las listas de buscadores.

Shegué, perras!

Y si bien el deseo de ser DIVAS estuvo siempre, la actualidad nos ofrece (o quizás nos obliga a) la posibilidad de vivir siendo DIVAS all the time 24/7 incluso behind the scenes. No hay más que abrirse un Instagram (o Face o lo que uno quiera) y vivir sacándote selfies hasta cuando vas a cagar al baño, como efectivamente hacen cientos de locas (y no locas también, para ser justos). Podés ser DIVA desde que te despertás hasta que te acostás. Y ahí sí que tu única posibilidad de coger sería que te violen dormida, como a la bella durmiente.

El tema es que en la vida real no hay príncipes encantados que crucen el bosque de espinos y suban a la torre más alta para despertarte con un beso o con una apoyada de pija. ¡¿!De pedo conseguís una versátila zezoza que te coge manoseándote la pija mientras se imagina un buen chongo rompiéndole la cola a ella y vos querés conseguir un príncipe encantado y activo!?! Pisá la tierra, mamita.

Seguí creshendo en hadas, pasiva tonta!!

A mí personalmente me encanta el progreso actual de las NTyCs y me encanta que una loca se haga la DIVA en el boliche, en su Insta o en donde quiera. El tema es que si todas nos ponemos en pose de DIVA nos vamos a quedar todas solitas, cada una en su torre, soñando con príncipes que no llegan (porque no existen o porque te clavan el visto y pasan a ver que hay en la torre siguiente) y juntando leche como estúpidas cuando podríamos salir todas a coger al bosque de espinos...al menos de noche y en los horarios que no pase la policía.

Porque la leche se pudre, chicas. Después de pasar días -o, mucho más triste, meses o años- sin descargarla, esa mala leche podrida se empieza a reflejar en la cara (y aún peor, en el espíritu) y nos hace exclamar o publicar la amarga y sentencial frase de "Acá no coge nadie" que nos evita el sencillo pero tremendo esfuerzo de plantearnos por qué mierda nos subimos a la torre más alta a esperar que vengan a buscarnos en vez de ir nosotros a buscar lo que queremos. Bueno, quizás buscar lo que queremos suena demasiado fuerte, pero mínimo podemos ir a apoyarnos seductoramente en algún arbolito  del parque Sar...¡digo! del bosque de espinos, para que el primer príncipe que pase por ahí vea que somos divinas pero accesibles y no DIVAS inalcanzables. Con suerte en vez de un príncipe hasta te toca un lobo de ojos, nariz, dientes y otras cosas muy grandes para comerte mejor. O, al menos, termines vos comiendo perdices.

Si en el país de los ciegos el tuerto es rey, en el país de las DIVAS el príncipe que escala torres es el archiduquezarkáisersultánemperador del universo. Pero son pocas las locas que disfrutan el papel de príncipe escalatorres y abundan las locas que quieren ser la bella durmiente.


Si escalaste y aún así te dicen "Perdón, te mandé tap sin querer", arrancále los pelos de una


Por eso -y aunque resulte un cliché metafórico estúpido- el mejor lugar para coger está más en la actitud que uno toma y no tanto en el lugar al que vamos.

Porque la loca que va al boliche y te mira de reojo pero desvía los ojos cuando le clavás tu mirada es la misma loca que va al sauna y mira hacia el infinito mientras camina casi en bolas delante tuyo intentando rozarte como también es la misma loca que va al parque y se queda rondándote en vez de acercarse o quedarse quieta en un lugar para que vos te acerques y luego también es la loca que manda guiños en Manhunt así como también es la loca que manda taps en Grindr.

Probablemente después de divotear un rato se harte y termine acercándose a vos para iniciar un diálogo coherente en idioma castellano o para pedirte pija de una, pero mientras está en actitud DIVA la única frase que saldrá de su boca es "Acá no coge nadie" que en idioma gay significa "Alguien que me avance, por favor, que soy la reina del mundo y estoy re caliente".

Anyway, después de esta extensa pero necesaria introducción y a riesgo de quedar muy puta y promiscua, me gustaría hacer una breve reseña sobre los cogederos, teteras y/o lugares de levante de Córdoba, clásicos y actuales, basándome pura y exclusivamente en mi experiencia personal y en historias medianamente verosímiles que escuché de boca de otras locas.


EL TÚNEL DEL BEEP

Legendario cogedero del centro de Córdoba, ubicado dentro del céntrico Beep Pub, que fue clausurado alrededor del 2005, quizás debido a las nuevas regulaciones municipales post- Cromagnon, aunque el Beep Pub siga funcionando y sea hoy el lugar gay más longevo de Córdoba.

Más o menos así de borrosa se veía la gente en el túnel del Beep


En realidad la expresión "clausurado" no es la correcta, porque el Túnel del Beep sigue existiendo, sólo que ahora es un pasillo que comunica el patio cubierto con los baños. En las épocas que funcionaba como cogedero, la puerta que daba al patio estaba cerrada, así que más que un túnel era una cueva de unos 3m de largo por poco más de 1m de ancho. Es decir, era un triste y simple Dark Room pero, como durante un tiempo era el único en Córdoba y se encontraba en pleno centro, tuvo bastante fama y renombre mientras duró. Y más que fama tuvo mala fama porque jamás encontré una loca que te hablara bien del túnel del beep. Todas ponían cara de señoras gordas de Recoleta y te lo describían como si te hablaran del averno usando las frases de siempre: "ay, es un horror, la gente se mete ahí a coger en la oscuridad", "no saben con quién están", "van todas las sidosas", etc.


Yo entré sólo dos veces, lamentablemente. La primera fue, creo, en 2002, cuando yo era un deslumbrante rubio tarado de 20 años y un feo pero pudiente español de paso por Cba me tiró onda en plena peatonal para luego invitarme a "un lugar copado que queda acá cerca". El gallego rata me llevó al Beep -que yo había sentido nombrar pero jamás había pisado- pagó mi entrada (1 peso!!) y me juró diez o veinte veces que íbamos como amigos, que cada uno podía hacer lo que quisiera. Por supuesto, como yo era nuevo, a los dos minutos de entrar se me tiraron encima todos y terminé tranzando con un morocho con cara de albañil que me llevó al túnel de una. Yo pensé que era una especie de reservado oscuro, pero mientras el albañil me tranzaba sentí cómo alguien más me tocaba la cola y de golpe me pareció too much para mi primera vez allí (ay, Dior, era una tierna niña inocente, pelotuda y medio frígida), así que me escapé. Al salir, el gallego me besó en la pista y me quiso llevar de nuevo al túnel y como yo no quería me hizo una escena de celos con lágrimas en los ojos incluidas. Por supuesto, volví a escaparme y en la barra me avanzó un cuarentón flaco con cara de asesino serial drogadicto que me llevó a su casa para quedarse dormido después de acabar. Es decir, un horror mi primera vez tunelera.

Nada que ver esta imagen con lo que era el Beep,
 pero bueno, dibujemos un poco el pasado también


La segunda vez que entré al túnel fue más o menos en el 2003 y entré con mi pareja de entonces sólo para ver cómo era. Estuvimos unos diez minutos y comprobé que, al cabo de un rato, los ojos se acostumbraban a la oscuridad y empezabas a ver TODO. Recuerdo una travesti besándose con un gordo en el rincón más profundo y dos o tres tipos apoyados contra la pared y pajeándose.

Y ésa es mi escasa experiencia con el túnel del beep, al cual no pude disfrutar porque estuve de novio sus últimos años y a esa edad era lo bastante imbécil y pelotudo para ser fiel. Pero sí podría escribir enciclopedias con las historias que me contaban otras locas, algunas bastante flasheras, sobre lo que "pasaba" en el túnel que, por supuesto, no eran experiencias propias sino que otra loca les había contado que la loca amiga de la travesti vecina de Pepito etc etc etc, había ido al túnel y había cogido con cinco heteros que la habían bañado en leche. No recuerdo ninguna loca de aquella época que te dijera, sin más,"fuí al beep y cogí en el túnel" por que era como decir "soy una puta reventada". Pero sí recuerdo que el Beep era, por entonces, un lugar orgullosamente desastroso, al cual se iba a hacer la previa de Hangar 18 y al que se volvía tipo 5 o 6 de la mañana, en estados alcohólicos calamitosos para quedarse chupando y cogiendo a veces hasta el mediodía o más. Y sí, caían heteros y gente que venía de cualquier lado con la idea de ir a chupar más, bailar más y seguramente coger más. No es por lo tanto muy inverosímil que pasara CUALQUIER cosa en el túnel del Beep en aquellas épocas que se llenaba de borrachos de dudosa o segura heterosexualidad que encima seguían emborrachándose o dándose allí con la droga barata de esos tiempos.


Ahora que el Beep es un simple pub nocturno con shows de drags a las 2 am y con cierre a las 5am, como cualquier otro pub o boliche de la ciudad, muchas de las locas que se llenaban la boca diciendo que era un lugar calamitoso desastroso asqueroso y sidoso seguro darían ya mismo un ojo de sus avejentadas caras con tal de que vuelva a existir un lugar así de bizarro. Eso demuestra, abuelitas nostálgicas, que no hay nada como vivir el presente sin quejarse tanto por que nunca sabés en qué momento te van a cerrar el túnel (o, peor, vas a estar siguiendo la luz al final de otro túnel) sin haber cogido todo lo que querías por pasártela haciendote la pura y casta..


Parque Las Heras o Plaza Austria


Este enorme y ribereño cogedero abarca dos grandes parques que se extienden por la costanera al norte del centro y que se hallan separados por el río Suquía y comunicados por los puentes Centenario y 24 de Septiembre. En la ribera norte del río se encuentra el enorme parque Las Heras y en la ribera sur hay otro parque mucho más pequeño al que nunca le supe ni me molesté en saber su nombre verdadero pero al que suele conocerse como Plaza Austria, ya que en la esquina junto al puente Centenario había una cervecería que tenía ese nombre.

De hecho, para mí -y para muchas locas- todo el lugar se llamaba Plaza Austria. Al menos, uno iba a coger a "la Austria" y no a Las Heras aunque, en rigor, estuvieras cogiendo en el parque Las Heras. Y si bien la joda principal se concentraba en el Parque Las Heras y en el pequeño parque junto a la cervecería, uno podía ir a coger más abajo casi junto al río o bajo los puentes o un poco más allá de los puentes o, incluso, en algún porche de alguna casa cercana. Lo importante era encontrar un lugar donde no hubiera luz o te tapara un árbol, una pared o alguna cosa.

Todo rompen estos imbéciles...bueno, igual a la cervecería no iba nadie


Pero bueno, como coger en Austria suena más top, supongo que por ello ganó Plaza Austria cuando las locas hicieron el concurso para ponerle nombre a ese enorme cogedero de límites imprecisos.

Se puede ubicar con bastante exactitud la fecha del fin de la Plaza Austria como cogedero en el año 2013, cuando por fin la Municipalidad de Córdoba decidió poner plata para que los postes de luz de ambos parques y de la costanera realmente dieran luz, además de quitar algunos árboles y podar estratégicamente unos cuántos arbustos que alguna vez sirvieron para tapar orgías.

Lo que no se puede saber bien es cuándo comenzó a usarse este lugar como cogedero, ya que las locas viejas asiduas al lugar están casi todas muertas y las pocas que aún viven no quieren decir cuándo comenzaron a ir para que no les calculen la edad....¡Y menos la edad de puta!

La famosa, antigua y usada glorieta del Parque las Heras, casi tan
 antigua y usada como algunas locas que la usaron en mejores 
épocas.


Debido a esa indomable vanidad loqueril que no se pierde ni a los 70 (o más) años, los métodos entrevistadores de la historia oral resultan inútiles. Pero, afortunadamente, una vez cogí con un eminente doctor universitario de arquitectura y urbanismo de la UNC (no daré nombres y no podrán adivinar quién es porque hay muchos y son TODOS gays) quien me contó que la zona del parque Las Heras siempre fue una especie de "periferia sexual" de Córdoba, incluso en tiempos coloniales. Al parecer, lo que hoy es el paseo Sobremonte y la Plaza de la Intendencia (ubicadas al oeste del centro) era el parque donde la gente con plata salía a pasear por las tardes luciendo sus mejores trajes y del brazo de sus prometidos/as con doble apellido, mientras que lo que hoy es el Parque las Heras (ubicado al norte del centro y cruzando el río) se usaba para ir de madrugada a hacer todo lo que no podía hacerse sin poner en riesgo matrimonios y herencias. Y, por supuesto, sin perder un lugar en el cielo.




Allí irían los muy católicos vecinos de Córdoba a coger con esclavos/as, indios/as, sirvientes/as en medio de los yuyos y a la luz de la luna, aunque supongo que el uso exclusivamente homosexual del lugar debe ser más reciente, cuando la ciudad ya era lo bastante populosa, pero nadie sabe la fecha exacta. Como sea, dicha zona ha sido el cogedero urbano por excelencia hasta que asumió Ramoncito Mestre y nos cortó una joda que ya llevaba siglos durando.

Sé por boca de otras locas más viejas que sho, que en los 90 la Plaza Austria ya era un cogedero gay, sobre todo porque Hangar 18 quedaba a media cuadra del parque Las Heras y muchas locas que salían de allí medio borrachas se quedaban cogiendo en el parque en vez de ir a coger al túnel del beep (recordemos que la entrada al beep salía...¡1 peso!).

Yo fui unas cuantas veces entre el 2002 y el 2011, pero habrán sido -como mucho- diez en total. Y ninguna de esas veces tuve sexo si no que fui a curiosear. Pero entre 2011 y 2013 viví justo a dos cuadritas del Parque Las Heras, así que tengo un sinfín de historias para contar de los dos últimos años de la Austria, pero eso lo dejaré para otro post.

Quisiera terminar diciendo que la Plaza Austria no ha muerto del todo. Aún se ven por allí algunas siluetas contorsionadas y mal escondidas cuando pasas a 80km/h en auto por la costanera. Y sé que algunas locas siguen yendo, sobre todo los fines de semana a la hora que salen los borrachos de los boliches del Abasto, los cuales siempre constituyeron una importante fuente de leche para las locas entre las 5am y las 7am. Pero después de la podada e iluminada que le hizo Mestre en 2013 y la instalación de esa horrible feria de fin de semana en el parque Las Heras, hubo un antes y un después, por lo cual, lo que ocurre ahora no se compara con lo que pasaba en otras épocas.


La peatonal y la 42

De la peatonal ya hablé antes, pero de la 42 no. Y no puedo decir mucho porque las pocas veces que fui no ví ni pasó nada. Según una loca que tenía de amiga por el 2004, la 42 era la zona de los taxi boys. Pero yo nunca ví ninguno. Tampoco es que haya ido mucho pero las pocas veces que fuí no ví ni un solo puto gay. Si es por mi experiencia, debería decir que la 42 en Córdoba es sólo un mito. Para mí siguen siendo unas cuantas manzanas al sur del centro, de calles escasamente transitadas y con toda la pinta de lugar de levante. Pero no puedo contar nada yo así que si alguna loca tiene una experiencia para contar del lugar, aquí estaré esperando para contar su historia.


Los baños del Olmos 

Otro lugar del que no puedo hablar por que jamás fuí ya que detesto la idea de coger en un baño público y detesto al Patio Olmos en sí mismo. Alguna loca me ha contado de haber cogido ahí y siempre hay alguna que otra loca en Manhunt agitando para ir. Personalmente no cogería en ningún baño público por el olor y la higiene del lugar, aunque los del Olmos suelen estar más limpios que el de mi casa. Pero igual, me da cosita.

Por lo que he oído, también son famosos los baños de la Terminal de Omnibus y del Dino Mall. Y supongo que cualquier baño público en cualquier parte del mundo se presta para un encuentro homosexual. Pero no es mi escenario favorito así que los excluiré de mi reseña y si alguna loca tiene alguna historia bañesca para contar, tendrá que hacerlo en otro blog.

El xiber de la Santo Domingo


Allá en los tiempos en que los cibers eran furor y todavía sentíamos los efectos de la crisis del 2001, a un par de locas que, creo, eran pareja, se les ocurrió la brillante idea de hacer un ciber dentro de la céntrica y estratégica galería Santo Domingo pero con cabinas privadas donde se pudiera coger.

Y le re pegaron.

Para muchas locas post De La Rúa y pre Cristina Kirchner, ir al sauna era carísimo, tomarse un colectivo hasta el parque era no cenar una noche y tener internet en casa era un lujo impensado. Pero gastarte un peso por una hora de ciber que podías usar para algo productivo como terminar algún trabajo para la facu o mandar mails mientras bajabas la música que no te podías comprar era plata bien invertida. Y si al mismo tiempo podías coger, matabas todos los pájaros de un tiro por un par de pesos.


¡Qué lindo que era meterse a una cabinita, entrar al chat de arnet, ponerte Xiber22 o Xiber27 o XiberYa para que te bombardearan a mensajes 20 locas con la idea de coger ya en tu cabina o en la suya! ¡Y qué lindo era ponerse XiberActYa o XiberDotado para que alguna misteriosa loca llamada CbaXXX o ViendoCba o simplemente Cba te preguntara en qué cabina estabas para ir corriendo hasta tu cabina con la lengua afuera y el pantalón a medio bajar! ¡Y qué lindo era cuando te abrían la puerta corrediza y veías que el misterioso CbaXXX era tu mejor amigo que hacía siglos te presumía de su perfecta relación de pareja o el novio de tu mejor amigo que hacía siglos te querías coger o, mejor aún, tu propio novio con el que no cogías hacía meses!

¡Cuántos bellos recuerdos!

Y ojo, no estoy contando solamente experiencias propias. La mayoría de las locas que iban al xiber me contaban que les había pasado más o menos lo mismo. Claro que esas cosas pasan en todos los ambientes, pero creo que el hecho de poder coger rápido con alguien en pleno centro por un peso la hora sin más trámite que indicar en qué cabina estás favorecía mucho más a la promiscuidad y la infidelidad en nuestro de por sí promiscuo e infiel ambiente.


Igual, obvio, no voy a culpar al Xiber de nuestros propios pecados (o virtudes, según quién). Las ardidas éramos (y siempre seremos) las locas. ¡Y qué bien les vendría un Xiber barato y céntrico a unas cuantas locas que andan en pareja hoy en los tiempos de Macri! Ahora las pobres infielas tienen que andar bajando apps que ocultan el ícono de Grindr transformándolo en una calculadora o fundirse pagando saunas a los que entran encapuchadas en las horas que sus parejas (y amigos de sus parejas ) trabajan.

Los saunas



Hablar de los saunas gratuitamente plantea un problema, ya que son lugares donde se paga para ir y si digo algo bueno o malo de alguno van a pensar que me están pagando o soy amigo de algún dueño.

De todas formas, no entiendo a esas locas que preguntan por chat "¿qué sauna me recomiendan?" como si realmente hubiera alguna diferencia entre un sauna y otro.


Es decir, lo que importa del sauna (y de cualquier cogedero) es que haya gente que te guste para coger justo el día y la hora en que vas vos, y éso depende totalmente de la diosa fortuna y no de si el sauna tiene hidromasaje o no. Claro que siempre hay diferencias de calidad edilicias, funcionales y de servicio y claro que éstas determinan el precio de entrada pero ¿realmente importa tanto que el sauna ande, que las cabinas estén limpias, que no haya mal olor en el laberinto, etc?

Personalmente, creo que las locas que empiezan a quejarse por que el sauna seco no está lo bastante caliente o por que no tienen hielo en el bar son las locas que no están consiguiendo que se las empomen ni tirándose en 4 patas en medio del Dark Room.

Igual, si nos ponemos en exquisitas, hay que admitir que, a veces, los dueños no invierten o les falta personal y terminan pasando cosas inaceptables como que la ducha no tire agua caliente (o tire agua hirviendo) o que tarden en abrirte la puerta. Y la mejor garantía que tenemos los usuarios de que esas cosas no pasen es que hayan muchos saunas en pie de guerra uno con el otro para superar a la competencia.



En este momento creo que hay sólo dos saunas en Córdoba, Estambul y H Edon.
Estambul es más viejo y H Edon debe tener un par de años. Ambos están cerquita, uno al frente de Plaza Colón y el otro a un par de cuadras. A Estambul fui unas 3 veces en toda mi vida y a H Edon debo haber ido unas 4 o 5. También hubo un sauna de bastante mala fama en la calle Tucumán al 466 llamado Club 466, al que nunca fuí. Y alguna vez hubo uno en la peatonal 25 de mayo al que fui una sola vez pero cerró hace mucho y -creo- otro en la calle Corro en barrio Observatorio que tampoco conocí.

Como ven, no soy muy asiduo de los saunas así que mi opinión no es muy calificada. Hay locas que son saunoadictas y van una, dos o incluso tres veces a la semana (más de 3 veces por semana me parece que no hay presupuesto que aguante y menos en la Argentina macrista). Algunas de estas locas suelen contarte sus aventuras de sauna como quien te cuenta que viajó por Europa y otras ocultan que son sauneras como si fuera un secreto horrible. Pero tanto unas como otras suelen opinar de los saunas como expertas gourmets de sauna calificadas y te tiran datos, opiniones y advertencias que no siempre te sirven ni coinciden con lo que después te pasa cuando vas.

Ir al sauna basándose en lo que te dijo una loca saunera es como ir a ver una película de superhéroes basándote en lo que dice alquien que se considera fan de superhéroes por haber visto el Batman de Adam West. Y cuando finalmente te decidís y vas a verla, tendrás tu propia y única experiencia que difícilmente coincidirá o, más probablemente, discrepará un 100% en lo que te dijeron antes.

Tampoco se puede confiar en los trailers porque ¿cuántas veces fuimos a ver una película que resultó ser un bodrio sólo por que el trailer nos encantó?

Esto es lo que las publicidades de sauna dicen que vas a encontrar
Esto es lo que en un sauna generalmente encontrás 
Porque si en algo coinciden los saunas con los estrenos de Hollywood es que tienen mucho boca en boca y siempre la misma obvia y marketinera publicidad. Todos los saunas del mundo -sea del primero o del tercero- hacen exactamente lo mismo: te muestran, via web y/o vía folletos. unas fotos perfectas de sus instalaciones hechas por profesionales que harían ver como a la mansión de PlayBoy incluso a tu sucucho que llamás depto, complementadas con fotos de tipos semidesnudos, sonrientes, archi masculinos y con cuerpos perfectamente trabajados que quizás fueron sacadas en Checoeslovaquia en los 80. Cuando vas, las paredes resquebrajadas, las humedades, las suciedades y la falta de calidad y buen gusto que en las fotos no existen te abruman por doquier. Y, por supuesto, quizás encontrás una loca con un poco de bíceps en el mar de cuerpos no hegemónicos (por decirlo correctamente) que suele pulular por los saunas, todos con caras serias y fingiendo una masculinidad que se pierde rápidamente al verlos caminar, pararse, gesticular, hablar y, por supuesto, culiar.

De nuevo repito que todas estas cosas a mí, personalmente, me importan poco por que me parecen obvias y esperables. Así como aprendí a no ilusionarme con los trailers, también aprendí (mucho más rápido) a ni siquiera tomar en cuenta las publicidades de saunas.


El de lentes tiene cara de haber creído en el folletito.

Y además, sé que no estoy en las termas de Pompeya ni en un populoso sauna de Rio ni -al menos- en un pretencioso y groncho sauna porteño. Estoy en Córdoba y de pedo quedan en pie dos saunas después de todos los tarifazos y desastres económicos de los últimos tres años (no quiero ni imaginar cuánto están pagando de gas y agua -si es que lo pagan-) así que no voy a armar un cacerolazo en Plaza Colón para que carguen el cosito que tira jabón líquido o para que compren lavandina perfumada. Igual, no puedo dejar de reirme cuando veo los irreales folletos y las descaradas publicidades que hacen los saunas de sí mismos (los de acá, los de allá, los de ayer y, seguro, los de mañana). En éso, los saunas son como una loca de ambiente más: tienen un Instagram copadísimo con fotos y videos sensacionales que te invitan a tener sexo ya y un pérfido de boca en boca destructivo, envidioso y moralista que te invita a bloquearlos ya.

Pero más allá de las reflexiones obvias y atemporales que se puedan hacer sobre los gays, sus lugares y el chismoso boca en boca constante que hay en el ambiente, no veo mucha diferencia entre Estambul y H Edon. En ambos lugares cogí, no cogí, histeriqueé, me histeriquearon, me divertí, me aburrí, estaban limpios, estaban sucios, etc.

Si los comparo con otros saunas que conozco de Buenos Aires o Brasil, son bastante pobres. No tienen hidromasaje, ni pileta ni nada parecido. Los patios son chiquitos y algo incómodos. La decoración y los muebles de los livings son básicos y en las pantallas te ponen videos porno del año en que Ken Ryker era barely legal bajados de internet.

Lo positivo es que están ubicados en una zona accesible, cuentan con lo básico que tiene que tener cualquier sauna (seco, húmedo, dark room y cabinas privadas) y, de vez en cuando, los limpian.

Es decir que para coger, sirven.

Claro que, de nuevo, depende más de uno que del lugar en sí.

Hay locas que van con la idea de coger sí o sí y cogen sí o sí con cualquiera que les de bola sin importar si les gustan o no. Yo muchas veces siento la necesidad de coger sí o sí ya ya ya y en algunas de esas ocasiones he ido al sauna. Pero apenas entro, se me van esas ganas tan imperativas y empiezo a mirar si alguien me gusta o no. Y si no veo a nadie que me guste, no cojo y chau. Me dedico a desfilar semidesnudo para que me miren con hambre algunos viejos y con éso alimento un poco mi ego antes de irme y empezar a mensajear a algún viejo amante para sacarme las ganas o terminar pajeándome en mi cama. Todavía no he llegado (y espero no llegar nunca) al modo "cojo con quien sea con tal de coger".


Parque Sarmiento


Indudablemente, éste es el cogedero cordobés por excelencia. A diferencia del Heras/Austria, el Parque Sarmiento ha resistido los embates de la municipalidad por transformarlo,  reformarlo, iluminarlo, podarlo, incendiarlo, etc. Supongo que el hecho de haber sido declarado monumento nacional debe tener algo que ver, además de que sería difícilisimo en un parque tan grande, tan arbolado y con tantos recovecos lograr que la gente -gay o no- deje de usarlo como cogedero. De hecho, me parece que ya se rindieron por que donde antes había un enorme e inusable para coger descampado han plantado nuevos árboles que, cuando crezcan, no sólo crearán nuevos telos naturales si no que taparán mejor a los actuales.

De este parque no tengo absolutamente ninguna info sobre cuándo comenzó a usarse como cogedero pero supongo que debe haber sido desde el mismo momento de su inauguración. Fui por primera vez en mi iniciático año de 2002 pero no me convertí en asiduo. De hecho, creo que fui dos o tres veces entre 2002 y 2013, quizás por pudor, quizás por miedo o más probablemente por el hecho de que me quedaba lejos y siempre fui vago. Luego tuve una temporada de adicción al parque entre 2013 y 2014, que coincidió con mi corta y fracasada ocurrencia de convertirme en un ciclista urbano y nocturno. Desde entonces, he ido esporádicamente, más por diversión que por deseo sexual, ya que el Parque Sarmiento se presta -como cualquier otro lugar gay- para la observación gaytropológica con la enorme ventaja de que es el único lugar gay que te permite tomar mate (y/o, cerveza, helado, pancho, choripán, papas fritas, etc.) mientras te sentís el Malinowski gay.

Lo primero que me llama la atención del Parque Sarmiento es la maravillosa invisibilidad que tiene la zona de levante. Porque está a la vista de todos y, a la vez, nadie lo ve. De hecho, justo enfrente, tenés una calesita donde todavía algunos padres nostálgicos de los 80 -y ,muchos padres pobres- llevan a sus inocentes y aburridas crías a pasar la tarde. Y hasta hay grupitos familiares y de estudiantes que andan haciendo picnics a escasos metros de los arbustos donde las locas se están peteando a dos manos, pero o no se dan cuenta o no les importa. De vez en cuando he visto alguna que otra pareja hetero desprevenida  internarse en la "zona roja" del parque pero, apenas se dan cuenta que hay locas merodeando vuelven a salir y siguen su camino. Nunca faltan los que se quedan a mirar, claro, pero son los menos.

Lo segundo que tiene de increible el Parque Sarmiento es que funciona las 24hs los 365 días del año. Nada detiene a las locas parqueras; ni el frío, ni el calor, ni la lluvia, ni el granizo, ni los días hábiles, ni los feriados, ni las fiestas, ni los carnavales cortatránsito, ni los recitales en el anfiteatro, ni los maratones parqueros, ni los festivales evangélicos en el descampado,  ni las continuas redadas policiales.

He visto a todos y cada uno de esos elementos disruptores ser derrotados por las ganas de coger de las locas parqueras.

He ido al parque en dolorosamente heladas y secas noches de julio y habían locas cogiendo.
He ido al parque en inoportablemente húmedas y calurosas noches de enero y habían locas cogiendo.
He ido al parque y se ha largado a llover con piedra y siguieron las locas cogiendo.
He ido al parque de día, de noche, de madrugada y habían locas cogiendo.
He ido al parque días laborables a las 6am y habían locas cogiendo.
He ido al parque y he visto cómo la cana entraba y se llevaba a algunas locas mientras las otras salían corriendo para volver a los diez minutos a seguir cogiendo.

Claro que existen días, horarios y épocas en los que va más gente y en ésto -como dicen ellas mismas- las locas parqueras son  iguales que los murciélagos y los mosquitos: cuando se pone el sol y cuando sale el sol salen a buscar sangre (y/o leche) como desesperadas mientras que el resto del día y la noche duermen o comen algo pero muy esporádico.

Sobre todo (y como cualquier cogedero, sea pago o gratis, lujoso o barato, hetero o gay, etc) se llena de madrugada cuando terminan los boliches (es decir sábados y domingos a las 5am) y los días de semana en horarios extra laborables, más o menos a partir de las 20 en adelante. Tipo 00 o 01am el parque empieza a vaciarse aunque siempre queda alguna loca insaciable o algún viejo incogible dando vueltas (y por lo general terminan cogiendo esa madrugada).

Por supuesto que el clima, la policía y los eventos políticos y religiosos también condicionan la cantidad de concurrencia del parque, pero hasta el 24 de diciembre a la hora del brindis y por más que estén cayendo rayos y granizo podés encontrar un par de locas peteándose en la boca del desagüe.

La famosa cueva del oso, aunque más que osos se llena de mariposos

Y hablando de días, horarios y épocas más concurridas, lo tercero que más me divierte del parque es que hay una serie de mitos y leyendas sobre cuándo, porqué y cómo es mejor ir que dependen -como todo mito- de quién sea la loca que te los cuente.

Según una gorda chupapenes con voz de Mirtha Legrand y -según ella- tapada, la mejor hora para ir es de 1am a 4am por que a ésa hora van los "heteros". Antes y después "se llena de locas".
Según una larguirucha flaca de lentes y -según ella- activa, la mejor hora es sábados y domingos entre las 4am y las 8am porque a ésa hora van los "heteros" que salen de bailar en pedo. Antes y después "se llena de locas".
Según una little monster veinteañera de algún barrio del suroeste cordobés y -según ella y el mundo- pasiva, la mejor hora para ir es de 21 a 24, porque después dejan de pasar los bondis. Antes y después "se llena de locas".

En fin, se podrían armar enciclopedias sólo con las distintas recomendaciones que te dan las  distintas parqueras con el fin de evitar el horario más concurrido por las locas. Claro que el único dato confiable que podés obtener de sus vergonzosos, ilógicos y contradictorios discursos homofóbicos es el de a qué hora suelen ir ellas para así evitar ir cuando va la que te cae pesada.
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Y éso me lleva a lo cuarto que me gustaría comentar del parque: su concurrencia. Si bien el tener a la terminal de Omnibus, a Nueva Córdoba y a Ciudad Universitaria rodeándolo hacen que el parque esté siempre concurrido por alguna cara nueva, hay una troupe de locas que parecen vivir allí porque siempre que vas, están. Y como suele ocurrir con todo lugar frecuentado por locas, hay en el parque una guerra fría constante e infinita entre pasivas que a veces llega a la violencia física pero que suele basarse sobre todo en la difusión de chismes -verdaderos o falsos- sobre la competencia.

Pero quiero ser justo con las pasivas del parque: si no te metés con ellas, no te hacen nada, como buenas víboras que son. Eso sí, ojo con pisarles la cola o comerte el sapo que tienen pensado comerse ellas por que ahí sí que te declaran la guerra y su red de alianzas se extiende hasta el Beep, Europa, La Barra Boliche y otros pubs y boliches de la Córdoba "underground". Claro que allí también tienen sus enemigos/as/es/xs, pero si pensás frecuentar esos lugares hay que tenerlo en cuenta.

Algunos personajes parqueros parece que llevan shirando allí desde el principio de los tiempos. Charlar un rato con ellos es impagable; tienen millones de anécdotas que nadie -excepto sho- se ha molestado nunca en recopilar. También los mismos personajes parqueros presentan diversas y jocosas características dignas de un marco teórico o, al menos, un post en este blog, así que dejaré ambos temas para profundizarlos en algún futuro post por que este ya es demasiado largo.

Seguro que me dejé varias cosas por decir y varios cogederos sobre los que comentar, pero taaaaaan puta shiradora y promiscua no soy. Igual, todavía hay tiempo de coger más y recabar más info (sólo para tener algo sobre lo que escribir, obvio).


domingo, 23 de diciembre de 2018

Algo Para Decir


Allá por el 2006, cuando era furor el Fotolog y los hoy casi olvidados Floggers conquistaron el mundo para crear ese reinado que imaginaban eterno, surgieron las siempre malcogidas voces  de malcogidas personas preocupadas por la auto exposición en Internet para criticar a todo aquel que subiera por su propia voluntad una foto de sí mismo o, incluso, que contara algo de su vida u opinara sobre un tema cualquiera. Hoy en día, esos/as mismos/as malcogidos/as que antes se preocupaban, tienen su Face y/o su Insta donde hacen lo mismo o cosas peores.

La victoria de la Internet sobre nuestra intimidad es prácticamente absoluta e incuestionable y se produjo en unos pocos años.  Tan absoluta es que  de golpe ves a tu propia santa madre, a tus reverendas tías y a tu solemne abuela armándose un face donde suben unas estéticamente cuestionables fotos de sí mismas en cumpleaños familiares o donde comentan unas éticamente cuestionables barbaridades cavernícolas terriblemente avergonzantes para sus progres hijos (bueno, má, si alguna vez te dió vergüenza tener un hijo puto, con tus comentarios de opinión en La Voz y Cadena 3 estamos más que a mano).


Más absoluta parece esa victoria cuando ves que hasta ese amigo hetero ermitaño y antiprogeso -que aguantó unos cuantos años haciéndose el superado y rebajándote por usar las redes sociales- ahora tiene un perfil en Face porque "lo necesita para trabajar" pero no por ello se priva de poner fotos de carne a la parrilla, del cuadro de su equipo o de algún sobrino o perro o gato o ser inocente que no le inspire ningún desprecio misántropo. Y, por supuesto, que no genere dudas sobre su sexualidad, aunque también aparezca por ahí alguna selfie en la que por alguna razón él se ve lindo y que genera dudas sobre la capacidad visual de su nervio óptico.


Claro que existen grados de auto exposición. Sé que nunca voy a ver en Face una foto de mi madre probándose una tanga frente al espejo o de mi amigo hetero frunciendo los labios en una sexy selfie...bah, quiero creer que nunca lo voy a ver, pero hasta hace unos años parecía imposible lo que está pasando ahora. Y si hoy tenés a vanguardistas descerebrados como la Faraona mostrando tranquila y divertidamente los forros usados manchados con caca que le dejan tirados en su baño en sus historias de Insta, puede que en unos años más los rezagados de hoy estén haciendo éso con tanta naturalidad como la de quien publica la foto de su gato durmiendo tiernamente sobre la ropa sucia.

Pero bueno, el tema es que el mundo actual realmente te obliga a que tengas alguna red social. Sea por cuestiones prácticas o narcisistas, tenés que tener en el mundo virtual alguna especie de puerto  desde donde puedas mandar y recibir dinero, información, ofertas de trabajo/estudio/amistad/sexo o, aunque sea, un me gusta o un me enoja.  Quien no tiene ese puerto, se queda viviendo en la época anterior, como le pasó a las 13 provincias urquicistas en la época en que Buenos Aires se cortó sola.



Existen, claro, los espacios virtuales anónimos.

Están todos esos Faces que ves pidiendo que maten a todos los putos en los comentarios de Infobae y cuando los abrís tienen 2 o 3 fotos truchas y 9 o 10 publicaciones sin comentarios y sin un puto me gusta (claro, también tenés otros que piden matar a los putos desde faces verdaderos, pero ese es otro tema).

Están los famosos trolls de Marquitos Peña (y si sus opositores tuvieran más poder estarían sus propios trolls también) puteando y tachando de k a cualquiera q diga una palabra contra Macri , Vidal y cia, aunque sea de refilón.


Están todos esos grindrs y manhunts sin foto o con foto trucha pidiendo sexo ya y retando a la comunidad gay en general por ser vuelteros e histéricos.

Y está este blog, claro, donde jamás el autor se expuso para poder decir todo lo que quiere decir sin tener que dar explicaciones a nadie.

Pero claro, yo no uso el blog para buscar sexo ni para pedir muertes ni para fines políticos ni para ganar plata ni para nada que no sea expresarme por pura diversión, como Micky Vainilla. Lo cual no quita que, como todo espacio virtual, pueda servir para éso y mucho más.

En las épocas en que escribía más activamente, chateaba con muchos de los que leían y comentaban, algunos de los cuales también eran bloggers y hasta llegué a conocer en persona a varios y formar una verdadera amistad con uno.

Incluso alguna vez recibí maravillado un par de propuestas sexuales sólo por que les había gustado mi blog pero, lamentablemente, no se coge con las palabras sino con el cuerpo. Y si bien comprendo, por que a mí también me ha pasado, que los autores que escriben algo que te gusta te generan cierta intriga sobre ellos mismos, para llegar a la cama hace falta algo más que la intriga. Es decir ¿cogerías con Cortázar por que te gustó Rayuela? Yo, no.

Bue, tan feo no era la Julio de joven

A mí también me genera intriga entrar a los stats y ver que tengo no se cuántas páginas vistas, encima con visitas de los países menos pensados, como Rusia o Indonesia. Tengo por ejemplo casi 16 mil visitas de Francia (?) pero no por ello me dan ganas de coger con los que me visitan desde allí, aunque ame el francés.

Como sea, por más que se pueda generar contacto a través de este blog, la razón por la que lo empecé no fué ésa. Y tampoco es la razón por la que lo sigo. Aunque recibir visitas sea motivador, creo que cuando uno escribe tiene que hacerlo por el placer mismo de escribir y no tanto por agradar a alguien o buscar la aprobación de determinado grupo. Es por ello que de golpe pasa más de un año y no escribí nada y de golpe vuelvo a escribir. Por que a la larga todos los escritores (al menos los que amamos la escritura) nos damos cuenta que lo que realmente importa no es tener alguien que te lea si no tener algo para decir.

En el mundo actual, tal como están pensadas las redes sociales, las cosas son precisamente al revés. Todo está pensado para que lo que importe sea tener muchos seguidores sin importar si tenés algo para decir o no. Podés ser una inerte barra de carbón, pero si tenés muchos seguidores podés sentirte orgulloso y realizado -aunque seas inerte- ya que llegaste a donde la mayoría quiere llegar y varias marcas, lugares, eventos y personas te ofrecerán plata u otros favores a cambio de que les dejes promocionarse en tus espacios virtuales donde, en teoría, llegarán a más gente.

Si tu objetivo es hacer plata o fama, claro, tenés que pensar la manera de tener más seguidores. Pero si tu objetivo es simplemente expresar lo que tenés para decir, los seguidores se convierten en algo secundario. La fama puede ayudarte para que tu mensaje llegue a muchísima más gente pero, al mismo tiempo, puede ayudar a que te olvides que tu único fin era expresarte y quizás empezás a decir y hacer cosas sólo para complacer (o irritar, por qué no) a tus seguidores en vez de decir y hacer cosas sólo para complacerte (o irritarte, por qué no) a vos mismo.

Creo que no existen famosos que, después de conseguir el difícil y admirado éxito, quemaron las naves y siguieron haciendo lo que se les cantó. Sacando el extraño y aún para algunos incomprensible caso de Juana Molina, la mayoría de los que consiguen el éxito se aferran a él y pasan el resto de su vida intentando que no decaiga, olvidándose de por qué empezaron a hacer lo que hicieron.




Por supuesto, a mí (y seguramente a cualquier blogger también) me encantaría que me paguen por escribir y agradarle (o irritar) a todo el mundo. Pero si se diera esa improbable -por no decir imposible- circunstancia, mi libertad para decir lo que tengo para decir seguramente se vería afectada porque pensaría mucho más en quién me lee y tendría que preocuparme por publicar con más regularidad.

Por suerte para mi libertad y mi vagancia, hoy en día los que reinan son los youtubers e instagramers. Difícil que un blogger hoy logre tener mucho éxito (aunque con ésto de que Tumblr prohibió el porno los blogs para adultos pueden aprovechar para tener algún repunte) y habrá que ver cómo evolucionan los hábitos de lectura (y escritura) mundiales para ver si, al menos, queda espacio para los blogs en el futuro. Y, sobre todo, para los blogs anónimos como éste, ya que hoy en día el que escribe y no muestra aunque sea una foto carnet queda marginado e ignorado como loca sin foto en Grindr.

Personalmente, prefiero mantenerme anónimo -al menos en el mundo virtual- para tener la libertad y la soltura de contar experiencias reales o inventadas y de dar mis opiniones sin estar preocupándome mucho por las consecuencias que pueda tener.


Mi blog cumplió 10 años en mayo de 2018 y como veo que tengo un montón de borradores para publicar y como últimamente he estado cogiendo a diestra y siniestra y, sobre todo, por que hace poquito se estrenó la nueva serie de She Ra y pronto sale el nuevo álbum de Madonna, creo que tengo bastantes cosas para decir todavía así que creo (y este es un GRAN creo) que me voy a largar a escribir más (espero que a mis anónimos lectores actuales les guste saberlo).