jueves, 4 de mayo de 2017

La Monogamia es Contagiosa




Cuando sos el único soltero entre tus amigos enfrentás ciertos problemas que son fáciles de prever. Por ejemplo, los viernes y sábados a la tarde/noche, abrís tu whatsapp y, entre las fotos de culos y pijas que te mandan los contactos que te levantaste esa semana (y los contactos de toda la vida que aún no borraste y todavía no han encontrado alguien que se los coja mejor) se cuelan unos simpáticos mensajes que te invocan unas tétricas y correspondientes imágenes:


*"¿Querés venirte esta noche? 
El Fran va a hacerse una carne al horno. 
Traéte un par de birras o un vinito"















*"Me peleé con el Gon de nuevo.
 Necesito salir! Vamos a tomar algo a la Cañada y te cuento? 
Un ratito nomás, mañana madrugo"













*"Nos falta uno pa´l poker, veníte. 
Traé un fernet entero, que al Burro lo dejó salir la esposa"



*"Rubio, mañana al mediodia asado en la casa del Coco en Tanti. 
Traé la malla y alcohol. MUCHO. 
Van todos con sus crías y yo lo llevo al Facu pero igual quiero chuparme"








Y claro, uno estando soltero preferiría que los amigos manden unos mensajitos un poco más power con la posibilidad de ilustrarlos un poco mejor:



*"¿Querés venir a comer carne al horno hecha por Fran? 
Después lo dejo viendo Netflix y nos vamos de joda solos 
a donde nos lleve el viento. 
¡Hasta te acompaño a algún lugar gay bien bizarro!"











*"Me peleé con el Gon de nuevo. Necesito salir! 
Vámonos a tomar algo al Beep y te cuento. 
De ahí nos piramos a Zen y me levanto 5 pijas 
que me hagan un gangbang, 
me transmitís en vivo en el face y nos pasamos 
la mañana usando la tarjeta del Gon en Falabella"

















*"Nos falta uno pa'l poker, veníte. 
Después nos chupás la pija a todos 
y el Burro te hace la cola"















*"Rubio, mañana al mediodía nos piramos

 a la casa de un levante de chat que tengo 
en Rio De Janeiro. 
Traé la sunga de leopardo y dólares. MUCHOS. 
El facu se queda con mi vieja...quizás para siempre"








Pero bueno, uno vive la triste realidad de sus 36 años de soltería, que encima le tocan en la Argentina macrista y se tiene que ajustar a lo que hay. No queda otra.
El tema es que ser el único soltero en un grupo de casados/emparejados/con o sin hijos (con es mucho peor, por supuesto) no sólo implica problemas si no también PELIGROS.
Y no me refiero a que sin querer aprietes mal y mandes una foto de tu culo abierto a tu papá en vez de al activo que te está invitando a su casa esa noche o que le mandes un "Te chupo la cola hasta donde me llegue la lengua" a tu cuñada en vez de mandársela al pasivito lampiño que conociste en natación.
Me refiero al peligro de que te contagien esa horrible enfermedad que contrajeron en algún momento de su veintena llamada MONOGAMIA.



Sí, me refiero a ese horrendo mal que afecta a la humanidad occidental desde la antigüedad clásica, que se vio reforzado en el medievo por la moral judeocristiana, que se solidificó como nunca en la modernidad con la aparición de la propiedad privada capitalista y que resiste tenaz y fuertemente los tristes y esporádicos embates de los diversos y vacíos neo-ismos en la posmodernidad.



La monogamia, ese terrible mandato social que obliga a hombres, mujeres y hermafroditas de todos los géneros, orientaciones e identidades a decir públicamente y con orgullo que se acuestan siempre con la misma persona y que son felices así a pesar de que la amargura y la frustración les chorrea desde sus calvicies y  arrugas hasta sus prominentes panzas tapadoras de genitales que sólo se usan de vez en cuando y con prostitutas/os.


La monogamia, esa condenable patología compulsiva que incluso ha permeado al arte y a la literatura obligando a escritores, guionistas, libretistas, directores, pintores y estafadores de toda cepa a crear mundos fantasiosos donde la gente enferma de monogamia termina viviendo feliz para siempre, con la terrible consecuencia de que miles y millones de pelotudos/as creen que esas absolutamente inverosímiles fantasías pueden llegar a realizarse en sus propias, carnales y básicas vidas.


La monogamia, esa...no, mejor paro porque si no este sería el post de nunca acabar.

La cuestión que realmente quiero abordar es que, entre las millones y millones de horribles cualidades que le puedo encontrar a la monogamia, hay una que supera a todas: su contagiabilidad.
Porque nadie está a salvo de contraerla. Nadie.
Ni yo mismo, lo confieso.
Una vez, me contagiaron monogamia.
Yo siempre pensé que estaba bastante a salvo por ser un gay en una sociedad de heteros que, aunque ahora permita el matrimonio homosexual, sigue siendo lo bastante homofóbica como para que muchos gays NO tengan como único y mayor horizonte en sus vidas formar una pareja.
Siempre pensé que ver la disfuncional, triste, frustrante e infeliz relación de mis padres, mis hermanos/as, mis vecinos/as, mis amigos/as, mis conocidos/as, mis desconocidos/as y demás heteros/as con sus esposos/as había sido una buena campaña de prevención contra esa morbosa compulsión a compartir tu tiempo, tu espacio, tu hogar, tu auto y tu sueldo con UNA SOLA Y ÚNICA PERSONA PARA SIEMPRE Y POR EL RESTO DE TU VIDA (brr, sólo escribirlo me da escalofríos).


Y éso sin contar mis propios intentos de formar una pareja entre mis 20 y 30 años (por pura inercia social de hacer lo que hacen los demás y, también, por vivir una aventura diferente a coger siempre con tipos nuevos) los cuales creí que habían funcionado como una infalible vacuna para sentirme inmune ante ese alienígena deseo de tener a alguien con quien hacer cucharita.
Pero no, ni así estás a salvo de que, de repente, quieras tener a alguien especial en tu vida. Alguien a quien amar y que te ame. Alguien a quien contarle tus secretos y tus ideas más locas. Alguien con quien compartir salidas, libros, películas, comidas, viajes, experiencias, etc.
¿Porqué de repente un día me dieron ganas de tener a alguien así en mi vida?
Mejor dicho ¿porqué de repente sentí la necesidad de hacer éso con UNA SOLA persona?
Si lo pienso, todas esas cosas las hice siempre con muchas personas. Siempre tuve gente a la que amar y que me amó, con la que hablar y compartir cosas y vivir experiencias etc.
Claro que no es lo mismo hacerlo con tus amigos o amantes que hacerlo con una persona a la que considerás especial.
Pero nunca fuí una persona necesitada de afecto ni de contención, siempre tuve bastante de éso.
Tampoco soy de preocuparme por el futuro, de pensar que un día voy a estar solo y no voy a tener alguien que me levante cuando me resbale con el bastón o alguien que me busque la dentadura postiza cuando no me acuerde dónde la dejé.
Tampoco deseo tener hijos, ni formar una familia de ningún tipo ni juntar dos sueldos para comprar una casa mejor o cosas así.
Y siempre me chupó mucho un huevo y un ovario imaginario lo que pensaran o esperaran de mí mis padres, tíos, abuelos, hermanos, vecinos, amigos, compañeros de laburo, conocidos, etc.
Y, para finalizar, jamás entendí cómo hace la gente para ser fiel en un mundo con 7 billones de personas de los que casi 3 billones y medio son hombres y de esos 3 billones y medio habrá al menos un billón de gays/bi/heteroflexibles con, al menos, medio millón de gays cogibles...no te alcanza la vida para coger con todos ni aunque lo intentaras.


Así que, realmente, desde hace muchos años que no tengo ninguna razón para desear una pareja monogámica. Y así y todo, caí.
¿Porqué?
Supongo que por la misma razón por la cual alguna vez jugué al fútbol, fumé tabaco, tomé alcohol, miré Tinelli, fuí a Piaf e hice cualquier otra cosa que no me gustaba ni me llamaba y hasta quizás me repelía:simplemente  porque todos lo hacían.
Creo que la primera vez que sentí un leve aunque real deseo de estar en pareja con alguien fue una noche de viernes o sábado en la que me quedé a dormir en la casa de una amiga en las sierras.
Ella y su esposo son una de las pocas parejas con las que me da gusto estar ya que, a pesar de que discuten todo, jamás se pelean ni se levantan la voz (al menos delante mío) además de que siempre tienen asado, alcohol y pileta para ofrecerme.
La cuestión es que después de charlar, comer, reir y disfrutar nuestras compañías, se fueron a dormir a su pieza y yo me fui a la pieza de huéspedes. Y ahí se me ocurrió que si tuviera un novio la pasariamos incluso mejor, no sólo por que tendría con quién coger en esos lugares remotos donde no creo que funcione mucho el grinder sino por que incorporaríamos una persona más con sus historias, sus ideas, sus opiniones, sus anécdotas, etc.
Y, por supuesto, también me haría un poco más "humano" o "normal" delante de mis amigos que llevan más de 10 años de pareja.
Luego pensé que también sería útil para todas esas odiosas ocasiones familiares en que hay que "ir con alguien" como la cena de navidad o el cumple de un tío o un sobrino, donde está lleno de gente que no hace más que preguntarte "¿Y vos en qué andás? ¿Solo o en pareja?".
La verdad, nunca tuve problemas con el hecho de ser "solterón". Para mí, el gran momento con mi familia fue decirles que era gay y supuse que nunca más habría algún otro tema incómodo para hablar con ellos.  Pero ni siquiera siendo gay te salvás de que te ametrallen a preguntas sobre tu vida amorosa (¡Si supieran la verdad!!) y, aunque no me importe tanto lo que piensen, algo importa.
Y además, el hecho de haber visto las idas y venidas de mis amigas y amigos en su desesperada búsqueda de una pareja, me hizo reflexionar sobre lo que yo haría si hubiera estado en las situaciones que pasaron ellos y a elaborar todo tipo de teorías y estrategias sobre cómo conquistar a alguien.
Así que, finalmente, llevado por la mayoría, decidí formatear mi cerebro y convertirme en un buscador de novio.
Y así me fue.
Terminé con el corazón roto, llorando, decepcionado, frustrado, amargado y con la autoestima por el suelo.
¿Valió la pena?
La verdad todavía no lo sé.
Sí me sirvió para darme cuenta que no soy tan fuerte o insensible como creía y, sobre todo, para reafirmar mi convicción de que -incluso estando enamorado- detesto estar en pareja monogámica.
Pero también me hizo pensar en que, para poder enamorarte, tenes que volverte vulnerable.
Si el objetivo de tu vida es enamorarte, bueno, hay que correr el riesgo. Los amores cobardes, como dijo Silvio, no llegan a amores, ni a historias, ni a nada. Son pura mentira.
Pero si el objetivo de tu vida no es enamorarte, la verdad que no tiene sentido correr ese riesgo terrible.
Por lo pronto, sigo enamorado de mí mismo y más convencido que nunca de que, si no te metés con Cupido, Cupido te deja en paz.



2 comentarios:

  1. Nada que ver con este post, solo para decirte que me puso contento ver qué habías vuelto a escribir. En los años que viví en Córdoba me hacía bien leerte y ahora que no estoy más ahí me da una nostalgia de las lindas. Por eso gracias!

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  2. Gracias a vos, Leo. Es lindo saber que alguien se pone contento ;P.
    Te mando un abrazo y ojalá me sigas leyendo.

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